
Basta recordarlo para escucharlo: “¡La vidaaaaaaa y el cantoooooooo… por Rrrrrrrrivadaviaaaaaaaaaa!» Eso decía esa voz inconfundible, la voz de Antonio Carrizo durante los ‘70 y los ‘80, apenas una de las tantos recuerdos que surgen de una figura central cuando se repasa la historia de la radio y la televisión argentinas.
A cien años de su nacimiento, Antonio Carrizo permanece como una referencia de la radio argentina y como una figura ligada a General Villegas, la ciudad bonaerense donde nació el 15 de septiembre de 1926, pasó sus primeros años y encontró dos intereses que atravesaron toda su vida: la lectura y la palabra.
El locutor, periodista y conductor murió el 1 de enero de 2016, a los 89 años, en la Ciudad de Buenos Aires. Su carrera se extendió durante más de seis décadas e incluyó radio, televisión, entrevistas, actuación y conducción. En Villegas, el recuerdo toma una forma distinta de la que preservan los archivos audiovisuales: aparece el joven que frecuentaba la biblioteca, participaba en actos escolares y trabajaba en las propaladoras del pueblo.
Su nombre completo era Antonio Carrozzi Abascal. Con el tiempo, su voz quedó asociada a una forma de hacer radio que reunió información, música, humor, literatura y conversación. La vida y el canto, el ciclo que condujo en Radio Rivadavia, resumió esa identidad al aire.

“La radio es mi profesión. Se ha mezclado con algunas vocaciones personales mías que son los libros, las lecturas”, sostuvo Carrizo al recordar su recorrido. Para él, el trabajo en los medios no estaba separado de su interés por la cultura: “Fue una profesión para alimentar mi vocación y, con el tiempo, se convirtió en una forma vocacional también de vida”.
La relación de Carrizo con los libros comenzó antes de su llegada a Buenos Aires. En sus recuerdos, la figura de su madre ocupaba un lugar central. Ella impulsó su ingreso a una biblioteca cuando no pudo continuar los estudios secundarios.
“Fue ella quien me metió a trabajar en una biblioteca cuando ya no pude seguir la secundaria. Su locura era que yo me educara bien”, contó el conductor sobre esa etapa de su adolescencia.
Aquella experiencia formó parte de una educación fuera de las aulas. Carrizo lamentó no haber pasado por la universidad, aunque encontraba en la lectura y en su oficio una vía alternativa de aprendizaje. “A mí me hubiera gustado mucho ser universitario. Mucha gente da por sentado que yo pasé por la universidad. Y no, para nada”, afirmó.

El interés por los libros se combinó desde temprano con la declamación y el uso de la voz. En General Villegas también trabajó en las propaladoras, los vehículos con altoparlantes que recorrían las calles para transmitir avisos. Esa práctica fue una primera aproximación al oficio que más tarde desarrollaría en emisoras de alcance nacional.
Carrizo se consolidó como una de las figuras centrales de la radio argentina a partir de una conducción que evitaba los compartimentos estancos. En sus programas convivían la actualidad, la música popular, el deporte y los autores de la literatura argentina.
Su vínculo con Jorge Luis Borges fue uno de los capítulos más recordados de su trayectoria. Las entrevistas que mantuvo con el escritor fueron reunidas en un libro y mostraron una faceta que el propio Carrizo explicaba desde la curiosidad.
“Yo toda mi vida he sido muy curioso, muy preguntón. No tengo miedo de ser el plomito”, dijo sobre su forma de entrevistar. Entre las conversaciones que más valoraba mencionaba las realizadas a Borges, al boxeador Carlos Monzón, al escritor Manuel Gálvez y al músico Astor Piazzolla.
El conductor reconocía que su profesión le permitió acercarse a mundos que le interesaban desde joven. “Me hubiera gustado entrar al mundo de la filosofía, de la literatura. A ese mundo yo le entré por la ventana, por la claraboya, como un ladrón. Haciéndole reportajes a Borges”, expresó.
Esa amplitud también incluía al fútbol. Carrizo recordó que pudo entrevistar y compartir momentos con figuras como Diego Maradona y Antonio Grillo. Para él, la radio ofrecía una posibilidad de acceso a personas, historias y debates que excedían el estudio de transmisión.
Además de su recorrido radial, Carrizo participó de los primeros años de la televisión argentina. Estuvo presente en la inauguración de Canal 13, en 1960, y formó parte de programas como Sábados Continuados, Polémica en el Fútbol y El Contra, con Juan Carlos Calabró, y el imperdible ciclo de entrevistas Los Grandes (del que reproducimos un fragmento de su charla con el Polaco Goyeneche).
A lo largo de su carrera recibió varios premios Martín Fierro y el Konex de Platino. Sin embargo, en sus declaraciones evitaba presentar esos logros como una consagración personal.

“No me he hecho rico en mi carrera. Tampoco me interesó, pero he vivido de esto”, señaló. También relativizaba la imagen pública que había construido a través de los medios: “Mi profesión me sirvió para hacerle creer a la gente que era un muchacho culto, un locutor que citaba a Borges. Pero son trucos, simplemente trucos”.
A pesar de su carrera en Buenos Aires, Carrizo conservó la relación con General Villegas a través de visitas, encuentros familiares y amistades de larga data. La ciudad mantuvo un lugar persistente en sus referencias personales.

“Mi memoria es General Villegas”, fue una de las frases que quedaron asociadas a su vínculo con el lugar donde nació. En las evocaciones locales, su figura reúne al hombre que alcanzó reconocimiento nacional con el vecino que volvía a conversar con amigos y a recorrer escenarios conocidos.
El 1 de enero de este año, cuando se cumplieron diez años de su muerte, esa memoria volvió a expresarse en el espacio público. El Municipio de General Villegas dispuso mediante el Decreto N° 2264 que el edificio donde funciona la sede local de la Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires (Unnoba) lleve el nombre de Polo Tecnológico Antonio Carrizo.
La denominación enlazó su figura con la educación y el conocimiento, dos elementos presentes desde sus primeros años. La biblioteca, las lecturas, las propaladoras y el micrófono forman parte de una misma historia que General Villegas todavía recupera cada vez que nombra a Antonio Carrizo.

