
La dificultad para mantener hábitos alimentarios saludables no solo reside en la fuerza de voluntad. Según el antropólogo y profesor de Harvard, Daniel Lieberman, la raíz del problema está en la evolución misma del ser humano.
En una reciente entrevista difundida por el equipo editorial de ZOE, Lieberman explicó que la biología humana no está preparada para enfrentar la abundancia actual de alimentos, lo que complica el control del peso y la toma de decisiones saludables.
Esta perspectiva desafía la narrativa tradicional sobre la pérdida de peso. El profesor de biología evolutiva comparó la experiencia de entrar en un supermercado moderno, con sus miles de opciones, con la vida de los primeros humanos, quienes solo consumían lo que podían recolectar o cazar.

Lieberman advirtió en diálogo con Jonathan Wolf que “nunca evolucionamos para elegir nuestra comida”. Además, señaló que esta capacidad de elección es un fenómeno reciente, producto de la revolución industrial y el desarrollo del sistema capitalista.
El entorno alimentario moderno: una prueba para el cerebro humano
La disponibilidad masiva de alimentos ultraprocesados representa un desafío para los mecanismos evolutivos del ser humano. Lieberman detalló que un supermercado estadounidense promedio expone a los consumidores a aproximadamente un 70% de productos ultraprocesados.
“El problema es que no somos muy buenos tomando decisiones, y quienes ganan dinero vendiéndonos comida son muy conscientes de ello”, indicó el profesor. Los alimentos diseñados para ser atractivos y económicos dominan las estanterías, mientras que las opciones más saludables suelen ser menos accesibles y más costosas.

Las declaraciones de Lieberman, recogidas por el equipo de ZOE, describen un entorno en el que la publicidad, la información contradictoria y los intereses comerciales dificultan la identificación de alternativas saludables.
El experto remarcó que los seres humanos nunca evolucionaron para resistirse a la comida disponible, lo que genera un entorno en el que el acceso constante a alimentos calóricos y sabrosos desafía el autocontrol.
“Si me pones un trozo de pastel de chocolate y una manzana delante, por supuesto que voy a querer el pastel de chocolate. Y ahora tengo que usar la fuerza de voluntad para superar eso”, apuntó Lieberman.
El fracaso de las dietas modernas y el mito de la fuerza de voluntad
La dificultad para perder peso va más allá de la simple suma y resta de calorías. Lieberman afirmó que el mito más común sobre la pérdida de peso es pensar que “es fácil perder peso”. El profesor subrayó que las dietas suelen ofrecer soluciones simples que no reflejan la complejidad biológica de los procesos de hambre y saciedad.

“Nuestros cuerpos han evolucionado durante millones de generaciones desarrollando mecanismos para aumentar la ingesta calórica cuando tenemos hambre”, explicó. Por este motivo, la fuerza de voluntad raramente resulta suficiente para sostener una restricción calórica prolongada.
El hambre es un mecanismo biológico muy intenso que resulta difícil de controlar voluntariamente. Lieberman comparó la fuerza de este impulso con la adicción a una droga y recalcó que la biología supera la intención cuando se trata de resistir alimentos hipercalóricos.
Además, destacó que, aun cuando una persona logra perder peso, el cuerpo tiende a recuperar su nivel original de grasa corporal, lo que dificulta la permanencia de los resultados alcanzados con dietas restrictivas.

“Pedirle a la gente que simplemente ignore su hambre por fuerza de voluntad es un poco como decirle a alguien adicto a una droga que diga que no, ¿verdad? No funciona así”, puntualizó.
La evolución, la grasa corporal y los desafíos actuales
Lieberman explicó que los humanos, a diferencia de otros primates, evolucionaron para acumular grandes reservas de grasa corporal como una estrategia de supervivencia. El antropólogo señaló que “un macho cazador-recolector muy delgado podría tener entre un 10% y un 15% de grasa corporal, y una hembra cazadora-recolectora entre un 15% y un 25%”.
Esta diferencia responde a la necesidad de contar con reservas energéticas para sostener el funcionamiento de un cerebro grande y los altos costos reproductivos y físicos de la especie.

También explicó que la industrialización cambió profundamente la alimentación humana al introducir productos procesados como harinas refinadas y alimentos con mucho azúcar y grasas saturadas. Aunque esto amplió la oferta disponible, también redujo la calidad y diversidad nutricional de la dieta.
Elegir bien en medio de la abundancia
La educación nutricional se presenta como una herramienta necesaria para enfrentar el entorno actual. Lieberman sostuvo que las personas deben entender los fundamentos de la nutrición para tomar mejores decisiones en un contexto donde la información errónea abunda.
El antropólogo recomendó estrategias prácticas, como evitar comprar alimentos cuando se tiene hambre y limitar la presencia de productos ultraprocesados. “Ahora necesitamos un nuevo tipo de conocimiento. Desafortunadamente, nos guste o no, ahora necesitamos entender qué significa para nuestro cuerpo lo que vemos en los estantes del supermercado”, afirmó.
Recalcó que la comprensión de la historia evolutiva del ser humano ayuda a explicar por qué existen tantos obstáculos para mantener una alimentación saludable en la actualidad. Lieberman concluyó que no existe una dieta óptima universal y que la diversidad y el equilibrio siguen siendo claves para la salud, aunque la biología y el entorno hagan difícil alcanzarlos.

