6 señales que los expertos vinculan con una vida más larga y saludable

6 señales que los expertos vinculan con una vida más larga y saludable

La actividad física regular, como caminar, subir escaleras o entrenar fuerza, fue señalada por especialistas consultados por The New York Times (Imagen Ilustrativa Infobae)

Vivir muchos años dejó de pensarse solo como una cuestión de genética. En la discusión actual sobre longevidad y envejecimiento saludable, cada vez ganan más espacio los hábitos cotidianos que pueden sostener la salud física, mental y social a lo largo del tiempo. Entre ellos aparecen con frecuencia el sueño, la actividad física, la alimentación, los vínculos y el sentido de propósito.

Ese enfoque se apoya en una idea cada vez más presente en la literatura científica y en la cobertura internacional sobre bienestar: llegar a edades avanzadas en mejores condiciones depende, en parte, de patrones de vida sostenidos y no de una única conducta aislada.

Las relaciones sociales sólidas y la integración en redes de apoyo se vinculan con una menor mortalidad y mejores indicadores de salud (Imagen Ilustrativa Infobae)

Entre las señales que más se repiten, figuran dormir bien, mantenerse activo, preservar relaciones sociales, elegir alimentos poco procesados, conservar la capacidad de registrar aspectos positivos de la vida diaria y sostener una razón cotidiana para levantarse. La convergencia entre esas prácticas no funciona como una garantía individual, pero sí como una guía de factores que aparecen una y otra vez en investigaciones.

El sueño, una de las variables más observadas

El descanso ocupa un lugar central en la conversación sobre longevidad. Según publicó Nature, un análisis sobre casi 500.000 adultos identificó una franja de entre seis y ocho horas de sueño por día asociada con un menor riesgo de mortalidad temprana y enfermedad. La publicación precisó que el trabajo se basó en datos del UK Biobank, un estudio de largo plazo del Reino Unido que reúne cuestionarios de estilo de vida, imágenes cerebrales y muestras de sangre.

La nota de Nature aclaró que esos resultados no prueban que esa cantidad de horas sea óptima para todas las personas ni establecen una relación causal directa entre dormir dentro de ese rango y frenar el envejecimiento.

Aun así, el medio señaló que dormir más o menos que esa franja se asoció con signos de envejecimiento acelerado medidos con distintos relojes biológicos, herramientas que estiman el impacto del paso del tiempo sobre el organismo a partir de marcadores de salud.

La atención sobre el sueño también aparece en la cobertura de la BBC, que retomó una investigación de University College London y Paris Cité University. Según informó ese medio británico, las personas de 50 años que dormían cinco horas o menos tenían un 30% más de riesgo de desarrollar múltiples problemas crónicos que aquellas con un descanso de siete horas.

La misma cobertura indicó que el sueño corto a los 50 años también se vinculó con un mayor riesgo de muerte durante el período estudiado, en gran parte por la asociación con enfermedades crónicas.

Moverse y sostener vínculos también forman parte del patrón

El ejercicio regular se vincula con mejores perspectivas de salud a largo plazo durante el envejecimiento (Imagen Ilustrativa Infobae)

La actividad física aparece como otro componente habitual en la cobertura internacional sobre envejecimiento saludable. Según publicó The New York Times, varios expertos consultados coincidieron en que el ejercicio regular, el entrenamiento de fuerza, subir escaleras o incorporar movimiento a las tareas de todos los días se relacionan con un mejor pronóstico de salud a largo plazo.

Ese mismo medio destacó otro punto que suele quedar fuera de las conversaciones clásicas sobre bienestar: la importancia de los vínculos. El médico Ezekiel Emanuel, profesor de ética médica y política sanitaria en la University of Pennsylvania Perelman School of Medicine, afirmó en declaraciones recogidas por The New York Times que la interacción social puede ser la intervención de bienestar más importante.

Esa idea se ubicó en un contexto concreto de mediana edad, cuando cuesta encontrar tiempo para el cuidado personal y para sostener amistades o espacios compartidos.

En el plano europeo, una revisión sistemática publicada en Frontiers in Public Health relevó evidencia reciente sobre determinantes psicosociales y económicos del envejecimiento saludable en personas mayores de 65 años.

Ese trabajo encontró resultados consistentes sobre el papel protector de las redes sociales, la integración social y la menor soledad en la salud, el bienestar y el funcionamiento cognitivo. También señaló que la autonomía, la independencia y la participación en actividades sociales y físicas se vinculan con un envejecimiento positivo.

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