
Lionel Messi sabe cosas. Tiene que dar explicaciones. No puede quedar impune. O, al menos, que comparta su sabiduría. ¿39 años? ¡Vamos! Debe ser el único ser humano que conoce la ubicación exacta de la fuente de la eterna juventud. Su pasaporte puede decir que tiene 39 años, pero la realidad lo desmiente permanentemente. La alternativa es que le haya ganado al tiempo. O que el tiempo se haya dejado ganar, obnubilado con su talento.
La Pulga condujo a la selección argentina a su segunda final consecutiva de un Mundial. Lo hizo con mayor incidencia que el que ganó, el de Qatar 2022, en el que además conquistó el Balón de Oro. Aunque el impacto de su jerarquía no se pueda medir fielmente con estadísticas, los números comparativos resultan impresionantes.
En la Copa del Mundo de 2022, había marcado siete goles en siete partidos, a los que había sumado tres asistencias, 15 gambetas e incidencia directa en 21 ocasiones de riesgo creadas. Tenía 35 años.
En 2026, lleva ocho goles y cuatro asistencias en siete duelos. Le queda uno: la final frente a España. Creó 26 situaciones concretas para que el combinado nacional pudiera convertir. Y sumó 24 regates exitosos, en el umbral de la cuarta década de vida.
En la épica remontada contra Inglaterra, en la que rubricó los pases para que inflaran la red Enzo Fernández (cesión atrás) y Lautaro Martínez (centro quirúrgico a su frente), recorrió 8.4 kilómetros, es decir, la mayor distancia en el tiempo reglamentario de un encuentro de esta Copa del Mundo. “El rey indiscutible del fútbol caminando», lo definió The Telegraph en la previa del choque ante los Tres Leones. En Atlanta, parece, aceleró el paso…
Cuando le preguntaron si este fue su último Mundial en medio de la frustración por el pasaje a la final que se le escurrió entre los dedos, Harry Kane puso de ejemplo al atacante del Inter Miami. “Todavía es pronto… Lo voy tomando año a año y veo cómo me siento, porque me encanta jugar con Inglaterra. Pero, claro, cuatro años es mucho tiempo… Aunque, por otro lado, ves a alguien como Messi que sigue rindiendo al máximo nivel incluso a una edad avanzada… Sinceramente, no lo sé“.
HurryKane acierta y se equivoca en partes iguales. Porque él no es Messi. Nadie es Messi. Messi sabe cosas. ¡Vamos! Es imposible que con 22 años de fútbol profesional en sus botines y en sus músculos, con 20 años como máximo animador del deporte rey, siga compitiendo como lo hace, gambeteando como el niño con déficit de crecimiento que asombra desde los videos ya sin la mejor definición.
Además, hay que añadir que jugó al suspenso antes de definir si jugaría este Mundial. En realidad, nunca lo anunció. Se puso metas más cortas: primero la Copa América 2024, las Eliminatorias; el Mundial iba a llegar si el calendario no se devoraba la explosión, si las piernas seguían respondiendo a la mente, a la intuición.
Hasta el propio Lionel Scaloni confesó que lo llamó para saber si estaba disponible, con el afán de citarlo. “Estaba esperando que saliera la lista”, respondió, como si no fuera Messi, el capitán, el buque insignia.
Aunque en su mente este Mundial fue un bonus track, acompañado por una Selección que lo idolatra sin necesidad de tenerlo en el póster, Messi se preparó con la barriga vacía, como si las vitrinas no ostentaran 47 títulos, ocho Balones de Oro, un trofeo ecuménico, dos Copas América y una Finalissima. Insaciable, se propuso que, si el físico le permitía una sexta Copa del Mundo, no solo tenía que estar a la altura. Tenía que ser la mejor.
“He estado preparándome para este Mundial durante casi un año. Pasé diciembre en Argentina, entrenando mañana y tarde, porque sabía que iba a darlo todo para llegar en la mejor forma posible”, supo confesar en su paso ante los micrófonos tras el épico triunfo contra Inglaterra.
A mediados de mayo, Rodrigo de Paul, su escudero tanto en el Inter Miami como en la Selección, dejó otro de los tips de la puesta a punto. “Hablo mucho con Leo del Mundial, de la ilusión que tenemos. Capaz se motonea, pero desde hace dos o tres meses nos preparamos para eso con un plan de entrenamiento más allá de lo que hacemos en el club. Los dos nos matamos físicamente para llegar de la mejor manera, tenemos un doble turno que nos lo propusimos y tenemos nuestro profe, ahí le damos y venimos bien. Es un trabajo aparte del club pensando en el Mundial”, contó el Motorcito.
A ese paquete adicional se sumó su habitual respeto por el descanso, la dieta que lleva y su principal entrenamiento: jugar. La continuidad en el césped, el contacto con la pelota, son los factores que mejor hacen sentir al astro rosarino. “Tuve la suerte de nunca tener lesiones graves”, suele añadir, para bajarle el precio a su condición prodigiosa. Ni la fatiga muscular que sufrió en el último partido de la MLS lo frenó.

Porque, ¡vamos! ¿Cómo su metro 70 va a trabar con los 188 centímetros de Kane, como sucedió en Atlanta, y el que cae cómo un roble talado es el gigante del Bayern Múnich? ¿Cómo en el minuto 92 va a capturar la pelota en el carril derecho tras el tiro en el palo de Mac Allister, va a encarar como una liebre a los jóvenes Spence (25 años) y O’Reilly (21), y les va a sacar la suficiente ventaja para sacar ese centro portentoso para la cabeza de Lautaro Martínez?
Hace unos días, el nutricionista y entrenador Ismael Galancho realizó una publicación en su cuenta de Instagram (que fue celebrada por Antonela Roccuzzo), en la que destacó “cómo ha cambiado la velocidad de Leo desde el Mundial de Qatar 2022 al Mundial 2026″.
El especialista detalló cómo “de forma natural” el paso del tiempo hace disminuir la velocidad en los futbolistas. Messi, por caso, llegó a tener una aceleración pico que rondaba 32,5-33,5 kilómetros por hora (km/h) entre 2009 y 2015.
“Lo habitual es perder entre un 1%-2% de velocidad al año entre los 30-35 años y, a partir de los 35, entre 1,5%-3% anual”, explicó Galancho. Pues bien, el capitán de la selección argentina le colgó la pelota en un ángulo a la naturaleza. Es que, en Qatar, logró una velocidad máxima de 29,38 km/h. Tres años y medio después, esa cifra debió haber bajado. Al menos, en los estudios de cualquier mortal.
Sin embargo, Messi “ganó velocidad. Hasta lo que llevamos de Mundial, Leo ha registrado una velocidad máxima de 30,9 km/h, lo que supone un aumento de más de un 5% con respecto a 2022″.
Galancho, hombre de ciencia, buscó justificarlo desde argumentos lógicos: “Es lo que ocurre cuando se trabaja a conciencia la preparación física, nutrición, recuperación, hidratación y gestión de cargas. Más allá del talento natural e innato de Leo que es espectacular, su compromiso, constancia y disciplina lo han hecho posible”.
Pero, ¡vamos! Todos sabemos que hay algo más. Benjamin Button es ficción, la biología es impiadosa. Salvo para él, para Messi. Tal vez, al tiempo también le gusta el fútbol. Y, como todos, quiere que juegue para siempre.

