
En el podcast Rattled sobre ansiedad posparto, Becky Kennedy conversó con la psicóloga Nicole Pensak sobre una inquietud tras la llegada de un bebé: cuándo esa alarma inicial puede ser esperable y cuándo empieza a ordenar la vida alrededor del miedo. En la charla ambas explicaron tres ciclos que pueden intensificar esa experiencia y algunas formas de interrumpirlos.
Pensak explicó que la ansiedad posparto podría ser una respuesta esperable y útil al inicio, porque ayudaba a anticipar necesidades y riesgos del bebé, pero pasaba a ser un problema cuando entraba en sobremarcha y afectaba el sueño, el autocuidado, la presencia y el disfrute. También identificó tres patrones que la reforzaban: la búsqueda de tranquilidad, el razonamiento emocional y el ciclo de evitación.
Kennedy abrió el episodio con una referencia a los pensamientos intrusivos y dijo: “No hay nada malo en ti. La ansiedad es increíblemente común después de tener un bebé”. Después presentó a Pensak como psicóloga especializada en el período posparto, “especialmente” en la ansiedad.

Pensak situó esa reacción dentro de la transición a la maternidad o la paternidad. “Es la respuesta normativa a convertirse en madre o padre primerizo”, afirmó, antes de resumirla con otra palabra: “Adaptativa”.
Cuándo la ansiedad deja de ayudar
Ambas describieron esa ansiedad como una curva en la que un cierto nivel resultaba funcional. Según la psicóloga, el cerebro se preparaba para la crianza, se volvía más atento a las señales del bebé y escaneaba el entorno para detectar amenazas.
La entrevistadora puso ejemplos concretos de esa utilidad: preparar la bolsa antes de la primera cita con el pediatra o revisar si hacían falta pañales. Pensak respondió con un “Exactamente” cuando Kennedy planteó que, en ese punto, una persona hasta podía darle las gracias a su ansiedad por haberla ayudado.

El problema aparecía en el otro extremo de la curva. Pensak dijo que ahí entraban la hipervigilancia y la preocupación absorbente: “Revisas al bebé cada 10 minutos durante toda la noche, así que no estás durmiendo. No te estás cuidando”.
También advirtió sobre el costo emocional de ese exceso. “No puedes disfrutar la experiencia. No puedes experimentar la alegría de la maternidad”, señaló, y añadió que esa sobrecarga también afectaba la presencia con el bebé.
El ciclo de búsqueda de tranquilidad
El primer patrón que desarrollaron fue la búsqueda de tranquilidad. Kennedy lo llevó a una escena concreta: sentarse en el sofá, preguntarse si el bebé estaba respirando, ir a comprobarlo, sentir alivio y repetir la secuencia varias veces en segundos.

Pensak distinguió entre una primera comprobación que podía tener sentido y una repetición que empezaba a reforzar el circuito. “Es muy eficaz. La ansiedad desaparece. Es como una cura en ese momento”, dijo sobre el alivio inmediato que seguía a revisar.
La psicóloga planteó que ese alivio no desarmaba el ciclo, sino que le enseñaba algo al cerebro. “Aprendes que la forma más eficaz de reducir esta ansiedad es comprobar”, explicó en el podcast, y advirtió que esa asociación podía mantener la mente en alerta continua, sin descanso ni recuperación.
Su propuesta fue abrir espacio entre el impulso y la acción. “Lo importante con la ansiedad y el tratamiento es surfear el impulso, resistir la comprobación”, afirmó, porque así la persona podía comprobar que nada malo ocurría y que la ansiedad también bajaba por sí sola.

Kennedy recogió esa idea en una versión mínima y concreta para madres y padres agotados. Esperar 10 segundos antes de volver a comprobar, dijo, ya podía ser un comienzo, y Pensak añadió otra pregunta útil para ese momento: “¿Es una emergencia”.
Razonamiento emocional y evitación
El segundo ciclo fue el razonamiento emocional. Kennedy usó el caso de un bebé que todavía no se daba vuelta, pese a que el pediatra ya había dicho que estaba dentro de lo normal, y Pensak respondió: “Sientes algo de determinada manera, así que debe ser verdad”.
La psicóloga dijo que ese filtro se alimentaba de comparaciones y mensajes sociales sobre la maternidad. “Nuestra sociedad nos da este mensaje de que deberíamos saber automáticamente cómo cuidar a nuestro bebé”, afirmó, y vinculó esa presión con culpa, vergüenza y decepción.

Para salir de ahí, Pensak propuso bajar la activación corporal y ganar distancia frente al pensamiento. “Toma una respiración profunda e intenta llegar a un lugar más objetivo”, dijo, sin exigir que desapareciera la emoción: “Estás autorizada a sentirte decepcionada”.
El tercer patrón fue el ciclo de evitación. Si una madre temía que el bebé llorara en el supermercado y dejaba de ir, o si evitaba cargarlo por las escaleras, la ansiedad bajaba en ese instante, pero el temor volvía con más fuerza la próxima vez y podía extenderse a otros ámbitos.
Pensak lo resumió así: “Tu bebé definitivamente va a llorar en el supermercado y vas a sobrevivir”. Su recomendación fue empezar con metas pequeñas y manejables, como entrar diez minutos y comprar un solo artículo, para ensayar una exposición gradual sin convertir la salida en una prueba imposible.

