
La incidencia de cáncer colorrectal en adultos menores de 50 años no deja de aumentar y ya representa la principal causa de muerte por cáncer en este grupo etario en varios países.
Según investigaciones de la Universidad de Stanford, el fenómeno preocupa a la comunidad médica internacional y desafía los supuestos clásicos sobre quiénes deben realizarse pruebas de detección y a qué edad.
El cáncer de colon es el tercer tipo más frecuente y el segundo más letal en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Cada año se registran más de 20 millones de nuevos casos y 10 millones de muertes por cáncer de todas las formas, con una tendencia en alza.
Un cambio en el perfil de los pacientes: más diagnósticos en adultos jóvenes

Históricamente, el cáncer colorrectal se asociaba a personas mayores de 50 años, pero los datos actuales muestran un giro. El 45% de los nuevos diagnósticos ocurre en personas menores de 65 años, cuando en 1995 ese porcentaje era del 27%.
El fenómeno es tan marcado que en 2021 el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos redujo la edad recomendada para iniciar los controles de 50 a 45 años, según detalló Stanford Medicine. No obstante, los especialistas advierten que los casos en menores de 45 años ya aumentaban antes de ese cambio en las recomendaciones.
La doctora Shruti Patel, oncóloga de Stanford, sostiene que el fenómeno “no responde solo a mejores tecnologías de detección”, sino que el aumento es real y afecta a personas que en muchos casos no presentan los factores de riesgo clásicos.
¿Por qué crecen los casos en menores de 50 años?

No existe una respuesta única. Tanto los expertos de la Universidad de Stanford como el médico gastroenterólogo Luis Caro, presidente de la Fundación Gedyt coinciden en la ausencia de un “villano” claro.
“Los genes no evolucionan tan rápido como para explicar semejante cambio en pocas décadas. Algo en nuestro entorno, hábitos o alimentación cambió a mediados del siglo XX”, explicó Patel. El aumento de la obesidad y el consumo de alimentos ultraprocesados figura entre los sospechosos, pero tampoco permite explicar el alza total.
Un estudio publicado en The Lancet Oncology analizó datos entre 1943 y 2017 y detectó un crecimiento sostenido de los diagnósticos en adultos de 25 a 49 años, con tasas considerables en países como Nueva Zelanda, Chile, Puerto Rico y Australia.
Caro, quien además es director de la carrera de Endoscopía Digestiva de la Universidad de Buenos Aires (UBA), señaló en una nota a Infobae que la dieta occidental y la vida sedentaria inciden en el aumento, aunque subrayó que la mayoría de los tumores colorrectales “se desarrollan a partir de pólipos benignos que pueden tardar una década en transformarse en cáncer”.
Cuáles son los síntomas del cáncer de colon

El cáncer colorrectal puede cursar sin síntomas en sus etapas iniciales. Cuando aparecen, suelen incluir sangrado rectal, cambios en los hábitos intestinales, dolor abdominal, pérdida de peso inexplicable y fatiga. “En los jóvenes, el sangrado suele atribuirse a hemorroides y se demora el diagnóstico”, advirtió la doctora Arden Morris, de Stanford Medicine. Un estudio de la misma institución muestra que los pacientes jóvenes tardan un 40% más en ser diagnosticados y casi tres de cada cuatro menores de 50 llegan con la enfermedad avanzada.
“Si hay pérdida de peso, fatiga, anemia o cambios persistentes en las deposiciones, hay que consultar y preguntar directamente si podría tratarse de un cáncer colorrectal”, recomendó el doctor Curtis Chong, colega de Patel en Stanford Medicine.
Cuáles son los factores de riesgo y cómo prevenir

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Sociedad Americana del Cáncer identifican factores de riesgo modificables como la dieta rica en carnes procesadas y rojas, bajo consumo de fibra, obesidad, vida sedentaria, consumo de tabaco y alcohol. Los factores no modificables incluyen la edad, los antecedentes familiares y ciertos síndromes genéticos (como el de Lynch).
Un área de investigación emergente apunta a la influencia de los microplásticos, el uso de antibióticos en la infancia y la exposición a pesticidas, aunque aún no hay conclusiones definitivas. El microbioma intestinal, es decir, la comunidad bacteriana que habita el colon, también podría jugar un rol.

Controles y detección precoz: ¿cuándo y cómo?
Las guías internacionales aconsejan iniciar los controles preventivos a partir de los 45 años en personas con riesgo promedio, y antes si existen antecedentes familiares directos.
En Argentina, según la campaña nacional Hablemos del Cáncer de Colon, los chequeos deben comenzar a los 50 años si no hay factores de riesgo, pero desde los 45 si los hay.
El método más conocido es la colonoscopía, que permite visualizar el colon y eliminar pólipos durante el mismo procedimiento. Sin embargo, como explicó Caro a Infobae, no resulta viable como estrategia masiva en países con recursos limitados.
Por ello, el test inmunoquímico fecal cuantitativo (QFIT o FIT), que detecta sangre oculta en materia fecal, gana protagonismo. Es sencillo, domiciliario y permite seleccionar a quienes realmente requieren una colonoscopía.
Recientemente se sumó la prueba Shield, un test de sangre para detectar ADN tumoral circulante, lo que amplía las opciones diagnósticas.
Tratamientos y avances en terapias

El tratamiento varía según el estadio y la localización del tumor. La cirugía continúa como principal opción en casos localizados, empleando técnicas mínimamente invasivas para favorecer una recuperación más rápida. Para estadios avanzados se suma la quimioterapia y la radioterapia. En pacientes jóvenes, los médicos tienden a emplear esquemas más intensos, pero la doctora Patel advirtió que “un tratamiento más agresivo no garantiza mejores resultados y puede limitar opciones futuras”.
La inmunoterapia representa una línea de investigación prometedora. En palabras de Morris, “en un pequeño estudio, el cáncer desapareció por completo en todos los pacientes tratados con inmunoterapia”. Los especialistas esperan que en los próximos años se sumen nuevas drogas, como los inhibidores de RAS, y que los jóvenes accedan más a ensayos clínicos.
Impacto social y desafíos en adultos jóvenes

Un estudio de Morris indica que solo el 55% de los pacientes jóvenes conserva su trabajo durante el tratamiento. “Algunos han tenido que volver a vivir con sus padres o han perdido sus casas”, describió Patel.
La preservación de la fertilidad se vuelve prioritaria. La quimioterapia puede afectar la función ovárica o testicular, y la radioterapia incrementa el riesgo de infertilidad. La recomendación de los especialistas es abordar este tema antes de iniciar el tratamiento, ofreciendo opciones como la criopreservación de óvulos o esperma.
El impacto a largo plazo incluye posibles disfunciones intestinales o sexuales, complicaciones del suelo pélvico y la necesidad de ostomías. Además, uno de cada seis sobrevivientes desarrolla un segundo cáncer primario no relacionado, lo que obliga a controles periódicos a largo plazo.
Desigualdades y retos globales
El informe de la OMS y el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC), subraya que la supervivencia al cáncer depende mucho del país y de la situación económica.
Mientras en los países de ingresos altos más del 85% de las mujeres con cáncer de mama sobrevive al menos cinco años tras el diagnóstico, esa proporción baja a menos del 30% en los países de ingresos bajos. El acceso a medicamentos oncológicos prioritarios es muy desigual: en los países ricos oscila entre el 68% y el 94%, pero en los de ingresos bajos y medios cae al 9-54%.
Claves para reducir el riesgo

La prevención primaria se apoya en una alimentación equilibrada, actividad física regular y la reducción del consumo de tabaco y alcohol. No obstante, como remarca Caro, “los hábitos saludables disminuyen el riesgo, pero no reemplazan la necesidad de realizar los controles médicos”.
Los especialistas insisten en que la información, el acceso a pruebas y la consulta médica temprana resultan fundamentales para revertir el aumento del cáncer colorrectal en adultos jóvenes. La OMS aboga por priorizar la prevención en la agenda pública y garantizar el acceso igualitario a diagnóstico y tratamiento.

