
El precio del petróleo subió más de un 2% impulsado por el aumento de las tensiones en Medio Oriente y por las señales de que las negociaciones entre Estados Unidos e Irán para alcanzar un acuerdo podrían extenderse más de lo previsto. A ello se sumó una nueva escalada militar entre Israel y el grupo terrorista Hezbollah, lo que reforzó la tendencia alcista del crudo en las primeras operaciones.
El barril de West Texas Intermediate (WTI), referencia para el mercado estadounidense, avanzó cerca de un 2,5% hasta situarse en torno a los 89,60 dólares. En paralelo, el Brent del mar del Norte, utilizado como referencia internacional, superó los 93 dólares por barril, con una ganancia superior al 2% respecto al cierre de la semana anterior.
El movimiento representó un cambio de tendencia respecto de los últimos días. Durante la semana pasada, los precios habían registrado una caída acumulada superior al 11% impulsada por las expectativas de un entendimiento entre Washington y Teherán que facilitara la reapertura del estrecho de Ormuz, uno de los corredores marítimos más importantes para el comercio mundial de petróleo y gas.
Sin embargo, el escenario cambió durante este fin de semana. Informaciones conocidas en Estados Unidos señalaron que la administración de Donald Trump presentó a Irán una nueva propuesta de acuerdo con condiciones más exigentes que las discutidas previamente. La noticia redujo el optimismo de los inversores sobre una solución cercana al conflicto y volvió a instalar temores sobre posibles interrupciones prolongadas en el suministro energético.

A ello se sumó el deterioro de la situación en la frontera entre Israel y el Líbano. El ejército israelí ordenó ampliar sus operaciones terrestres en territorio libanés pese a la tregua anunciada semanas atrás. La decisión alimentó la percepción de que la inestabilidad regional podría extenderse y afectar aún más las perspectivas de seguridad para las rutas energéticas de Medio Oriente.
La posibilidad de una reapertura parcial o total del Estrecho de Ormuz había contribuido a la caída reciente de los precios. Sin embargo, nuevos reportes sobre actividades militares iraníes en las aguas cercanas volvieron a alterar las expectativas. Según distintas versiones, Teherán habría incrementado la colocación de minas marítimas en la zona, un factor que podría retrasar cualquier intento de normalización del tráfico comercial incluso si se alcanzara un acuerdo político.
El analista de mercados Tony Sycamore señaló que las preocupaciones sobre la seguridad en Ormuz continúan siendo determinantes para la evolución de los precios.
“Incluso si se alcanza un acuerdo, no traerá una avalancha de suministro”, afirmó. Según explicó, cualquier reapertura requerirá operaciones de seguridad y limpieza que podrían prolongarse durante semanas.
Las tensiones geopolíticas lograron eclipsar incluso los datos económicos procedentes de China. Durante el fin de semana se conocieron indicadores que mostraron un estancamiento de la actividad manufacturera en la segunda economía mundial, una señal que normalmente habría ejercido presión bajista sobre los precios del petróleo debido a las perspectivas de menor demanda.

Los inversores, sin embargo, concentraron su atención en los riesgos de oferta. La preocupación por posibles interrupciones en el flujo de crudo desde Medio Oriente terminó pesando más que las señales de desaceleración económica global.
Mientras continúan las negociaciones diplomáticas, el mercado energético permanece pendiente de cualquier avance entre Estados Unidos e Irán. También sigue de cerca la evolución de los combates en el sur del Líbano y la situación en el estrecho de Ormuz. En un contexto donde una parte significativa del suministro mundial depende de la estabilidad de la región, cualquier cambio político o militar tiene capacidad inmediata para alterar los precios internacionales del petróleo.
(Con información de AFP y Reuters)

