
Este sábado 9 de mayo, el mundo celebra el Día Mundial de las Aves Migratorias, una efeméride para reconocer los viajes extraordinarios que realizan millones de aves cada año. El fiofío silbón es uno de esos viajeros: un pájaro pequeño que cría sus pichones en los bosques patagónicos de Argentina y Chile, y viaja más de 6.000 kilómetros hacia el norte hasta llegar a Brasil.
Recientemente, un equipo de científicos de Argentina y Estados Unidos registró por primera vez hora a hora cómo hace ese viaje. Y lo que encontraron sorprende: este pájaro, del tamaño de un gorrión, vuela de noche entre seis y ocho horas sin parar, y un individuo llegó a estar 28 horas seguidas en el aire sin tocar el suelo.

El trabajo es el resultado de la colaboración entre investigadores del Centro de Investigación Esquel de Montaña y Estepa Patagónica (CIEMEP) del Conicet y la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, en la Argentina, junto con científicos de la Universidad de Indiana, en Estados Unidos.
El equipo estuvo integrado por Víctor Cueto, Cristian Gorosito, Geoffrey Brown y Alex Jahn, quienes publicaron su estudio en Journal of Ornithology, de la editorial Springer Nature.
Por qué el ave es un misterio

Las aves migratorias de América del Norte y Europa llevan décadas bajo la lupa de los científicos, pero las que viajan dentro de Sudamérica son mucho menos conocidas. El fiofío silbón (Elaenia chilensis) es una de ellas: pasa los meses del invierno austral en el norte de Brasil y cada año regresa a los bosques patagónicos donde cría a los pichones.
“Se alimenta con frutas e insectos y otros artrópodos tanto en la Patagonia como en Brasil. En la época de cría, alimenta a sus pichones principalmente con frutas del calafate, el arbusto patagónico de alto valor nutritivo”, contó el doctor Cueto al ser entrevistado por Infobae.
En Brasil, donde pasa cerca de seis meses al año, el ave se mueve entre distintas zonas, según la disponibilidad de alimento: primero por los bosques secos del noreste y luego por las sabanas y bosques del centro del país.

Su viaje de ida y vuelta supera los 6.000 kilómetros, lo que lo convierte en uno de los migrantes de larga distancia más notables entre los pájaros pequeños del continente. A pesar de eso, hasta este estudio nadie sabía con exactitud cómo distribuía su energía a lo largo del viaje.
Los investigadores se preguntaron: ¿cómo se mueve el fiofío silbón hora a hora durante su migración? El objetivo fue registrar su actividad con una precisión que antes no era posible con las tecnologías disponibles.
La respuesta tenía implicaciones más amplias: entender si las aves que migran dentro de América del Sur usan estrategias distintas a las del hemisferio norte, donde la presión por llegar rápido a los sitios de cría es mayor.
Minisensores, vuelos nocturnos y una sorpresa

Para el estudio, el equipo científico colocó pequeños registradores de datos, llamados BitTags, en 20 ejemplares de fiofíos que fueron capturados en la provincia de Chubut, en el sur de Argentina. Cada dispositivo pesaba apenas 0,6 gramos y llevaba un acelerómetro, que es un sensor que detecta movimiento, y un termómetro.
Los BitTags registraron la actividad cada cinco minutos durante dos períodos: la migración pre-reproductiva (de septiembre a noviembre, cuando el ave viaja hacia el sur para criar) y la post-reproductiva (de febrero a abril, cuando regresa al norte).

“Los resultados confirmaron que el fiofío migra de noche: parte al atardecer y aterriza a la mañana siguiente. En promedio, vuela entre 6,8 y 8,3 horas por noche, según la temporada”, detalló Cueto.
“También identificamos que el fiofío realiza dos tipos de descanso”, puntualizó. El primero es breve: el ave para durante el día y retoma el vuelo al anochecer. El segundo es más largo: después de varios días de vuelos nocturnos, el fiofío silbón descansa entre cuatro y cinco días antes de volar de nuevo.

“El fiofío silbón tiene una frecuencia de aleteo de 20 Hz, es decir, bate las alas unas 20 veces por segundo. Si se toma el promedio de vuelo nocturno que registró el estudio (entre 6,8 y 8,3 horas por noche según la temporada), cada vuelo implica más de 500.000 aleteos”, comentó el biólogo a Infobae.
El caso más extremo fue el de un individuo que voló sin escala durante 28,9 horas. Los datos de temperatura del sensor confirmaron que ese ejemplar estuvo en el aire todo ese tiempo y a gran altitud, ya que la temperatura baja aproximadamente 0,7 grado por cada 100 metros de altura.
Los científicos concluyeron que los acelerómetros son una herramienta viable para estudiar la migración de aves pequeñas en Sudamérica con un nivel de detalle hasta ahora inédito en la región.
Lo que la ciencia todavía no sabe

A partir de los resultados se generaron preguntas para el futuro. “Sería importante investigar si el fiofío silbón tiene una estrategia migratoria orientada al ahorro de energía más que al tiempo necesario para completar el viaje migratorio, algo que los datos sugieren pero que requiere más evidencia para confirmarse”, comentó el científico.
La otra pregunta apunta al reloj biológico del ave. Aunque la mayoría de los vuelos fueron nocturnos, algunos individuos también volaron de día, y los investigadores señalan que se necesitan más estudios para entender cómo funciona ese ciclo interno durante la migración.

