
“Al volver de Europa, aunque apenas faltaban unos dos meses para el Mundial, fui víctima de una verdadera pesadilla. En un país donde la democracia empezaba a reinstalarse después de una sucesión de golpes militares, desde un sector del gobierno se gestó un complot destinado a sacarme de la selección argentina. Un grupo de políticos, integrado por varios de los miembros de una línea interna de la Unión Cívica Radical, La Coordinadora, intentaron convencer al presidente Raúl Alfonsín para que se presionara a la AFA y se me removiera de mi cargo”. En su autobiografía, Carlos Salvador Bilardo dejó los detalles de aquel momento de enorme incertidumbre que produjo un estruendo en el fútbol local, el jueves 10 de abril de 1986.
El intento de sacar a Bilardo del cargo. Una situación increíble, pero cierta, fomentada desde la Secretaría de Deportes de la Nación. Como ya hemos reseñado, las actuaciones del equipo distaban de ser óptimas y esperanzadoras. Había un malestar general. Sin embargo, nadie podía suponer que se iba a vivir ese paso de comedia entre funcionarios, directivos, periodistas y el propio entrenador.
Un actor destacado de esta historia fue Rodolfo O´Reilly, quien estaba a cargo de la Secretaría de Deportes y así recordó como comenzó aquella situación: “Una noche estábamos reunidos en mi casa en San Isidro haciendo un asado, llamó Alfonsín por teléfono y enseguida se sumó. Lo notaba preocupado por algunos jueces que habían estado comprometidos con la dictadura, hasta que, en un momento, cambió completamente el tema y me dijo: ‘Che, Michingo ¿Cuándo lo vas a echar a Bilardo?’. Entonces le respondí: ‘Vos sos loco, yo no tengo manera ni forma de echarlo’. Y él fue por más: ‘Bueno, pero andá y ponele alguien al lado, aunque sea, que la Selección es un desastre y no nos sirve’”.

Bilardo estaba al tanto de esta situación desde el comienzo. De una manera muy especial, y a su estilo, como él mismo describió: “Al asumir como técnico de la Selección, sabiendo que desde algunos sectores la batalla iba a ser permanente y muy dura, había hablado con amigos que trabajaban en restaurantes, aeropuertos y taxis, para que cualquier cosa que escucharan sobre algún eventual ataque en mi contra, me avisaran. En uno de esos restaurantes a los que solían concurrir políticos y empresarios, donde trabajaba un amigo, un mozo escuchó que en una mesa hablaban de mí. Quienes estaban allí eran conocidos dirigentes del radicalismo. Con la ayuda de algunos compañeros, mi amigo pudo reconstruir la conversación y transmitirme, con gran detalle, la maniobra que esta gente pretendía hacer”.
Así como tenía mucha gente en contra, sobre todo en el periodismo deportivo, Bilardo, también tenía un grupo que lo defendía. Entre ellos, Fernando Niembro y el equipo que integraba en Radio Mitre y así lo evocó: “Nos habíamos convertido un poco en el sostén de Carlos en el momento que lo quisieron echar. Una tarde, cuando el rumor del golpe para sacarlo era muy grande, tomamos la radio por asalto. Había un programa de interés general y le dijimos al director de la emisora que necesitábamos el espacio. Nuestra tira comenzaba habitualmente a las 19, pero ese día arrancó a las 16. Lo hicimos junto a Marcelo Araujo y Néstor Ibarra, quien había recibido un llamado de Julio Grondona desde Zurich, diciéndole: ‘Los que coinciden con nosotros, tienen que bancarlo a Carlos. Yo regreso mañana a Buenos Aires, pero esta noche es clave, porque si no lo defendemos en estas horas, puede ser fatal’. Los dirigentes radicales estaban convencidos que, si a la Selección le iba mal en México, eso iba a afectar a Alfonsín. Una locura. Tenían pensado un triunvirato conformado por Menotti, Pastoriza y Griguol, que les respondió: “No cuenten conmigo para ninguna payasada de ese estilo”.

En su casa de Nápoles, Diego Armando Maradona fue consultado acerca de estos rumores y no dudó en, una vez más, en darle su apoyo al técnico: “Si lo sacan a Bilardo, busquen otro equipo, porque nosotros no vamos a jugar”. La situación iba llegando a su punto más delicado. Y entonces, los funcionarios radicales fueron por todo, como rememoró O´Reilly: “Un día nos dimos tanta manija que dijimos: ‘Vamos a llamarlo a Julio Grondona’. Estaba con Osvaldo Otero, que era mi subsecretario. Y nos comunicamos por teléfono a Zurich, donde se encontraba por una reunión de la FIFA. Cuando me atendió le dije: ‘Che, Julio, esto no da para más, me parece que le tenés que dar puerta a Bilardo’. Y Julio me respondió: ‘Michingo: dedicate al rugby que vos de esto no entendés un carajo’”.
El temporal había pasado. La intervención de Grondona fue clave, manteniendo esa línea de creer a muerte en las ideas del entrenador. Bilardo estaba fortalecido y debía afrontar uno de los momentos más críticos que tiene un entrenador que es el de designar a los jugadores que conformarán la lista definitiva para la Copa del Mundo. Los rumores arreciaban y todos los medios parecían tener la información precisa.
Se hablaba de sorpresas y convocatorias a último momento. Hubo de todo. Un caso emblemático fue el que atravesó Julio Olarticoechea, quien había sido parte de la Selección desde la asunción de Bilardo, pero renunció a fines del ‘84. Allí pasó a Boca y la rompió. El Narigón lo seguía de cerca hasta que llegó el instante clave, con mucho de Bilardo, como el propio Vasco nos lo relató: “Al terminar el famoso Superclásico de la pelota naranja, vino Pachamé al vestuario, para decirme que Carlos quería verme ya. Mi esposa me pasó a buscar con el auto y de camino hacia Saladillo, salí de la autopista en un peaje en la zona de Flores, porque Bilardo me estaba esperando allí. A las pocas cuadras, bajamos de los coches y mientras conversábamos, observé que buscaba algo en el piso. Encontró un pedazo de ladrillo y con eso, en una pared, me dibujó lo que quería de mí en una nueva función, que era la de lateral volante. ¡Todo en medio de la calle! (risas). Me dijo que, si estaba de acuerdo, me esperaba el martes para el entrenamiento. No estaba seguro, pero mis amigos del pueblo me convencieron”.

Fue todo repentino y con dosis de sorpresas a cada momento: “Estaba volviendo de Saladillo para la Capital, porque nos tenían que tomar las medidas para los trajes oficiales con el Negro Enrique, ya que faltaban solo cuatro días para el viaje. Quedé en pasarlo a buscar por la Avenida Pavón en la zona donde vivía y cuando estaba llegando, como el empedrado estaba mojado, al frenar, porque lo vi en la vereda de enfrente, el auto empezó a hacer trompos y quedé al lado del Negro (risas). Que no me hayan chocado en esa avenida fue un milagro”.
El jueves 17 se dio a conocer la famosa lista de 22 con muchas sorpresas, como las ausencias de futbolistas que habían estado desde la primera hora, como Ricardo Gareca y Enzo Trossero, u hombres del riñón de Bilardo, tales los casos de Miguel Ángel Russo y Alejandro Sabella. Pero lo que más llamó la atención, fue que no estuviera Ubaldo Matildo Fillol, titular en buena parte del ciclo y con decisiva participación en las eliminatorias, siendo designado como tercer arquero Héctor Zelada, quien nunca había sido convocado y actuaba en México desde hacía ocho años.
Enzo Trossero fue parte del ciclo desde la primera lista. Actuó siempre, incluso fue titular en la eliminatoria, haciendo dupla de centrales con Passarella. Así nos relató su recuerdo de Bilardo y el momento de la desafectación: “Ahora que tanto se habla de los drones, él fue un innovador con eso también, porque se subía a una escalera para observar las prácticas desde arriba, porque sostenía que así se veía mejor y tenía razón. Nos enseñó a jugar de todo. En el famoso 3-1 a Alemania del ’84 actué como lateral izquierdo, como stopper marcando a Voeller y de líbero cuando se lesionó el Tata Brown. En las eliminatorias jugué muy bien, estuve entre los de mejor rendimiento y sentía que iba a México ’86. Un día Carlos me citó en un bar de Juan B. Justo y Corrientes y después de media hora de charla, me dijo que me quería llevar como ayudante, pero no como jugador. Me levanté, tiré el café y me fui (risas). Fue una injusticia muy grande para mí”.

Fueron horas febriles en las redacciones de diarios y revistas y los programas deportivos de radio y televisión. Todos querían saber y parecían tener sus informantes bien dateados. Walter Perazzo atravesaba un gran momento en San Lorenzo. Pese a haber nacido en Colombia, estaba nacionalizado argentino y soñaba con el mundial de México: “Tenía la esperanza y los méritos. Y se dio una situación increíble: Bilardo daba la lista un día a las siete de la tarde y al mediodía me llamó José María Muñoz a mi casa, para cerrar una nota para su programa de la noche en Rivadavia, porque tenía el dato certero que yo iba a estar. Puse la radio confiado, esperando escuchar mi apellido entre los convocados, pero quedé fuera de los 22. Siempre se dijo que hubo algunos cambios a último momento”.
Juan Barbas se destacaba en Europa y formó parte del plantel que disputó las eliminatorias, actuando casi siempre como titular. Quedó fuera y lanzó duras acusaciones contra el técnico. Lo mismo que Fillol, desde Madrid, donde atajaba para el Atlético. Los 22 apellidos designados para esa aventura incierta y a la postre gloriosa fueron: Almirón, Batista, Bochini, Borghi, Brown, Passarella, Burruchaga, Clausen, Cuciuffo, Maradona, Valdano, Enrique, Garré, Giusti, Islas, Olarticoechea, Pasculli, Pumpido, Ruggeri, Tapia, Trobbiani y Zelada.

En su autobiografía, el doctor Bilardo dejó dos perlas de aquellos momentos: “El famoso actor cómico Alberto Olmedo me invitó un día a participar de su programa ‘No toca botón’. Cuando hablamos por teléfono me dijo: ‘Yo te voy a traer suerte’. Participé del scketch llamado ‘El manosanta’, que me descargó y vaticinó: ‘Vas a salir campeón’ ¡Alberto era un fenómeno! Dos días antes de partir fuimos a una misa en la basílica de Luján, donde nos entregaron una réplica grande de la Virgen, que llevamos al vestuario en cada partido del Mundial. Antes de partir rumbo a la gira, que luego nos llevaba a México, les dije en broma a los jugadores: ‘Muchachos, en la valija lleven un traje y una sábana. El traje, por si regresamos campeones. La sábana, para hacer una túnica, porque si perdemos en primera ronda, nos vamos a tener que exiliar en Arabia’“.
Y así, entre manosanta, Virgen, trajes y túnicas, el jueves 24, despegó desde Ezeiza una ilusión. Eran pocos lo que creían. Casi tan pocos como los que los fueron a despedir. Nadie podía pensar que dos meses más tarde, ese aeropuerto, estaría repleto de gente que quería abrazar, saludar y agradecer a los campeones del mundo.

