
El periodista Ceferino Reato presentó este sábado su libro Pax menemista en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, en un diálogo con el abogado e historiador Roberto Bosca que recorrió su trayectoria como autor y se concentró en la tesis central de su nuevo trabajo: que los indultos de Carlos Menem fueron un intento, fallido pero genuino, de quebrar lo que el jurista Joaquín V. González llamó en 1910 “la ley del odio” en la política argentina.
Antes de entrar en el nuevo libro, Bosca quiso repasar la obra anterior del autor. Nacido en Entre Ríos, estudió periodismo en la Escuela Superior de Periodismo y luego Ciencia Política en la Universidad del Salvador. Trabajó como periodista, fue agregado de prensa de la Embajada argentina ante el Vaticano entre 1997 y 1999, y vivió cuatro años en San Pablo, donde nació su primera hija.
El libro que menos esperaba
De su producción anterior, Reato eligió detenerse en Operación Primicia, el trabajo sobre el ataque de Montoneros al Regimiento de Infantería de Monte 29 en Formosa, en octubre de 1975, durante el gobierno constitucional de Isabel Perón. “El que más me gusta es el libro que menos apostaba”, dijo.
El libro, contó, surgió a pedido de la editoral Sudamericana tras el éxito de Operación Traviata, sobre el asesinato del sindicalista José Ignacio Rucci. Ese primer trabajo había desatado polémicas en pleno kirchnerismo, porque interpelaba la romantización de la guerrilla. “Volví de Brasil muy pacífico —recordó Reato—. Decía: ‘¿Cómo se van a pelear por el pasado?’”.

Fue a Formosa y encontró algo que no esperaba: los soldados conscriptos que habían combatido contra Montoneros, jóvenes de 21 años, en su mayoría peronistas y pobres, atacados por militantes de clases medias y medias altas que también se decían peronistas. “Era casi una lucha de clases, pero todo al revés, porque los pobres tendrían que haber sido liberados por los chicos de clase media y fueron muertos, y los otros también murieron a manos de ellos”, señaló.
El combate, contó, duró treinta minutos y dejó veinticuatro muertos: doce montoneros y doce soldados, entre ellos un subteniente de 21 años en su primer destino. Luego, patrullas militares mataron a tres vecinos que no tenían ninguna vinculación con el ataque, entre ellos un adolescente de 15 años con la casaca del colegio secundario. El saldo final fue de 28 muertos.
Uno de los hallazgos más perturbadores del libro -dijo- fue el destino judicial del episodio. Reato contó que había revisado los anexos del Nunca Más y encontró que los guerrilleros muertos en el combate figuraban como víctimas del terrorismo de Estado y que sus familias habían recibido indemnizaciones. “Empezamos con el ataque, terminamos con la indemnización”, resumió el autor. “Esto es una locura.”

Reato también es autor de Disposición Final (2012), construido sobre veinte horas de entrevistas con el dictador Jorge Rafael Videla en Campo de Mayo. En Doce noches (2015) abordó la crisis de 2001; en Salvo que me muera antes (2017), la muerte de Néstor Kirchner y el nacimiento del cristinismo; y en Masacre en el comedor (2022), el atentado contra una dependencia policial perpetrado por Montoneros.
La historia secreta de los indultos
Entonces sí se concentraron en Pax menemista. Bosca introdujo el marco histórico: la referencia al título evoca la Pax Romana, el período de paz que el emperador Augusto decretó al término de las guerras civiles. Menem, señaló, estructuró su política de reconciliación en torno a tres gestos simbólicos: la repatriación de los restos de Juan Manuel de Rosas, el abrazo con el almirante Isaac Rojas y la construcción del monumento a los caídos en Malvinas en el predio de Retiro.
Reato explicó el contexto en que Menem asumió en julio de 1989, cinco meses antes de lo previsto, en medio de hiperinflación y saqueos. El ejército estaba dividido tras tres rebeliones carapintadas. Los exguerrilleros tampoco querían ser juzgados: El jefe montonero Mario Firmenich estaba preso, unos sesenta exmontoneros estaban procesados y varios jefes —entre ellos Roberto Perdía y Rodolfo Galimberti— vivían en el exilio.

Lo que el libro revela, y Reato calificó como “lo curioso”, es que la iniciativa de los indultos no vino de los militares sino de Montoneros. “Hablo con Mario Montoto, que era el negociador de Firmenich con Menem, hoy un empresario próspero en seguridad y defensa. Me cuenta que ellos llevaron la propuesta.» Los documentos internos de la organización concluían que “la guerra civil intermitente que hemos protagonizado no admite soluciones judiciales sino políticas”, lo que abría la puerta a una amnistía o un indulto.
Menem incorporó la propuesta y la articuló con negociaciones paralelas con la Iglesia, los sindicatos, los empresarios y el peronismo. El nombre “reconciliación” lo tomó precisamente de la Iglesia. Hubo diferentes indultos: unos dirigidos a guerrilleros, otros a carapintadas y otros a militares condenados por delitos durante la dictadura.
Los militares, sin embargo, no quedaron conformes. Esperaban algo más que el perdón, dijo Reato. «Videla, por ejemplo, nunca lo aceptó: creía que el indulto borraba la pena pero no el delito». A partir, de ahí, contó: “El sector carapintada referenciado en Aldo Rico derivó hacia la política; el de Mohamed Alí Seineldín no. La última rebelión carapintada ocurrió el 3 de diciembre de ese período. “Nosotros no sabíamos que era la última —recordó Reato—. Mucha gente decía que iba a haber otras. En realidad, no hubo otras.”
Alfonsín, Menem y el partido militar
Reato planteó una hipótesis que, dijo, sabe que “no tiene prensa”: que entre Raúl Alfonsín y Menem existe una continuidad en la política de desarticulación del poder de tutela militar sobre la democracia. “Alfonsín es el padre de la democracia, pero Menem completa la democracia liberal de partidos, porque esa democracia no podía admitir un ejército con capacidad de tutelar a los partidos.” Citó al historiador Félix Luna y su concepto de continuidades que el periodismo, dijo, no suele ver porque está entrenado para ver fracturas.

El abrazo con Rojas y el monumento a los caídos
Sobre el abrazo entre Menem y el almirante Rojas —figura odiada por el peronismo y venerada por el antiperonismo—, Reato recogió el testimonio de la hija del marino: uno de sus amigos cercanos le recriminó el gesto y Rojas respondió: “A veces hay que hacer cosas por el bien de la patria”. Para Reato, el episodio ilustra algo que el libro quiere documentar: que hubo, en distintos actores, un deseo genuino de acercamiento que la narrativa predominante tendió a ignorar.
El monumento a los caídos en Malvinas en Retiro tuvo una historia propia. Reato contó que en su momento hubo resistencias de todo tipo: quienes creían que era un homenaje a los militares, quienes no querían alterar la barranca, quienes lo veían como un desafío a la Iglesia. Fue posible gracias a civiles de la Sociedad Numismática, “patriotas que no ganaron nada. Al contrario, fueron denunciados penalmente porque supuestamente arruinaban un monumento histórico nacional”. Varios empresarios aportaron dinero de forma anónima.
La ley del odio
Al final de la presentación, Bosca pidió a Reato que hablara del “eje del libro”: el odio. Reato recuperó la frase de Joaquín V. González de 1910, publicada en la separata de La Nación titulada El juicio del siglo: “En la Argentina, en la política argentina no basta con ganar, sino que hay que humillar, eliminar a la adversidad”. “Son palabras muy actuales”, dijo Reato.
Identificó tres grandes intentos de reconciliación nacional en la historia argentina: el de Justo José de Urquiza con su consigna “ni vencedores ni vencidos”, el del general Eduardo Lonardi tras el 55 —“y duró tres meses”— y el de Menem, que se extendió doce o trece años antes de que la memoria, la verdad y la justicia volvieran a imponerse como paradigma. Los tres, dijo, fracasaron.

“Yo creo que no es que los políticos que apelan al odio triunfan, es que nosotros premiamos a los políticos que apelan al odio”, afirmó Reato. “Fijate toda la sangre derramada producto del odio. Odio reivindicado. Los veinticuatro o veintiocho jóvenes muertos en Formosa. La cantidad de asesinados y desaparecidos en la dictadura. La cantidad de víctimas de las guerrillas, que fueron muchas también, aunque menos que los otros. No hay que comparar un terrorismo con el otro, pero también fueron víctimas y hay una cantidad de odio presente en todos. Y el odio reivindicado. Y el odio reivindicado con excusas”.
El periodista también pensó la política de Carlos Menem: Menem se veía a sí mismo como el gran perdonador. Decía: “Yo estuve cinco años preso y perdono a todos”. Para Reato, ese fue su error de cálculo: asumir que su experiencia personal representaba el sentir de todos los argentinos. “No era así”, subrayó el autor.
Con todo, Reato distingue entre dos antinomias históricas. La de unitarios y federales, dijo, Menem sí logró cerrarla, y con eso eliminó una de las fuentes más antiguas del odio político argentino. La de peronistas y antiperonistas, en cambio, fue la que se le resistió. “Menem llegó al poder con la ambición de superarla creando un movimiento propio, el menemismo, que trascendiera esa grieta. Hubo intentos concretos, como la convocatoria conocida como ‘la plaza del sí’, pero fracasaron rápidamente. Terminó asentándose en el peronismo, como hacen todos los líderes de ese espacio”.
Esa antinomia no resuelta es, para Reato, la matriz de la que se nutre el odio político argentino.
Y trazó un paralelo con la experiencia española: “Si los países apelaran a la memoria por encima de la historia, los españoles todavía seguirían luchando con la Guerra Civil. Y la han dejado en la historia, que es inofensiva”.
La entrada, los horarios, los días

Entrada: La entrada a la Feria del Libro de Buenos Aires costará 8.000 pesos de lunes a jueves y 12.000 los viernes, sábados y domingos.
Con esa entrada, el visitante recibirá un “chequelibro” con el que podrá conseguir descuentos en librerías cuando termine la Feria.
Gratis: de lunes a jueves desde las 20 h,
Fecha: La Feria sigue hasta el 11 de mayo.
Horarios: de lunes a viernes de 14 a 22 h. Sábados, domingos y feriados de 13 a 22 h.
Dónde: En La Rural, Av. Sarmiento 2704, Av. Cerviño 4476 y Av. Santa Fe (Plaza Italia).
(Fotos: Sebastián Freire/ Cortesía FEL)

