No todo dolor de pecho es un infarto: cuáles son las señales de alarma que requieren atención urgente

No todo dolor de pecho es un infarto: cuáles son las señales de alarma que requieren atención urgente

El reflujo gastroesofágico y los espasmos del esófago generan ardor detrás del esternón después de comer o al acostarse. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Aunque la mayoría de los dolores de pecho no corresponden a un infarto, una molestia nueva, persistente o acompañada por falta de aire, sudor frío o desmayo requiere atención médica urgente. La ansiedad, el reflujo y el dolor muscular pueden producir síntomas similares, pero los especialistas advierten que ninguna característica aislada permite descartar un problema cardíaco.

Consultado por Infobae, el médico cardiólogo Juan Pablo Costabel (MN 119.403), jefe de la Unidad Coronaria del ICBA Instituto Cardiovascular citó datos internacionales de guardias generales, que indican que “alrededor del 5% de estas consultas corresponden a un síndrome coronario agudo, que incluye al infarto y a la angina inestable”. Y precisó: “Esto es aproximadamente 1 de cada 20, aunque esa proporción cambia según la edad, los antecedentes y el tipo de institución”.

El médico clínico Ramiro Heredia (MN 117.882), del departamento de Medicina Interna del Hospital de Clínicas José de San Martín, señaló que la proporción de infartos es incluso menor que la de síndromes coronarios agudos. “De cada 10 personas que consultan por dolor torácico, alrededor de 9 o más tienen otras causas”, afirmó. Entre ellas, mencionó cuadros osteomusculares, digestivos y de ansiedad, además de otras enfermedades menos frecuentes que pueden ser graves.

Las tres causas frecuentes de dolor torácico no cardíaco

Una mujer sostiene una taza de té caliente y coloca la mano en su pecho ante los síntomas del reflujo gastroesofágico en una cocina. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los especialistas identificaron tres causas habituales de dolor en el pecho que pueden parecerse a un infarto, aunque sus manifestaciones tengan características orientadoras.

Un episodio de ansiedad o un ataque de pánico puede generar palpitaciones, opresión torácica, respiración acelerada, temblores, hormigueos, mareos y una sensación intensa de miedo o pérdida de control. El médico psiquiatra Marcelo Cetkovich-Bakmas (MN 65.636), director médico y jefe de Psiquiatría de INECO, explicó que esos síntomas no son imaginarios: “La ansiedad es, desde el comienzo, una experiencia tanto mental como física”.

Según el especialista, ante el estrés o la preocupación se activan mecanismos de alerta que pueden elevar la frecuencia cardíaca, modificar la respiración y aumentar la tensión muscular. El pecho es una región donde esos cambios se perciben con facilidad por la cercanía con los latidos, los movimientos respiratorios y los músculos torácicos.

La licenciada en Psicología Delfina Ailan (MN 75.326), del equipo de Psicoterapia Cognitiva de INECO, describió cómo puede instalarse un círculo de temor durante una crisis. “La sensación física produce miedo, el miedo aumenta la activación corporal y esa activación refuerza la idea de que algo grave está ocurriendo”, sostuvo. El resultado puede ser una experiencia muy convincente de urgencia, incluso sin una lesión cardíaca.

El reflujo gastroesofágico, por su parte, suele provocar ardor detrás del esternón, acidez o una sensación de quemazón luego de comer o al acostarse. Costabel señaló que “el reflujo suele producir ardor relacionado con las comidas o con acostarse”. También pueden presentarse espasmos del esófago, capaces de provocar una opresión similar a la de origen coronario.

El tercer “imitador” habitual del infarto es el dolor muscular. Puede aparecer tras un golpe, un esfuerzo físico, una contractura o una inflamación de las articulaciones que unen las costillas con el esternón, conocida como costocondritis. “Los dolores musculares, en cambio, generalmente son más localizados y aumentan al mover el tronco, respirar profundamente o presionar una zona del pecho”, explicó Heredia.

Costabel coincidió en que el dolor de origen muscular suele poder reproducirse mediante el movimiento del tórax o la presión sobre un punto específico. Aun así, remarcó que una molestia que aparece con esas características no habilita por sí sola un diagnóstico casero.

Las señales de alarma no siempre aparecen juntas ni producen dolor intenso

Cuadros médicos como la disección aórtica, el neumotórax y la embolia pulmonar producen dolor torácico y demandan evaluación médica urgente. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La sensación que más lleva a sospechar un infarto es una presión u opresión sostenida en el centro del pecho, que puede durar varios minutos, repetirse o comenzar durante un esfuerzo. “Puede extenderse a uno o ambos brazos, la mandíbula o la espalda”, detalló Costabel.

Heredia añadió que la preocupación aumenta ante sudoración fría, falta de aire, palidez, náuseas, mareos o desmayo. “No es necesario que aparezcan todos estos síntomas, ni esperar a que el dolor sea insoportable”, advirtió.

Un infarto puede adoptar formas menos típicas. En adultos mayores, personas con diabetes y algunas mujeres, puede predominar el cansancio inusual, la debilidad, la falta de aire o las molestias abdominales. Por eso, Heredia alertó que “la gravedad de una enfermedad no se puede medir solamente por cuánto le duele al paciente”.

También hay otras urgencias que pueden causar dolor torácico, como la embolia pulmonar, la disección de aorta o el neumotórax. Un dolor muy intenso, de inicio súbito y con extensión hacia la espalda, exige una consulta inmediata, aunque no se trate necesariamente de un infarto.

Tener ansiedad o reflujo no permite descartar una enfermedad cardíaca

Las crisis de ansiedad y los ataques de pánico provocan opresión torácica y palpitaciones por la activación física de mecanismos de alerta. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según los médicos consultados, los síntomas pueden superponerse. “Un infarto también puede sentirse como ardor y generar ansiedad”, señaló Costabel. A la inversa, un ataque de pánico puede dar opresión y dificultad respiratoria, mientras que un espasmo esofágico puede generar un dolor similar al coronario.

Cetkovich-Bakmas advirtió contra el error de atribuir de manera automática cada dolor a un problema emocional. “Lo primero es realizar una evaluación médica adecuada”, afirmó. Una vez excluidas las causas de riesgo del episodio, pueden abordarse las estrategias para regular la ansiedad y reducir el miedo a una nueva crisis.

Ailan planteó una idea similar para quienes ya tuvieron estudios cardíacos normales: “No se trata de memorizar una lista de síntomas para autodiagnosticarse, porque la ansiedad y los problemas cardíacos pueden producir manifestaciones similares”. La psicóloga indicó que contar con criterios médicos claros permite evitar la vigilancia constante de las sensaciones corporales.

Qué indicadores ayudan a definir la urgencia

El electrocardiograma normal y una prueba de troponina negativa en la primera consulta médica no descartan un daño en el músculo cardíaco. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para estudiar un dolor de pecho, los equipos de salud evalúan la forma de inicio, la duración, los síntomas asociados, los antecedentes, los factores de riesgo y los signos vitales. Si hay sospecha de un problema coronario, realizan un electrocardiograma y solicitan la medición de troponina en sangre, una proteína que aumenta cuando existe lesión del músculo cardíaco.

“Un electrocardiograma normal aislado no alcanza para descartar un infarto”, explicó Costabel. Heredia añadió que una troponina normal tampoco descarta siempre un evento si los síntomas comenzaron poco antes de la consulta. Por eso, en determinados casos, el análisis se repite después de una o dos horas.

Qué hacer frente a un dolor de pecho nuevo o persistente

Los especialistas aconsejan solicitar una ambulancia y evitar la automedicación o el traslado por cuenta propia frente a una molestia nueva en el pecho. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Si el dolor es nuevo, no tiene una explicación clara, persiste, vuelve a aparecer o se asocia con señales de alarma, los especialistas recomiendan interrumpir la actividad y contactar de inmediato a un servicio de emergencias.

“No hay que esperar a que el dolor sea intenso”, enfatizó Costabel. También aconsejó no manejar por cuenta propia, no hacer ejercicio para comprobar si la molestia cede y no demorar la consulta con antiácidos o ansiolíticos.

Heredia fue contundente sobre esa conducta: “La mejoría del dolor no descarta un infarto. Algunos cuadros coronarios producen molestias que aparecen y desaparecen”. Mientras llega la asistencia, aconsejó permanecer en reposo, avisar a alguien si la persona está sola y mantener el teléfono cerca.

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