
El corazón de una madre murciélago se acelera al escuchar la voz de su propia cría, pero permanece indiferente ante el llanto de las crías ajenas. Esa es la conclusión de un estudio publicado en la revista Frontiers in Ethology, que midió por primera vez las respuestas cardíacas de hembras de murciélago doméstico japonés (Pipistrellus abramus) frente a las vocalizaciones de sus hijos y de otros individuos de la colonia.
Los murciélagos domésticos japoneses forman colonias de entre 50 y 200 individuos, donde varias familias de hembras y sus crías conviven en un espacio reducido. En ese entorno, cada madre enfrenta un desafío crítico: localizar a sus propias crías para amamantarlas y garantizar su supervivencia. Para lograrlo, las hembras se apoyan en señales acústicas, en particular los llamados de aislamiento que emiten los recién nacidos cuando se separan de su madre —un equivalente funcional al llanto de un bebé humano—.
“Cuando una cría se separaba de su zona de descanso, solo la madre biológica corría de inmediato a traerla de vuelta”, relató el Dr. Kazuki Yoshino-Hashizawa, de la Universidad Doshisha, en Kioto, Japón, autor principal de la investigación. “Sabíamos que las crías emiten llamados de aislamiento —señales acústicas de angustia— cuando se separan. Pero presenciar esa selectividad tan estricta en el comportamiento nos hizo preguntarnos: ¿qué ocurre dentro de la madre cuando escucha esos llamados?”.

Cuatro hembras preñadas y diez crías en un laboratorio de Kioto
Para responder esa pregunta, el equipo de investigación capturó en mayo de 2022 cuatro hembras preñadas de una colonia que anidaba en las vigas de un puente cercano al campus de la Universidad Doshisha, en Kyotanabe, Kioto. Cada murciélago dio a luz una camada de tres crías entre el 20 y el 22 de junio de ese año. Dos de las crías murieron poco después del nacimiento, por lo que los experimentos se realizaron con las sobrevivientes.
A los 2 días de vida, los investigadores grabaron los llamados de aislamiento de las crías. Para controlar posibles variaciones vinculadas al sexo, solo se utilizaron vocalizaciones de machos como estímulos acústicos. A medida que los recién nacidos crecían, sus vocalizaciones se transformaban: hacia los 8 días comenzaron a producir sus primeros llamados de ecolocalización y alrededor de los 12 días dejaron de emitir llamados de aislamiento. A los 30 días, las crías ya volaban y emitían ecolocalización comparable a la de un adulto, y se separaban del refugio materno. En esa etapa, los científicos registraron también sus llamados de ecolocalización.
El corazón materno responde selectivamente a la voz de sus propias crías
Aproximadamente 40 días después del nacimiento, los investigadores separaron a las madres de sus crías, les colocaron electrodos subcutáneos para registrar electrocardiogramas y les reprodujeron cinco tipos de estímulos sonoros: llamados de aislamiento de sus propias crías, llamados de ecolocalización de sus propias crías, llamados de aislamiento de crías ajenas, llamados de ecolocalización de crías ajenas y llamados de ecolocalización de un macho adulto desconocido.

Los resultados fueron contundentes. La frecuencia cardíaca de las madres aumentó de forma significativa al escuchar las vocalizaciones de sus propias crías, tanto los llamados de aislamiento como los de ecolocalización, pero no se alteró ante los llamados de crías que no eran suyas. Un modelo estadístico de efectos mixtos lineales confirmó que la relación de parentesco —biológica o no— fue un factor determinante en la respuesta (P = 0,027).
“El hecho de que la frecuencia cardíaca de la madre aumente con fuerza en respuesta al llamado de su propia cría sugiere que esas vocalizaciones preparan fisiológicamente a la madre de manera instantánea para desplegar conductas maternales”, afirmó Yoshino-Hashizawa.
La mayor aceleración cardíaca se produjo con los llamados más recientes
Un hallazgo inesperado desafió la hipótesis inicial de los investigadores. Los científicos suponían que los llamados de aislamiento de las crías recién nacidas —asociados a señales de angustia— provocarían la reacción más intensa. Sin embargo, los llamados de ecolocalización de las crías de 30 días generaron la mayor aceleración cardíaca, con un pico de aproximadamente 130 latidos por minuto por encima de la línea base.

El equipo plantea que este resultado podría deberse a que las madres actualizan continuamente su memoria de las vocalizaciones de sus crías a medida que estas cambian con el desarrollo. Al momento del experimento, las hembras llevaban al menos 8 días sin escuchar los llamados de aislamiento de 2 días de edad, pero habían convivido con los llamados de ecolocalización hasta la separación.
La voz de un macho desconocido también aceleró el corazón de las madres
Otro dato llamativo fue que los llamados de ecolocalización de un macho adulto desconocido también provocaron un aumento significativo de la frecuencia cardíaca (P = 0,001). Según los autores, esto podría obedecer a una respuesta de alerta o vigilancia ante un estímulo social novedoso. Una hipótesis es que, dado que el experimento se realizó fuera de la temporada de apareamiento, las hembras podrían haber percibido al macho como una amenaza, lo que habría activado una respuesta defensiva mediada por el sistema nervioso simpático.

No obstante, los investigadores subrayan una limitación central de la metodología: la frecuencia cardíaca indica la intensidad de la activación fisiológica, pero no permite distinguir entre emociones positivas —como la motivación maternal— y negativas —como el estrés o la alarma—.
Variabilidad cardíaca, la clave para futuras investigaciones
“Para descifrar por completo la valencia emocional de estas respuestas vocales, la investigación futura deberá incorporar análisis de variabilidad de la frecuencia cardíaca, que ofrece una perspectiva más profunda sobre la modulación del sistema nervioso autónomo”, explicó Yoshino-Hashizawa en declaraciones recogidas por Frontiers.
El estudio, que trabajó con una muestra reducida de cuatro hembras debido a la dificultad de criar murciélagos preñados en cautiverio, utilizó modelos estadísticos de efectos mixtos para compensar el tamaño muestral. Los datos del estudio están disponibles en el repositorio FigShare.

