
El gesto es de profundo dolor. Sus ojos saltones, sus dedos alargados, parecen desprenderse por el peso de la cruz que carga sobre sus espaldas, mientras que su cabeza está coronada de espinas y el cuerpo se inclina bajo el pesado madero.
El Cristo Negro de Portobelo que reposa en la iglesia San Felipe Neri de esa población de la caribeña provincia de Colón, es una talla de madera de tamaño natural que representa a Jesús Nazareno cargando la cruz, con un gesto de impacto.
Cada año, el 21 de octubre, miles de devotos nacionales y extranjeros acudían a Portobelo a testimoniar su fe ante una imagen que data de 1658.
En Panamá la Constitución garantiza la libertad de culto, y las asociaciones religiosas tienen capacidad jurídica, ordenan y administran sus bienes dentro de los límites señalados por la ley.
Este año, el terremoto del pasado 9 de octubre en Panamá se ha dejado ver en las calles de Portobelo.

Hay menos visitantes, pues la mayoría de los asiduos participantes viven en las provincias de Veraguas, Herrera, Coclé y Los Santos, las más golpeadas por el evento natural.
Los comerciantes informales dan prueba de ello. Alegan que son pocas las ganancias al compararlas con años anteriores, cuando en las calles de Portobelo “no se podía ni caminar”, por la multitud que los 21 de octubre se volcaba hacia esa comunidad.
En medio de la celebración religiosa las autoridades del Ministerio de Salud realizaron verificaciones permanentes de los negocios de expendio de alimentos.
Indicaron que durante la revisión se procedió a la citación e imposición de multas a personas reincidentes que incumplen con la normativa de salud, presentando productos en mal estado, vencidos, y algunos sin la vestimenta adecuada para el expendio de alimentos, entre otras irregularidades detectadas.
La entidad indicó que se verificaron más de 12 comercios ubicados en la ruta de peregrinaje y que al final se procedió al decomiso de los productos que presentaban irregularidades.

Mientras, Abel Aronategui, director del Centro de Arte y Cultura de Colón, subraya que en torno a esta veneración converge precisamente lo que la Unesco define como patrimonio cultural inmaterial: prácticas, saberes, memorias y expresiones transmitidas de generación en generación, que dan sentido de pertenencia a una comunidad.
En el Portobelo contemporáneo, la devoción al Cristo Negro ha desbordado lo estrictamente religioso para convertirse en uno de los motores principales de la identidad cultural colonense.
La imagen del Cristo Negro de Portobelo está tallada en cocobolo, una madera dura y pesada de color marrón oscuro, que se encuentra en la región y que, con el paso del tiempo, ha ido adquiriendo una tonalidad aún más envejecida y oscura.
Esta materia prima contribuye no solo a la apariencia “negra” de la imagen, sino también a su peso considerable, que hace más exigente la tarea de quienes la cargan durante la procesión.
Su estatura ronda el tamaño de una persona adulta, en torno a 1,50 metros de alto, lo que refuerza la percepción de cercanía e identificación corporal de los fieles, que se encuentran frente a un Cristo que comparte dimensiones humanas reconocibles.

Aunque su iconografía remite claramente a la tradición barroca europea de Jesús Nazareno, el color oscuro de la madera y ciertos rasgos estilizados han llevado a la comunidad a interpretarlo como un Cristo de tez negra, lo que subraya su cercanía con poblaciones afrodescendientes y marginadas.
La imagen se encuentra habitualmente en un nicho dentro de la iglesia de San Felipe, protegida por un cristal, desde donde los fieles pueden verla durante todo el año, excepto en los momentos en que es bajada para ser vestida o para las procesiones.

