El enemigo invisible: por qué controlar la presión arterial es una decisión de vida

El enemigo invisible: por qué controlar la presión arterial es una decisión de vida

La hipertensión arterial afecta al 36,3 por ciento de los adultos en la Argentina, cifra que equivale a cerca de 12 millones de personas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En el día a día de la práctica médica, nos enfrentamos a una realidad preocupante: la hipertensión arterial sigue siendo uno de los factores de riesgo cardiovascular más frecuentes y, al mismo tiempo, uno de los más subestimados por la población.

A menudo llamada “el enemigo silencioso”, esta condición avanza sin dar síntomas evidentes, dañando las arterias y órganos vitales de forma progresiva hasta que, lamentablemente, se manifiesta a través de un evento grave como un infarto o un accidente cerebrovascular (ACV).

Los números lo confirman: según el Registro Nacional de Hipertensión Arterial, en la Argentina el 36,3% de los adultos mayores de 18 años convive con esta condición, lo que equivale a cerca de 12 millones de personas en todo el país. Más alarmante aún es que casi 4 de cada 10 hipertensos desconoce que lo es, y solo alrededor del 44% de quienes reciben tratamiento logra mantener sus cifras bajo control.

Alrededor del 44 por ciento de los pacientes en tratamiento en la Argentina logra mantener la presión arterial bajo control. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El panorama global no es menos preocupante. Según el segundo informe mundial sobre hipertensión arterial de la Organización Mundial de la Salud (2025), 1.400 millones de adultos viven hoy con presión arterial elevada, y solo 1 de cada 5 la tiene efectivamente controlada.

La cifra se duplicó en apenas tres décadas: en 1990 eran 650 millones. La OMS es contundente al respecto: si más países lograran diagnosticar y tratar a tiempo, podrían evitarse 76 millones de muertes de acá a 2050.

El testimonio clínico y la evidencia diaria nos demuestran que la hipertensión no discrimina y que esperar a “sentirse mal” para controlarse es un error que puede costar caro.

La presión arterial elevada no avisa con dolores ni molestias en sus etapas iniciales; la única manera de detectarla es mediante el gesto simple, rápido e indoloro de tomarse la presión de forma regular.

La prevención de la hipertensión no es una recomendación abstracta, es una herramienta terapéutica en sí misma. Modificar hoy nuestros hábitos cotidianos es la inversión más inteligente que podemos hacer por nuestra longevidad.

Dispositivos de medición de presión arterial y glucosa reposan junto a hortalizas frescas y un recetario sobre una mesa de madera. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La buena noticia es que la hipertensión es altamente controlable y, en muchos casos, prevenible.

El abordaje moderno de la salud nos exige dejar de ser pacientes reactivos que solo acuden al médico ante la crisis. Cuidarse de la hipertensión implica asumir un compromiso activo con nuestro estilo de vida: moderar el consumo de sal, mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física regular y gestionar el estrés crónico son los pilares fundamentales para mantener las cifras arteriales en niveles seguros.

La salud cardiovascular colectiva requiere derribar la indiferencia. Conocer nuestros números de presión arterial debe ser un hábito tan natural como revisar el calendario. En última instancia, el control periódico y la adopción de hábitos saludables no son una carga, sino un acto de responsabilidad y amor propio para asegurar una vida plena, activa y libre de complicaciones evitables.

*Médico cardilogo, especialista en longevidad

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