Charles Aznavour: el gran ídolo de la “chanson francesa” que comenzó su carrera como letrista, chofer y asistente de Edith Piaf

Charles Aznavour: el gran ídolo de la “chanson francesa” que comenzó su carrera como letrista, chofer y asistente de Edith Piaf

Charles Aznavour nació en París en 1924 en el seno de una familia de artistas armenios exiliados

Corrían los años 40. Y, desde el primer momento en que la vio, Charles Aznavour supo que su vida cambiaría para siempre. Edith Piaf era una mujer difícil. Su vida había sido difícil. Y lo seguiría siendo hasta el final. Como si la palabra “felicidad” no hubiera figurado en su diccionario. De manera que su relación con ella nunca fue para nada apacible. Pero era joven, muy joven. Y se enamoró perdidamente de ella aunque no fue correspondido.

El primer encuentro tuvo lugar en 1946, en París, durante una emisión radial con público que tuvo lugar en la sala de conciertos Washington. Aznavour estaba actuando junto a su coequiper Pierre Roche, cuando Edith lo vio y quedó fascinada con su talento. Ella era una mujer libre y desprejuiciada así que, según cuentan, esa misma noche lo invitó a su casa de la rue La Boétie. Dicen que, a pedido de ella, él le entregó el tema Il pleut, que Piaf grabó dos años más tarde. Y que, desde entonces, el joven se convirtió en todo lo que ella quisiera que fuera: libretista, asistente, chofer, telonero, ¿amante?…

Sin lugar a dudas, Edith le dio a Charles ese cimbronazo que necesitaba para empezar a crecer en su carrera. Lo primero que le dijo fue que estaba desperdiciando su talento al cantar a dúo con otro intérprete. Pero le propuso que la acompañaran en su viaje a los Estados Unidos, durante la gira que se extendió entre 1947 y 1948. Así fue como se convirtió en su mentora. Y él en uno de los poetas de algunos de los temas que Piaf volvió inolvidables con su nostálgica voz, como C’est un gars, Plus bleu que tes yeux y Une enfant, entre otros.

Pero también cuentan que ella no lo trataba bien. Que lo tenía como “el chico de los recados”. Y que él la padeció. Porque, a diferencia de lo que le había ocurrido a Aznavour, Edith nunca se enamoró de él. Ella amaba los temas que él hacía. Y amaba su talento. Pero no lo amaba a él. Charles, en cambio, perdió la cabeza por ella. Aunque, tal vez por caballerosidad, nunca reconoció públicamente que la relación hubiera avanzado más allá de la amistad. Y siempre dijo haberse sentido honrado de trabajar para ella.

“¡Adoro cada momento de ser esclavo de Piaf!, “No podría haber tenido un aprendizaje mejor, ¡créanme!”, “Ella me hizo trabajar más duro de lo que he trabajado en todos los años desde entonces. ¡Era un monstruo y la adoraba!”, fueron algunas de las respuestas que dio al ser consultado por su vínculo laboral con ella, que se mantuvo durante ocho años. Sin embargo, cuando le preguntaban por su relación personal, solo hablaba de la gran amistad y la complicidad que habían logrado como si fueran “niños de la calle” y que siguió vigente hasta la muerte de Edith, ocurrida el 10 de octubre de 1963.

Aznavour bailando con Edith Piaf

Aznavour había llegado al mundo el 22 de mayo de 1924 en París. Era hijo de un matrimonio de artistas armenios, Mischa Aznavourian y Knar Baghdasaryan, que se habían exiliado de su tierra natal huyendo del genocidio armenio. Primero se refugiaron en Grecia, donde nació su primera hija, Aida, y luego se instalaron en Francia para esperar las visas que les permitieran viajar a los Estados Unidos. Pero, finalmente, decidieron construir su futuro allí.

La infancia de Charles fue muy austera. Su padre había abierto un restaurante, Cáucaso, en el que solía cantar con su hijo para entretener a los comensales. Pero, dadas las carencias que ellos mismos habían pasado y su espíritu solidario, comenzaron a dar almuerzos gratuitos para quienes los necesitaban, lo que terminó por fundir el negocio. Y la familia tuvo que limitarse a vivir de los ingresos de su madre, que trabajaba como costurera particular.

Llegados los años 30, Aznavour empezó a dar sus primeros pasos en el mundo del espectáculo junto con su hermana, con la que solía participar de pequeñas obras de teatro. Entonces comenzó a trabajar como canillita, para poder costear sus estudios de música y actuación, seguro de que ese sería su destino. En 1933, debutó como bailarín en el Théâtre du Petit Monde. Y dos años después, con tan solo 11 de edad, participó en la creación de Margot de Édouard Bourdet en el Teatro Marigny.

Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, la familia de Aznavour escondió en su departamento a judíos peseguidos y armenios reclutados a la fuerza por el ejército alemán, arriesgando sus propias vidas. En esos años oscuros, todo giró en torno a la necesidad de sobrevivir. Sin embargo, una vez que el conflicto bélico llegó a su fin, Charles conoció a un talentoso pianista con el que formó el dúo Roche-Aznavour. Juntos escribieron canciones para ellos y, luego, para otros artistas. Y comenzaron a ser reconocidos tanto en Francia como en otros países de Europa.

Entonces apareció Piaf, que los llevó de gira por Norteamérica. El dúo, después, se instalo en Canadá. Pero, al tiempo, Charles decidió volver a París donde continuó su carrera solista. Tenía una voz “extraña” que no terminaba de convencer a los críticos. Sin embargo, amparado por el círculo de su amiga Edith, logró convertirse en el mayor referente de la chanson francesa. La bohème, Que c’est triste Venise, She y La mamma, son solo algunos de los temas que siguen sonando al día de hoy haciendo estremecer a más de uno. Fueron alrededor de 1.400 canciones, en nueve idiomas, con 91 álbumes de estudio originales con los que vendió más de 200 millones de discos. Eso, sumado a las más de 60 películas en las que trabajó.

Su éxito nunca se detuvo. Pero, a principios de 2018, Charles sufrió un accidente. Ya estaba grande y nadie pensaba que pudiera volver a cantar en público. Sin embargo, tras cinco meses de inmovilización y la cancelación de varios de sus conciertos, Aznavour regresó a los escenarios para ofrecer dos recitales que tuvieron lugar en Japón, el 17 y el 19 de septiembre. Fueron los últimos. El 1° de octubre de ese mismo año, a la edad de 94 años, falleció en su casa de Mouriès, en el sureste de Francia. Y fue despedido con honores por todo el país.

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