
La activista iraní y Premio Nobel de la Paz Narges Mohammadi afirmó que la población de Irán enfrenta un deterioro de sus condiciones de vida por la presión económica internacional contra el régimen, la represión interna y el impacto de un año y medio de guerras. La defensora de derechos humanos sostuvo que las autoridades endurecieron las medidas contra la sociedad al mismo tiempo que crecieron las dificultades económicas por la inflación.
Mohammadi, de 54 años y ganadora del Premio Nobel de la Paz en 2023, obtuvo a comienzos de este año una liberación temporal de prisión por razones médicas, después de sufrir un desmayo que requirió su traslado a un hospital.
“(La guerra) no ha dejado espacio para que la gente respire”, expresó Mohammadi, en una entrevista con The Associated Press desde fuera de Irán, al describir el efecto de las restricciones y de la crisis económica sobre la población. La activista señaló que los ciudadanos “están pagando un precio extremadamente alto”.
En ese sentido, indicó que una parte de la sociedad mantiene actos de resistencia cotidiana frente al poder del régimen y vinculó ese proceso con las protestas de 2022, que comenzaron tras la muerte de Mahsa Amini, de 22 años, quien falleció en un hospital luego de su arresto por incumplir el código de vestimenta islámico obligatorio.
La activista afirmó que actualmente las calles reflejan una mayor conciencia sobre los derechos individuales, en especial entre los jóvenes, ya que la nueva generación conoce sus derechos y mantiene su determinación pese a las medidas estatales. “Eso nos da motivos para la esperanza”, afirmó.

Mohammadi denunció que sufrió golpes en la cabeza durante su arresto en diciembre de 2025 en Mashhad y que las autoridades la mantuvieron dos meses en aislamiento pese a su estado de salud. Encarcelada en varias ocasiones por su labor en defensa de los derechos humanos, relató que fue detenida cuando pronunciaba un discurso en una ceremonia en homenaje al abogado Khosrow Alikordi, encontrado muerto en su oficina. La activista asistió al acto junto a otros defensores de derechos humanos. Tras su arresto, recibió una pena de siete años y medio de prisión por participar de la concentración. En total, enfrenta 16 años de cárcel y más de 100 latigazos. No recibió aún la pena corporal, aunque pasó extensos períodos bajo régimen de aislamiento.
“Mi detención realmente fue una amenaza para mi vida”, denunció Mohammadi y agregó: “Me lastimaron gravemente la cabeza, porque la mayoría de los golpes fueron en la cabeza y, pese a estar en esas condiciones, me mantuvieron dos meses en aislamiento, durante los cuales mi estado fue realmente preocupante”.
Mohammadi perdió el conocimiento el pasado 1 de mayo. Casi 10 días después obtuvo la libertad bajo fianza y fue trasladada a un hospital de Teherán, donde permaneció durante dos semanas. Sobre su estado de salud actual, afirmó: “Me estoy recuperando”.

La detenida por el régimen iraní afirmó que sus condenas suman 44 años de prisión y que ya pasó una década encarcelada, con 161 días en aislamiento, mientras espera una orden judicial que podría obligarla a regresar a la cárcel.
En un mensaje de texto compartido por su equipo, señaló que su pena está suspendida de forma temporal. “Mi condena está actualmente suspendida y debo regresar cuando el poder judicial emita la orden”, escribió. La defensora de derechos humanos tiene prohibido salir de Irán desde 2009 y no puede reunirse con su esposo ni con sus dos hijos, quienes viven exiliados en Francia.
Mohammadi recordó que su formación estuvo marcada por historias de mujeres, incluida la de su madre. “Intenté ponerle una imagen a cada una de ellas: cómo estas mujeres realmente lograron cambiar su mundo, su sociedad, a ellas mismas, a la siguiente generación; hacerlas conscientes, hacerlas resistir”, explicó. También evocó su niñez durante la guerra entre Irán e Irak, en la década de 1980, una experiencia que, según afirmó, forjó en ella “un odio hacia la guerra”.

“No era más que una niña cuando ocurrió la guerra entre Irán e Irak, pero recuerdo mucha represión, la represión de muchas corrientes y fuerzas políticas, muchas ejecuciones que ocurrieron en el silencio y la oscuridad de Evin y de prisiones en todo el país”, señaló.
La activista recordó además su preocupación al conocer el bombardeo contra la prisión de Evin durante la guerra de 12 días entre Israel e Irán en 2025. En ese momento, ella estaba fuera del centro penitenciario de Teherán.
“En ese momento, sentí que, en este país, estamos en la intersección de la injusticia, la discriminación, la guerra, el autoritarismo”, afirmó. “Todo eso pisotea los derechos humanos de nuestro pueblo”.
(Con información de Associated Press)

