Desde visitar excéntricos lugares a participar de todo tipo de rituales culturales, Eugenio y Sebastián “Culini” Weinbaum vivieron innumerables situaciones durante sus viajes. Así las cosas, este martes, al visitar a Mario Pergolini en su programa, los hermanos repasaron diversas anécdotas y recordaron los problemas de salud más graves que enfrentaron durante algunas de sus aventuras.
Sebastián Weinbaum evocó un episodio que vivió en Etiopía, donde sufrió una fuerte afección viral. “Me había agarrado algo. Me agarré un virus tremendo, no sé qué me pasó. No suelo enfermarme”, relató al recordar aquel viaje.
El conductor también contó que, en medio del malestar, temió haber contraído una enfermedad mucho más grave. “Pensé que era ébola. Fuimos al hospital público y tenía más miedo de contagiarme algo de ahí”, afirmó. Luego describió el cuadro que atravesaba en ese momento: “Tenía 40 grados de fiebre, estaba tirado en una habitación, transpirado, lleno de moscas, y decía: ‘Chau, esto es mi fin’”.
Según precisó, durante esa travesía visitaba la llamada “ciudad de las hienas” y, a pesar del estado en el que se encontraba, acompañó a su hermano para alimentarlas. De acuerdo con su relato, esa situación extrema incluso le dio una sensación pasajera de alivio, impulsada por el miedo.
Ya de regreso, explicó que las secuelas continuaron durante varios días. “Volví y estuve como 20 días desorientado. Nunca supe bien qué fue, fue un virus de ahí”, recordó.
Eugenio Weinbaum, en tanto, habló de una infección que sufrió tras meterse en un río al que definió como muy peligroso. “Una infección de oído que la tuve como 20 años. Un doctor descubrió el antibiótico con unas inyecciones de Suiza”, contó al rememorar ese problema de salud.
En otro otra de la charla, los hermanos revivieron el doloroso ritual con la hormiga bala que atravesaron en el Amazonas y contaron cómo una de esas experiencias terminó con lágrimas fuera de cámara. La anécdota surgió a partir de una pregunta de Mario Pergolini sobre cuál de los dos hermanos tolera peor el dolor físico.
La charla abrió con una definición compartida sobre ese punto. “No, los dos. Por ahí somos más sensibles, pero después al momento de hacerlo, lo hacemos”, respondió Culini. En ese intercambio, Eugenio Weinbaum recordó un episodio que dejó expuesta la reacción de su hermano frente a una de las pruebas más intensas que enfrentaron en sus viajes.

Según relataron en el programa de Pergolini, la escena ocurrió en el Amazonas, durante un encuentro con una comunidad indígena que les propuso participar de un rito de iniciación. Eugenio explicó que la ceremonia consistía en introducir la mano en un guante tejido que contenía en su interior unas 200 hormigas bala, también conocidas como tucandeiras, con los aguijones orientados hacia adentro.
“Te empiezan a picar y te inyecta ácido fórmico. El nombre hormiga bala es porque el dolor de una hormiga es comparado a un balazo”, explicó Eugenio, al describir el efecto de la picadura. También detalló que se trata de insectos de alrededor de tres centímetros y que el rito forma parte de un pasaje cultural dentro de la tribu.
En ese momento, Culini Weinbaum aportó más contexto sobre el sentido de la práctica. Según contó, la ceremonia marcaba el paso de adolescentes a guerreros y una de las consignas era no llorar durante la prueba. “Cuando metimos la mano en el guante, parecía que te la estuvieran prendiendo fuego”, recordó.
El tramo más recordado de la historia llegó cuando Sebastián admitió que no logró sostener esa exigencia. “En un momento ya no aguantaba, no quería llorar ahí, me fui a un costadito y me largué a llorar, pero era un mar de lágrimas”, contó entre risas, al reconstruir la reacción que tuvo después del ritual en el Amazonas.
La escena sumó un detalle más cuando relató que, mientras intentaba sobreponerse al dolor, vio acercarse a su hermano con la cámara. “No puedo más, Eugenio”, recordó que le decía en ese instante. La secuencia terminó de darle tono distendido a un relato que, según ambos, expuso hasta dónde estaban dispuestos a involucrarse para conocer de cerca ciertas tradiciones.
Eugenio también explicó ante Mario Pergolini que participar de ese tipo de ceremonias formaba parte del trabajo y del vínculo que buscaban construir con las comunidades que visitaban. En esa línea, señaló que para acercarse a algunas culturas debían aceptar rituales que podían resultar incómodos o dolorosos.
En medio de esa reconstrucción, Culini agregó otro dato sobre la comunidad con la que compartieron la experiencia: según indicó, esa tribu fue la que descubrió el guaraná, fruto que más tarde alcanzó difusión internacional por su uso en bebidas energizantes.

