Dormir siesta todos los días: qué dicen los expertos sobre sus beneficios y riesgos

Dormir siesta todos los días: qué dicen los expertos sobre sus beneficios y riesgos

La siesta breve mejora la atención y la sensación de recuperación en la primera parte de la tarde. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Dormir una siesta corta cada día puede ayudar a recuperar energía, aunque los expertos advierten que la duración y horario de ese descanso resultan decisivos para evitar interferencias con el sueño nocturno.

Qué beneficios puede aportar una siesta breve

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el sueño suficiente y de buena calidad forma parte de los pilares básicos de la salud. En esa línea, una siesta breve puede funcionar como apoyo puntual para mejorar el estado de alerta, sobre todo después de una noche de descanso insuficiente.

Un artículo reciente de EatingWell reunió la opinión de especialistas en sueño que coinciden en que el descenso natural de la alerta durante las primeras horas de la tarde explica por qué muchas personas sienten somnolencia en ese tramo del día. Ese patrón también aparece descrito por organismos como la National Sleep Foundation, que señala que el nivel de energía no se mantiene estable a lo largo de toda la jornada.

El descenso natural de la alerta después del mediodía explica la somnolencia en muchas personas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La Sleep Foundation, institución de referencia en divulgación sobre salud del sueño, indica que las siestas de entre 10 y 20 minutos suelen asociarse con una mejora de la atención y una sensación de recuperación más rápida. Ese margen permite descansar sin avanzar hacia etapas más profundas del sueño, que suelen dificultar el despertar.

La Centers for Disease Control and Prevention (CDC) de Estados Unidos también subraya que dormir menos de lo necesario puede afectar la concentración, estado de ánimo y rendimiento diario. En ese marco, una siesta breve puede ofrecer alivio en personas con cansancio ocasional, aunque no reemplaza el descanso nocturno regular.

Dormir entre 10 y 20 minutos ayuda a evitar entrar en fases profundas del sueño. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuándo una siesta puede traer problemas

Los especialistas citados por EatingWell remarcan que no cualquier siesta produce el mismo efecto. Cuando el descanso se extiende demasiado, aumenta la probabilidad de despertar con inercia del sueño, un estado transitorio de aturdimiento que puede incluir lentitud, desorientación y menor claridad mental.

La American Academy of Sleep Medicine (AASM) sostiene que la somnolencia diurna persistente o la necesidad cotidiana de dormir durante el día pueden ser una señal de sueño insuficiente o de un trastorno del sueño que merece evaluación clínica. Por esa razón, una siesta diaria no siempre debe interpretarse como un hábito inocuo.

Las pausas largas aumentan la probabilidad de inercia del sueño al despertar. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Otro punto sensible es el horario. La Sleep Foundation y la AASM coinciden en que dormir tarde durante la tarde puede reducir la presión natural de sueño que el cuerpo acumula hacia la noche. Si eso ocurre, el inicio del sueño nocturno puede demorarse y el descanso puede fragmentarse.

También se recogen que las siestas largas, o aquellas que cambian de horario cada día, pueden alterar la regularidad del reloj biológico. La OMS y otras entidades sanitarias insisten en que los hábitos consistentes favorecen una mejor higiene del sueño, con horarios estables para acostarse y levantarse.

Dormir tarde durante la tarde puede retrasar el inicio del descanso nocturno. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Qué recomiendan las instituciones de salud del sueño

Las guías difundidas por la Sleep Foundation sugieren que la mejor estrategia para la mayoría de los adultos consiste en optar por una siesta corta antes de las 14 o 15 horas. Esa recomendación busca aprovechar el momento de menor alerta sin comprometer el descanso nocturno.

La CDC aconseja revisar primero la cantidad total de horas de sueño. En adultos, la referencia más extendida en la comunidad médica apunta a 7 horas o más por noche de forma regular para sostener la salud general. Si el cansancio se repite, la prioridad no debería ser sumar siestas extensas, sino mejorar el sueño principal.

La AASM añade que conviene consultar con un profesional si una persona necesita dormir durante el día para funcionar, si ronca de forma habitual, se despierta sin sensación de descanso o presenta episodios frecuentes de somnolencia. Esos cuadros pueden vincularse con problemas como apnea del sueño, insomnio u otras alteraciones que requieren diagnóstico.

La necesidad diaria de dormir durante el día puede indicar un problema de sueño subyacente. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cómo integrar la siesta sin afectar la noche

Para quienes eligen dormir unos minutos durante la tarde, la recomendación más repetida por expertos e instituciones consiste en crear condiciones simples:

  • Un ambiente silencioso
  • Poca luz
  • Temperatura confortable
  • Una alarma que limite el descanso

El objetivo no es compensar por completo una mala noche, sino obtener una recuperación breve y controlada.

La regularidad de horarios favorece el reloj biológico y la higiene del sueño. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La evidencia reunida por EatingWell y por entidades como la Sleep Foundation apunta en la misma dirección: una siesta corta puede formar parte de una rutina saludable en ciertos casos, siempre que no desplace la necesidad de dormir bien por la noche ni oculte un problema persistente de fatiga.

Si el descanso diurno mejora el bienestar y no altera el sueño nocturno, los especialistas consideran que puede ser una herramienta útil. Si produce aturdimiento, insomnio o dependencia diaria para sostener actividades básicas, las instituciones médicas recomiendan buscar evaluación profesional.

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