Chichita Casciari, la protagonista real de la película Canelones: “Toda la vida he sido muy audaz”

Chichita Casciari, la protagonista real de la película Canelones: “Toda la vida he sido muy audaz”

El reencuentro con la alegría marcó el destino de Chichita Casciari, una mujer que, tras haber atravesado el duelo por la muerte de su marido, halló nuevas razones para vivir en la compañía de sus hijos, sus amigas y la pasión por el teatro. Madre del escritor Hernán Casciari, un momento muy puntual de su vida inspiró Canelones, película basada en un cuento de su hijo que se estrenó el 6 de agosto, que cuenta una historia de soledad y venganza con un giro macabro que comenzó con una broma telefónica.

La vida de Chichita puede leerse como una sucesión de comienzos y despedidas, siempre tejida por la intuición y la búsqueda de afecto. “Me llamo Chichita de toda la vida, desde cuando yo era chiquita y tenía dos años y así me llamaban”, recuerda con humor, en una charla con Teleshow, evocando su infancia en San Isidro junto a cinco hermanos, un padre severo y una madre permisiva.

La muerte de su primer marido en 2008 llevó a Chichita a atravesar un duelo que luego transformó en una nueva etapa de su vida

Cuando cumplió veinte años, se casó y se mudó a Mercedes. Allí formó una familia con su esposo, con quien compartió cuarenta años. “Yo me hice mujer con él, me hice esposa, madre, amiga, amante. Muy bien lo pasé con él”, resume sobre ese periodo. Juntos enfrentaron dificultades económicas y familiares.

La muerte de su marido, ocurrida el 9 de julio de 2008, la sumió en un vacío profundo. “Y un día yo llego a mi casa y lo encuentro muerto en su sillón. Para mí se había acabado el tiempo.” Durante cuatro meses, Chichita vagó como “un zombi”, incapaz de comprender el alcance de la pérdida.

La historia de Chichita inspiró a Hernán Casciari en relatos, una película y un unipersonal atravesados por el humor y la memoria

Para muchos, la pregunta inevitable surge: ¿Cómo logró seguir adelante después de la muerte de su esposo y la soledad? La respuesta está en un giro inesperado: tras tocar fondo, una amiga la alentó a buscar consuelo en la Virgen del Cerro. Allí, al comparar su dolor con el de otros, reconoció que su vida había estado llena de amor y motivos para agradecer. Ese momento fue decisivo para reconstruirse y abrirse a nuevas posibilidades.

El mismo año en que enviudó, una reunión familiar la llevó a conocer a un hombre mayor. “Un señor espectacular, pero espectacular, ¿eh? Su manera de ser, un señor. Hablar. No sabés cómo hablaba, cómo contaba historias”, recuerda. Apenas veinte días después, él le propuso casamiento. Chichita aceptó, motivada por el deseo de dejar atrás Mercedes y encontrar protección en esa nueva relación. “Un señor grande, porque ya sexualmente no me iba a pedir nada. Además, yo no quería saber nada”, aclara.

Se estrenó la película Canelones, en escena Verónica Llinás y César Bordón

La convivencia no fue sencilla al principio. “El primer año muy mal, porque yo seguía llorando a mi primer marido”, admite. Pero los tres años siguientes transcurrieron en armonía, hasta la muerte de este segundo esposo. Una vez más, el duelo la impulsó a buscar compañía, esta vez a través de Facebook. “Todo lo que encontraba, todo, era chatarra. Era una página de encuentros”, detalla.

Finalmente, un nuevo encuentro virtual y la posterior viudez de ese hombre la llevaron a casarse por tercera vez. Regresó a Mercedes y compartió ocho años con otro compañero. “Era un señor, un lord inglés también. Yo tuve mucha suerte en los tres matrimonios. Mucha, pero mucha suerte”, sintetiza.

Hoy, con casi ochenta años, Chichita vive en la casa que fue de su último esposo y que terminó comprando a las hijas de él: “Estoy muy bien, muy bien. Yo soy una persona muy sociable. Actúo mucho por intuición, pero como tengo buen corazón, todo me sale bien”.

La madre de Hernán Casciari atravesó pérdidas profundas, se casó tres veces y hoy celebra una vejez activa, acompañada por nietos, amigas y una obra compartida con sus hijos

Lejos de la resignación, Chichita disfruta de la compañía de sus hijos, nietos y amigas: “No tengo miedo, jamás tuve miedo a nada. Disfruto ahora mucho de mis hijos, de mis nietos, de mis amigas y de ir al bingo porque me encanta, es una de mis pasiones. Hoy estoy sola y estoy bien”.

En la actividad artística encontró otro motivo de felicidad. Participa en el teatro junto a sus hijos: “Florencia es productora de Hernán, de la obra que hacemos con él. Ahora empezamos el tres de septiembre otra vez con La señora que me parió, que es todo un éxito”.

El momento más preciado ocurre durante los saludos en el escenario. “Cuando yo subo a saludar, Florencia me lleva de la mano y Hernán me toma de la mano para subir al escenario. Ese momento en que los dos hijos te toman de la mano, para mí es muy lindo”, contó a Telehow. La ovación del público, describe, justifica el esfuerzo de viajar desde Mercedes a Buenos Aires, de subir y bajar escaleras: “Eso es otra cosa que vale la pena todo lo que hago”.

Después de enviudar, Chichita volvió a casarse dos veces más y relató que buscó compañía incluso a través de Facebook

“Soy muy amiguera. De todas mis amigas soy una persona querida”, afirma con orgullo. El cariño de su entorno, dice, le da fuerza y sentido. “Me siento querida por todas mis amigas, por mis nietos, mis hijos”, cuenta. El próximo año cumplirá ochenta años, aunque no lo siente. “Mi cabeza funciona como si tuviera cuarenta”, asegura entre risas. La vitalidad, la intuición y el corazón abierto son, para ella, el secreto de una vida plena, capaz de sobreponerse a la adversidad y de celebrar cada reencuentro con la felicidad.

La historia de Canelones quedó guardada en la memoria de Hernán Casciari, envuelta en la risa nerviosa de su madre. En la pantalla grande Chichita es interpretada por Verónica Llinás, una actriz con la que se siente identifica. Chichita siempre fue la musa desfachatada que inspiró columnas, cuentos y hasta la ternura feroz de un unipersonal del escritor. Pero Mercedes, su ciudad natal, nunca olvidó la tarde en que un secuestro absurdo —disparado por las bromas incesantes de Hernán y su amigo “el Chiri”— que la puso en el centro de una trama que ni el mejor narrador podría haber inventado.

Casciari y Chiri Basilis, director del film, en los ochenta solían hacer llamadas telefónicas en Mercedes al mejor estilo del Doctor Tangalanga. El llamado a una mujer distanciada de su hijo durante casi una década derivó en una broma cruel: Hernán se hizo pasar por ese hijo que vivía en la Patagonia y que le pedía a su madre que le prepare canelones en su reencuentro. Luego, un suicidio. Y más tarde, una mujer sola en una página de encuentros para conocer pareja y una venganza cocinada a fuego lento.

Chichita Casciari es una figura central del universo narrativo de Hernán Casciari

—¿Cómo viviste ver plasmada tu historia en el cine?

—La vi bien, pero viste que en una parte de la película Verónica le dice a Barassi, que hace de Hernán, “no cuentes esta historia”. Y yo le decía eso a mi hijo. “Mamá, yo la voy a contar”, me respondía. Y en algún momento la contó.

—¿Le diste permiso a tu hijo para contarla

—Claro, le di permiso después que falleció ese señor para que la contara. Y yo me casé de nuevo. Por suerte pudimos estrenar justo la película cuando mi marido ya falleció. No le hubiera gustado para nada ver esa parte mía.

—¿Conociste a la persona real detrás de la historia

Nunca supe quién era. Sabía que los chicos habían hecho esa broma cuando eran jóvenes. Sabía que hacían bromas telefónicas. Yo me iba a trabajar y ellos, Hernán y Chiri, se quedaban en casa y hacían bromas de todo tipo. Pero para mí fue todo una novedad.

—¿Te sentiste representada por Verónica Llinás?

—Sí, sí, sí, me encanta ella. Es una gran actriz. Es totalmente… ¿Cómo te podría decir? Desenfadada, como soy yo. Muy al estilo mío de esa época. Yo toda la vida he sido muy audaz.

Chichita Cascairi y Verónica Llinás fundidas en un abrazo

—¿Cómo fue el proceso de rehacer tu vida y tu relación con tus hijos?

—Falleció mi primer marido de un infarto masivo, que es el papá de los chicos. Yo no me quedé a lamentar, ni a encerrarme. Dije: “No, no, no”. Enseguida traté de buscar, salir y buscar a otro hombre. Hablaba con uno, hablaba con otro y me enganché con este. Nadie me va a hacer lo que yo no quiero que me hagan. Yo soy una adulta, no soy una chica de dieciséis años.

—Hoy sos actriz junto a tu hijo.

—Sí, estoy en teatro con Hernán. Estamos haciendo La señora que me parió en el teatro. Contamos muchas historias de las cosas que en su momento las hemos vivido con dolor y ahora nos reímos de todo. Yo ya estoy de vuelta de todo, voy a cumplir 79 años. Te imaginás que estoy de vuelta de todo.

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