
Bolivia registra en los últimos días múltiples incendios forestales en los departamentos de Santa Cruz, en el este del país, y Tarija, en el sur, donde las labores para apagar el fuego se han visto complicadas por dificultades en el abastecimiento de agua y diésel para las brigadas de emergencia.
En el departamento de Santa Cruz, las autoridades informaron que los principales incendios se localizan en el Parque Nacional Otuquis, donde unas 2.538 hectáreas resultaron afectadas, además de focos en los municipios de Pailón y Porongo, distantes a 50 y 20 kilómetros de Santa Cruz de la Sierra. También se monitorea un nuevo foco de calor en el municipio de San Matías, cerca de la frontera con Brasil.
El vocero de la Gobernación, Marcelo Schrup, señaló a los medios locales que las tareas de combate enfrentan limitaciones por la escasez de agua y combustible, aunque indicó que se recibieron donaciones para apoyar las operaciones.
En Tarija, el fuego inició el viernes y se propagó hasta la madrugada del lunes por los fuertes vientos, afectando a comunidades rurales del municipio de San Lorenzo, distante a 15 kilómetros de la capital. En tanto, en la ciudad, en el barrio residencial de Miraflores, el domingo por la tarde los vecinos ayudaron a apagar un incendio en un área verde de aproximadamente dos kilómetros.

Si bien esos focos fueron controlados, la mañana de este lunes la Alcaldía informó de otros puntos cerca de la ciudad, en las localidades de Pinos Sud y Sella. “No puede ser una coincidencia que tengamos tantos incendios a la vez; está ocurriendo algo”, afirmó en conferencia de prensa el alcalde Jhonny Torrez.
La autoridad municipal pidió a la Policía iniciar una investigación y reformar las leyes y normas que rigen el manejo del fuego para fines agrícolas. “Apagamos un incendio y comienza de inmediato otro en otra parte; estamos altamente preocupados (…) el daño es grande”, afirmó Torrez.
Luego de haber realizado un sobrevuelo en la zona de incendios el domingo, los ministros de Defensa y Obras Públicas, Ernesto Justiniano y Mauricio Zamora, informaron el inicio de las investigaciones para identificar a los responsables de haber quemado tierra, en una práctica de cultivo que localmente se denomina “chaqueo”.
Bolivia ingresa cada año, entre julio y octubre, a la temporada de mayor riesgo de incendios forestales, cuando las condiciones de sequía y los vientos coinciden con las quemas agrícolas utilizadas para preparar los terrenos de cultivo.

En 2024, Bolivia sufrió la peor emergencia por incendios forestales de su historia, con 12,6 millones de hectáreas afectadas, según una investigación de la Fundación Tierra. La superficie quemada equivale a la de Grecia o Nicaragua.
Según las investigaciones de la organización, además de las quemas agrícolas hay otros factores que inciden en la recurrencia de los incendios forestales, como la expansión de la frontera agrícola y pecuaria, la distribución de tierras para favorecer intereses sectoriales y los avasallamientos vinculados a actividades ilícitas como el narcotráfico y la minería ilegal.
A estos fenómenos se suma un compendio normativo permisivo con los chaqueos y desmontes que los críticos en Bolivia denominan “leyes incendiarias”, aprobadas entre 2013 y 2019 durante el Gobierno de Evo Morales. Este marco jurídico dio legalidad a las quemas y deforestación, bajo ciertas condiciones, para la expansión agrícola.
Este año, las autoridades emitieron alertas rojas por los fuertes vientos y advirtieron que algunas quemas se realizaron pese a las restricciones, lo que podría derivar en sanciones.

