
En la planificación de un embarazo, existe un factor silencioso que puede condicionar tanto la calidad de los óvulos como la posibilidad de lograr una gestación: las oscilaciones de la glucosa en sangre afectan la fertilidad femenina y masculina de forma profunda y sostenida.
Si bien antes de buscar un hijo las personas suelen centrarse en su salud hormonal, especialistas consultados por Infobae coinciden en que la inestabilidad metabólica y la inflamación crónica no solo interfieren en la ovulación y la maduración ovocitaria, sino que también alteran la implantación embrionaria y la salud espermática.
Por qué la glucosa es clave en la salud reproductiva

Durante décadas, el eje de la salud reproductiva se centró en las hormonas sexuales, los ovarios y el útero. Sin embargo, la evidencia científica actual indica que el metabolismo y el estado intestinal establecen la base real para la fertilidad. La licenciada en Nutrición Maite Maller (MN 11.248), especialista en fertilidad, microbiota y nutrición antiinflamatoria en Halitus Instituto Médico comenzó a explicar ante la consulta de este medio que “el verdadero ‘suelo fértil’ se construye desde adentro, comenzando por el metabolismo y la salud del intestino”. En su mirada, los picos de glucosa postprandiales (NdR: después de comer) generan alteraciones endocrinas que afectan directamente la ovulación y la calidad de los óvulos.
Esta visión integradora es compartida por la médica endocrinóloga Laura Maffei (MN 62.441), directora de Maffei Centro Médico, quien aseguró a Infobae que “la fertilidad depende de un equilibrio que va mucho más allá del ovario. Las alteraciones del metabolismo de la glucosa y de la insulina pueden interferir en ese equilibrio, especialmente cuando existe insulinorresistencia”.
Con ellas coincidió el médico especialista en Medicina Reproductiva y director de WeFIV, Fernando Neuspiller (MN 82.815),al citar que “la literatura médica y la experiencia clínica coinciden en que la persistencia de la hiperglucemia reduce la tasa de embarazo”. “Hay estudios publicados que muestran que las mujeres que tienen la glucemia elevada de manera crónica tienen un 44% menos de tasa de embarazo que las mujeres que tienen una glucemia normal constante -sostuvo-. Y las mujeres que tienen hiperglucemia muy alta, la disminución de probabilidad de embarazo es todavía más alta, casi un 60%”.
Glucosa, insulina y calidad ovocitaria: el impacto endocrino

Cada vez que una persona consume carbohidratos refinados, azúcares ocultos o harinas industriales, el páncreas libera una cantidad considerable de insulina para controlar el azúcar en sangre. Según Maller, “los ovarios son órganos particularmente sensibles a este entorno. Cuando la insulina se mantiene constantemente elevada, actúa directamente sobre las células de la teca del ovario, estimulándolas a producir un exceso de andrógenos”. Este proceso puede conducir a un desbalance hormonal, manifestado en cuadros como el Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP) o la anovulación crónica. Al mismo tiempo, la hiperinsulinemia disminuye la síntesis hepática de la globulina fijadora de hormonas sexuales (SHBG), lo que incrementa la testosterona libre y agrava la alteración folicular.
En este punto, Maffei amplió que la hiperinsulinemia “puede potenciar la acción de la hormona luteinizante en el ovario, aumentar la producción de andrógenos y reducir la SHBG, una proteína que regula la cantidad de andrógenos libres en sangre. Este mecanismo es particularmente relevante en el SOP y puede contribuir a ciclos irregulares y falta de ovulación”.
La especialista destacó que más allá de la sensibilidad del ovario a la glucosa de manera aislada, “el ovario responde al conjunto del ambiente hormonal y metabólico: insulina, andrógenos, gonadotrofinas, nutrientes, inflamación y estrés oxidativo”.
Inflamación crónica: el enemigo silencioso de la fertilidad

El impacto de la glucosa no se limita a la esfera hormonal. Los picos reiterados de azúcar en sangre desencadenan procesos de glicación, donde el exceso de glucosa se une a proteínas y grasas formando productos finales de glicación avanzada (AGEs), responsables de dañar los receptores celulares en el sistema reproductor y acelerar el envejecimiento de óvulos y espermatozoides.
Según Maller, “una dieta hiperglucémica alimenta cepas bacterianas oportunistas, debilitando las uniones estrechas del epitelio intestinal. Al volverse el intestino permeable, se genera una traslocación de endotoxinas al torrente sanguíneo que perpetúa una inflamación crónica de bajo grado”. Esta inflamación, definida como el “enemigo silencioso” de la fertilidad, altera las citoquinas uterinas esenciales para la ventana de implantación, asociándose con fallas implantatorias, abortos recurrentes y complicaciones durante la gestación.
Neuspiller aportó que la inflamación crónica “afecta la implantación embrionaria porque cambia la receptividad endometrial. Existe un ´diálogo´entre el embrión y el endometrio, y ese diálogo se ve alterado cuando la mujer tiene inflamación crónica”. En ese sentido, Neuspiller alertó que “la inflamación debida al envejecimiento, conocida como inflamaging, acelera todos los procesos moleculares, biológicos e inmunológicos del cuerpo”.
El intestino y su rol en el equilibrio hormonal y la fertilidad

La relación entre el intestino y las hormonas sexuales es bidireccional.
Maffei explicó que “las hormonas sexuales pueden influir en la composición de la microbiota intestinal y, a su vez, las bacterias intestinales participan en el metabolismo de hormonas como los estrógenos”. Parte de la microbiota produce enzimas capaces de modificar los estrógenos que llegan al intestino después de ser procesados por el hígado, lo que puede determinar cuánto se elimina y cuánto se reabsorbe.
Cuando existe una alteración persistente de la barrera intestinal o un desequilibrio metabólico, se favorece un entorno inflamatorio sistémico que impacta la regulación hormonal. Aunque la evidencia aún es emergente, se encontraron asociaciones entre alteraciones del microbioma y condiciones como el SOP o la endometriosis.
Maller, desde el enfoque de la salud integracional, sostuvo que “al volverse el intestino permeable, se genera una traslocación de endotoxinas al torrente sanguíneo que perpetúa una inflamación crónica de bajo grado. Esta inflamación sistémica apaga la fertilidad por pura autoprotección”.
La importancia de la prevención y los hábitos saludables

La calidad ovocitaria no se define por lo que se come un día antes de la ovulación. Hay una regla temporal que especialistas destacan: el óvulo que se libera hoy comenzó su proceso de maduración hace unos 90 días. “Durante ese trimestre, todo lo que comemos y cómo manejamos el estrés define la calidad de ese óvulo. El ácido fólico es el escudo protector, pero la glucosa estable es la tierra fértil donde va a crecer la semilla”, explicó Maller.
Neuspiller remarcó en este punto la importancia de los hábitos sostenidos: “No debería existir malos hábitos. La gente debería tener siempre buenos hábitos. Comer pocas harinas, mejorar la microbiota, consumir frutas, verduras y proteínas. Si se mantienen hábitos saludables todo el tiempo o la mayoría del tiempo, esto pasa a ser normal y una persona no debería controlar su hiperglucemia ni inflamación para buscar un embarazo”.
Consultado acerca de cuánto tiempo antes de buscar embarazo o someterse a un tratamiento de fertilización asistida debería optimizarse metabolismo para ver cambios reales en la calidad ovocitaria, Neuspiller recomendó “por lo menos unos cuatro a seis meses antes debería pensarse en mejorar los hábitos alimenticios, hacer ejercicio, descansar bien. Eso va a hacer que todo el sistema molecular y biológico esté en mejores condiciones para buscar un embarazo”.
Estrategias prácticas para estabilizar la glucosa

Lejos de promover restricciones extremas, los especialistas proponen intervenciones sencillas y sostenibles. Maller enumeró para Infobae tres “hacks” fundamentales para controlar la glucosa:
- Orden en los alimentos: ordenar la ingesta empezando por fibra (vegetales), luego proteína y grasas, y dejar los carbohidratos complejos para el final. Esto reduce los picos de glucosa.
- Caminar 10 o 15 minutos después de almorzar o cenar: “El músculo funciona como una aspiradora de azúcar. Los músculos activos absorben la glucosa en sangre para usarla como energía, sin necesidad de que el cuerpo fabrique insulina de más”.
- Desayuno real: “Si se desayuna huevos, palta, frutos secos o coco, se le da estabilidad a la energía desde el minuto uno”.
En la experiencia clínica, agregó, el uso de vinagre de manzana diluido en agua antes de las comidas principales ayuda a inhibir temporalmente las enzimas que absorben almidones rápidos, contribuyendo a aplanar la curva de glucosa y reducir la demanda de insulina.
Evidencia clínica y recomendaciones prácticas

A lo dicho por Neuspiller sobre cómo la glucosa elevada de manera sostenida disminuye las tasas de embarazo, Maffei añadió que la evaluación metabólica preconcepcional debe incluir glucemia en ayunas, hemoglobina glicosilada o una prueba oral de tolerancia a la glucosa, especialmente si existen factores de riesgo como SOP, sobrepeso, prediabetes, diabetes, antecedentes familiares, hipertensión o signos clínicos de alteraciones metabólicas. “En mujeres con síndrome de ovario poliquístico que están planificando un embarazo, las guías internacionales recomiendan valorar especialmente una prueba oral de tolerancia a la glucosa”, precisó.
En personas con diabetes preexistente, las recomendaciones apuntan a alcanzar valores de glucosa lo más próximos posible a la normalidad antes de la concepción, con una hemoglobina glicosilada idealmente inferior a 6,5%.
Cuál es el impacto de la glucosa en la fertilidad masculina

La salud metabólica y la inflamación no afectan solo a la mujer. El entorno metabólico del varón es igual de relevante.
Maller subrayó que “el exceso de azúcar en sangre desploma la testosterona y genera estrés oxidativo. Esto fragmenta el ADN del espermatozoide, dañando su ‘manual de instrucciones’ genéticas”. Además, la disbiosis intestinal contribuye a la inflamación sistémica, que llega a los testículos y afecta la forma y motilidad de los espermatozoides.
Maffei coincidió y sumó que “la fertilidad masculina también está vinculada con la salud metabólica. El exceso de estrés oxidativo puede asociarse con menor movilidad espermática, alteraciones de la membrana y mayor fragmentación del ADN. La obesidad y la diabetes también pueden afectar el entorno hormonal necesario para una espermatogénesis adecuada”.
Las intervenciones en hábitos alimenticios y control metabólico no reemplazan la consulta médica ni los estudios de fertilidad convencionales, pero son un pilar fundamental en la búsqueda de un embarazo exitoso. “Mantener hábitos saludables de manera sostenida es clave para optimizar la fertilidad tanto femenina como masculina”, coincidieron los expertos.

