
“Mi nivel de ansiedad me impide hilvanar más de dos oraciones coherentes”: con esas palabras, Eduardo Sacheri explicó en estos días por qué declinó las entrevistas que le llegaron en las últimas horas. El escritor, autor de una vasta obra de cuentos de fútbol y de las dos novelas más ambiciosas que se hayan escrito sobre la Guerra de Malvinas, publicó en su cuenta de Twitter un mensaje que acumuló más de 2.000 “me gusta” en pocas horas. La razón de su angustia es la misma que la de millones de argentinos: el miércoles 15 de julio, Argentina enfrenta a Inglaterra en las semifinales del Mundial 2026, en Atlanta.
El partido se juega a las 16 (hora argentina) en el Mercedes-Benz Stadium. Será el primer cruce entre ambas selecciones en un Mundial desde el año 2002, cuando David Beckham convirtió un penal y England ganó 1-0 en Sapporo, en la fase de grupos. Antes, en Francia 1998, Argentina había avanzado por penales tras un empate 2-2 en Saint-Étienne. Y antes de todo eso, en México 1986, Diego Maradona anotó los dos goles más célebres de la historia de los mundiales: el primero, con la mano, que él mismo bautizó como “la Mano de Dios”; el segundo, tras una corrida de casi 60 metros en la que eludió a cinco defensores y al arquero Peter Shilton, y que la FIFA eligió como el “Gol del Siglo” en una votación realizada en 2002. Argentina ganó ese partido 2-1 y se consagró campeón del mundo.
Ese contexto histórico es, precisamente, el territorio literario de Sacheri. El escritor bonaerense, nacido en Castelar en 1967, lleva décadas construyendo una obra en la que el fútbol y la historia argentina se entrelazan de manera constante. Sus cuentos —reunidos en volúmenes como Esperándolo a Tito (2000) y la antología La vida que pensamos (2013)— convirtieron las pasiones del hincha común en materia literaria. Sus columnas en la revista El Gráfico, recopiladas en Las llaves del reino (2015) y El fútbol, de la mano (2017), consolidaron esa voz. Y su novela La pregunta de sus ojos (2005), llevada al cine por Juan José Campanella con el título El secreto de sus ojos —ganadora del Oscar a la Mejor Película Extranjera en 2010—, lo instaló entre los autores más leídos del continente.
El propio escritor señaló en una entrevista con Infobae en noviembre de 2025 el vínculo entre fútbol e historia. Cuando le preguntaron por el cantito que la hinchada argentina popularizó en el Mundial de Qatar 2022 —ese que menciona a Diego, a Lionel y a “los pibes de Malvinas”—, Sacheri observó que “la única referencia extrafutbolística de ese cantito es a los pibes de Malvinas”. No las islas como territorio, aclaró: la guerra. Un país que, según sus palabras, “se hace eco de esa ausencia” hasta en los carteles de ruta que marcan la distancia en kilómetros a unas islas que no controla.

Esa doble obsesión nacional es el motor de sus dos últimas novelas. Demasiado lejos (Alfaguara, marzo de 2025) narra la Guerra de Malvinas desde Buenos Aires: la euforia inicial de una sociedad que seguía el conflicto a través de rumores y de una prensa controlada por la dictadura militar, sin saber con precisión lo que ocurría a miles de kilómetros. La novela sigue a personajes civiles —empleados, amigos que se reúnen en bares, una chica que le escribe cartas a su novio en el frente— mientras la victoria prometida se transforma, semana a semana, en silencio. “En la guerra de Malvinas estuvimos todos, pero preferimos recordar que no estuvo nadie”, dijo Sacheri al presentar el libro en México.
La segunda novela, Qué quedará de nosotros (Alfaguara, noviembre de 2025), completa ese díptico desde el lado opuesto. Tres soldados conscriptos —Carlitos, Antonio y el Conejo, de la clase de 1962— son reincorporados a filas en abril de 1982 y enviados a las islas. Lo que empieza como una aventura marcada por la curiosidad y la expectativa se convierte en una experiencia de frío, miedo y amistad como único refugio. Sacheri había concebido originalmente un solo libro con ambos escenarios, pero descartó la idea: era inmanejable en un solo libro. La solución fue un juego de espejos: los personajes de una novela están conectados con los de la otra.

El vínculo entre Malvinas y el fútbol no es, en la obra de Sacheri, una metáfora forzada. Es una constatación histórica. El partido de 1986 en el Estadio Azteca se jugó cuatro años después del fin de la guerra, ante una selección inglesa que representaba al mismo país que había combatido en el Atlántico Sur. Maradona nunca negó esa dimensión: la “Mano de Dios” fue leída por buena parte de la sociedad argentina como una revancha simbólica. El propio Sacheri lo formuló con precisión en una entrevista con El País en 2022: “Lo de Malvinas es una cosa impresionante. Es una guerra de 70 días, de los cuales los primeros 65 fueron felices”. Una guerra que el régimen militar vendió como victoria durante semanas, hasta que la derrota se hizo imposible de ocultar.
Cuarenta y cuatro años después de esa derrota, y cuarenta después del partido de México, Argentina e Inglaterra vuelven a verse en una semifinal mundialista. Lionel Messi, que a sus 38 años disputa lo que probablemente sea su último Mundial, declaró que el cruce será “especial” y que los ingleses son un “equipo poderoso”. Será su primer partido oficial contra la selección inglesa. El historial entre las dos naciones registra dos victorias inglesas (1962 y 1966), una argentina (1986) y un empate en 1998 (que Argentina ganó por penales), más una victoria inglesa en 2002.
Sacheri, que lleva décadas escribiendo sobre lo que significa ser hincha, prefirió este lunes no dar entrevistas. Su explicación fue, a su manera, más elocuente que cualquier análisis previo al partido: la ansiedad, dijo, le impide hilvanar más de dos oraciones coherentes. El miércoles, cuando el árbitro pite el inicio en Atlanta, esa ansiedad tendrá nombre y apellido, y también fecha: 43 años después de la guerra y 40 después del Azteca.

