El dolor de rodilla aumenta con la edad por el desgaste de músculos y cartílago

El dolor de rodilla aumenta con la edad por el desgaste de músculos y cartílago

El dolor de rodilla aumenta con la edad porque músculos, cartílago, huesos y ligamentos se deterioran con el paso del tiempo (Imagen Ilustrativa Infobae)

El dolor de rodillas con la edad no responde a una sola causa: suele aparecer por el desgaste acumulado de una articulación compleja, donde músculos, cartílago, huesos y ligamentos cambian con el paso del tiempo. Según Science Focus, ese proceso puede traducirse en rigidez, dolor y menos movilidad, aunque ciertos hábitos ayudan a reducir el riesgo.

La explicación parte de la propia anatomía. Las rodillas funcionan como mecanismos con varias piezas móviles, y el uso constante termina por pasar factura. Con la edad, los músculos que estabilizan la rodilla pierden fuerza y la densidad ósea disminuye. El cartílago que amortigua el contacto entre los huesos se adelgaza y los ligamentos pierden elasticidad, según detalla Science Focus.

El resultado para muchas personas es conocido: más rigidez, más molestias y una menor capacidad de movimiento. Ese deterioro también eleva el riesgo de lesiones y de artrosis, un punto central según Science Focus.

Qué aumenta el riesgo de daño en la rodilla

Entre los factores que más perjudican a las rodillas figuran el exceso de peso corporal, el calzado sin apoyo suficiente y los movimientos repetitivos que exigen mucho a las articulaciones. Las actividades con impacto en las piernas o con giros bruscos para cambiar de dirección también añaden tensión a la zona.

La fuente cita un estudio francés en el que investigadores hallaron un promedio de 1,7 lesiones de rodilla o tobillo por cada 1.000 horas de entrenamiento en atletas de parkour. La cifra no parece extrema a primera vista, pero el problema, según el texto, está en el daño acumulado a largo plazo.

El desgaste de la articulación eleva el riesgo de lesiones y de artrosis, según la explicación citada por Science Focus (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ese riesgo no se limita a disciplinas como el parkour. Investigaciones sobre bailarines de élite detectaron que las lesiones de rodilla, entre ellas los desgarros de menisco, están entre las más frecuentes.

En deportes como el fútbol, una lesión del ligamento cruzado anterior puede dejar a un jugador fuera de las canchas hasta un año. La revisión recogida por Science Focus añade que, entre 10 y 20 años, la mitad de quienes sufrieron esa lesión desarrolla artrosis asociada al daño inicial.

Correr, fuerza muscular y prevención

El texto también aborda una discusión habitual: si correr perjudica o no a las rodillas. La idea de que correr sobre asfalto equivale a golpear las plantas de los pies durante una hora está muy extendida, pero la investigación no ofrece una respuesta tan simple.

Un estudio comparó el riesgo de artrosis de rodilla entre corredores y no corredores y no encontró diferencias significativas. Esa conclusión refuerza la idea de que el ejercicio, incluso cuando implica carga, puede fortalecer las articulaciones en lugar de dañarlas por sí mismo.

La pieza destaca además el papel del entrenamiento de fuerza. Otro estudio concluyó que quienes practican estos ejercicios tienen un 20% menos de probabilidades de padecer artrosis que quienes nunca los han hecho.

El entrenamiento de fuerza, el calzado con amortiguación, la rodillera y la natación ayudan a proteger la rodilla y a actuar ante las primeras molestias (Imagen Ilustrativa Infobae)

Fortalecer los músculos que rodean la articulación, como los cuádriceps, también parece aportar beneficios. Esa protección muscular ayuda a estabilizar mejor la rodilla y a repartir de otra forma las cargas diarias.

Qué hacer ante las primeras molestias

El cuidado básico no se limita al ejercicio. El texto recomienda usar calzado con buena amortiguación y no restar importancia a las molestias leves, porque una lesión pequeña puede agravarse y convertirse en un problema más duradero.

Si ya hay dolor, una opción es usar una rodillera. Otra posibilidad es nadar, ya que algunas investigaciones apuntan a que, al no someter a la rodilla a carga, esta actividad puede favorecer la recuperación de lesiones menores y reducir el riesgo de problemas a largo plazo.

La idea final no pasa por evitar el movimiento, sino por cuidar la articulación antes de que el deterioro se vuelva más evidente. En esa línea, Science Focus plantea que las rodillas suelen responder mejor cuando se las protege de forma constante y se actúa ante las primeras señales de molestia.

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