Juli Puente vivió sus primeros días como madre desde la cama de la clínica con la misma apertura con la que transitó los nueve meses de embarazo: sus historias de Instagram fueron un registro continuo, sin filtros, de la llegada de Serena Miguelena al mundo.
El parto, ocurrido el 30 de junio de 2026, no siguió ningún plan. “Fue todo muy random, no teníamos ni billetera y terminamos pariendo. Yo lloraba de miedo y nervios”, escribió Puente en sus redes, donde prometió contar cada detalle en cuanto estuviera en casa. La bebé nació con 2,600 kilogramos y, según su madre, llegó “cuando y cómo ella quiso”. Horas antes del nacimiento, la influencer ya había dado señales desde sus historias: “Amigas, pasaron cosas. Porque no sería nuestra vida si no hay adrenalina”, escribió con solo el techo del hospital visible en pantalla. “Mucho para contarles. Estoy exhausta. Denme tiempo, pero ustedes tienen que saber antes que nadie que sin planificarlo… LLEGÓ EL DÍA”, cerró.


La noticia del nacimiento llegó acompañada de un video que comenzaba en blanco y negro, con la fecha en pantalla como primer dato. Luego, Facu Miguelena sentado al lado de Juli mientras Serena llegaba al mundo, y el primer contacto piel a piel entre madre e hija. “Bienvenida amor de nuestras vidas. No tenemos palabras para describir lo que sentimos en este momento. Nuestro 50/50”, escribió Puente. Minutos después sumó otra historia: la manito recién nacida de Serena con la pulsera de identificación del hospital —“Serena Miguelena” escrita a mano— sostenida por su madre. El texto que eligió fue tan breve como elocuente: “No tengo palabras”.
En uno de sus primeros videos desde la clínica, Puente filmó a Miguelena mientras desayunaba, con Serena sobre su propio pecho, y saludó a sus seguidores con un desenfadado “bueno, buen día, hermosa mañana”. Desde esa misma habitación de paredes color crema, la influencer acumuló imágenes que alternaron la ternura con el humor cotidiano del posparto. En una foto con el lecho blanco del hospital de fondo, Puente aparece con el cabello rubio suelto y una sonrisa contenida, la recién nacida apenas visible entre sus brazos. En otra, la sostiene contra su pecho con una mano y mira directo a la cámara. Allí reveló que había llevado aritos a la clínica con la ilusión de ponérselos a Serena desde el primer día, pero que el personal médico le explicó que debía esperar a que la niña alcanzara los 3 kilos. “Yo de mamá ansiosa y primeriza re manija llegué”, admitió con humor.


La noche también tuvo su propio registro. A las 3:04 de la madrugada, una imagen oscura mostraba una empanada a medio comer sobre una bolsa con cierre rosado, apoyada sobre una manta tejida de color rosa pálido. El texto era directo: “El after teta 
jaja”. Horas después, Puente apuntó el teléfono hacia el fondo del cuarto y fotografió a Miguelena inclinado sobre la cuna del hospital, con un pulgar femenino en primer plano señalándolo. “Aplausos para el papi que cambió 6 pañales con caca en una noche“, escribió, y agregó con ironía: “le sale tan bien que yo ni me acerco, el único que le puse yo lo hice mal”. Un video en blanco y negro completó esa secuencia: Serena al pecho, en un registro de textura íntima que contrastó con la agitación de las primeras horas.
El mediodía trajo una escena diferente. Puente fotografió a Miguelena recostado en un sillón claro junto a una ventana amplia, con una manta rosa sobre el cuerpo y un almohadón a cuadros rosados debajo de la cabeza. Detrás del vidrio se distinguían edificios de varios pisos bajo una luz diurna gris. “Su momento siesta del día es de mis favoritos. Verlos desde lejos así ya no existo”, escribió, y reconoció que los celos llegaban rápido: “Al toque me da celos y le digo tráemela q me necesita”.


El contexto mundialista se coló también en esos primeros días. Mientras Argentina disputaba su partido ante Cabo Verde por los dieciseisavos del Mundial 2026, Miguelena seguía el encuentro desde la televisión de la clínica. Puente registró la escena y la acompañó con una frase que resumía la situación: “No estaba en los planes este plan”, seguida de un emoji de risa. La selección terminó avanzando a octavos de final tras un triunfo sufrido en tiempo extra.

La última historia de esa primera secuencia volvió al centro de todo: la cabeza de Serena, con el cabello oscuro y la oreja diminuta expuesta, apoyada sobre el pecho de su madre, que le apoyaba una mano de uñas cortas y claras. “Lo único que me importa hoy es verla olerla y no perderme un solo segundo de ella y de nosotros 3″, escribió Puente.

