Cómo el color del plumaje de la lechuza modifica sus estrategias de caza

Cómo el color del plumaje de la lechuza modifica sus estrategias de caza

Los machos blancos de lechuza común cazan con más eficiencia en noches de luna intensa (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los machos blancos de lechuza común cazan con más eficiencia en noches de luna intensa, una ventaja que convierte su plumaje claro en un recurso útil y no en una desventaja para un depredador nocturno. Esa coloración parece favorecer una reacción de sobresalto en los roedores —su presa principal— más que camuflaje contra el cielo nocturno, lo que explicaría por qué su visibilidad bajo la luz lunar no perjudica la caza, sino que puede mejorar su eficiencia, según informó el portal científico Phys.org.

El trabajo, publicado en la revista científica Current Biology, analizó a 69 machos con una escala de color que iba del marrón rojizo oscuro al blanco brillante. Durante casi un año, los investigadores registraron sus trayectorias de vuelo, las inmersiones de caza y el resultado de cada ataque.

Para seguir sus movimientos, el equipo colocó dispositivos de alta tecnología con GPS, sensores de movimiento y registradores de presión del aire. Esos datos se compararon con un modelo digital tridimensional del paisaje que permitía identificar qué zonas del terreno quedaban iluminadas por la luna y cuáles permanecían en sombra.

Los investigadores siguieron durante casi un año las trayectorias de vuelo, las inmersiones de caza y el resultado de cada ataque (Imagen Ilustrativa Infobae)

Bajo la luna, las lechuzas blancas cazan con mayor eficiencia

Los autores detectaron que, bajo una luna brillante, las lechuzas blancas orientaban sus vuelos hacia la luna con más frecuencia que las rojizas. Ese ángulo aumentaba la cantidad de luz que incidía sobre el pecho y exponía más su plumaje claro ante las presas que estaban debajo.

Los machos blancos también elegían momentos más luminosos de la noche y áreas sin sombra para cazar. Cuando la luz era débil, pasaban a cazar más en la oscuridad, un cambio de conducta que el estudio interpretó como una elección táctica ajustada a esas condiciones.

Las lechuzas rojizas modificaron mucho menos su comportamiento y no parecieron aprovechar la luz lunar del mismo modo. La diferencia sugiere que el color del plumaje no solo altera la apariencia del ave, sino también su estrategia de búsqueda.

Esa diferencia de comportamiento se tradujo en los resultados. El principal no estuvo en cada ataque aislado, sino en el rendimiento total. La tasa de éxito de cada inmersión no cambió: tanto en áreas con luna como en sombras profundas, las aves tenían la misma probabilidad de capturar a la presa.

Las lechuzas blancas elegían momentos más luminosos y áreas sin sombra para cazar, mientras que con luz débil pasaban a cazar más en la oscuridad (Imagen Ilustrativa Infobae)

El plumaje blanco sobresalta a las presas, no las engaña

La ventaja de los individuos blancos apareció al medir la caza a lo largo del tiempo. En noches brillantes, capturaron más presas por hora y dedicaron menos tiempo a rastrear. La correlación era clara: a mayor intensidad lunar, más presas capturadas.

Aun así, de acuerdo con la publicación original, esa ventaja opera en una ventana temporal estrecha: la iluminación suficiente para activarla se concentra en las pocas noches alrededor de la luna llena y representa apenas el 4% del ciclo lunar. Durante esas noches, no obstante, la alta iluminación puede sostenerse durante hasta el 70% del período de caza activa.

Ese patrón refuerza una de las dos hipótesis que guiaron la investigación. La primera planteaba que el reflejo de la luna sobre las plumas podía sobresaltar a los roedores y hacer que se quedaran inmóviles o dudaran por un instante, de manera comparable al efecto de los faros sobre algunos animales; la segunda proponía que las plumas pálidas ayudaban a confundirse con el cielo nocturno.

El equipo concluyó: “Estos patrones son más consistentes con la hipótesis del sobresalto que con un escenario puro de coincidencia con el fondo”.

La pregunta de partida surgía de una aparente contradicción biológica. Las lechuzas blancas vuelan en silencio y se lanzan sobre sus presas con garras afiladas, pero su plumaje claro parecía, en principio, una señal visual demasiado evidente para un cazador furtivo. Los datos indican otra cosa: bajo determinadas condiciones de luz, esa aparente desventaja se convierte en un mecanismo que altera la reacción de los roedores, no en una función de ocultamiento en el cielo.

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