Celulitis, linfedema y lipedema: cómo identificarlas y cuándo consultar con un especialista

Celulitis, linfedema y lipedema: cómo identificarlas y cuándo consultar con un especialista

La celulitis afecta a entre 80% y 98% de las mujeres, pero hasta 40% puede tener linfedema o lipedema y confundir esas patologías con la piel de naranja (Imagen Ilustrativa Infobae)

Entre 80% y 98% de la población femenina presenta algún grado de celulitis a lo largo de su vida, pero cerca de 40% de las mujeres puede padecer linfedema o lipedema y confundir esas patologías con la llamada “piel de naranja”, de acuerdo con un artículo de profesionales de la Universidad San Jorge publicado en The Conversation. La diferencia es relevante, dado que la celulitis es una alteración estética, mientras que las otras dos condiciones requieren identificación y tratamiento para evitar progresión, dolor o limitaciones en la movilidad.

La celulitis, también llamada lipodistrofia ginecoide, aparece a partir de la menstruación y se origina por cambios en la estructura del tejido graso. Intervienen factores hormonales, vasculares, metabólicos y mecánicos, aunque la causa principal suele ser el aumento de los estrógenos, que modifica la organización del tejido adiposo y agranda los nódulos grasos.

Ese aumento de los adipocitos ralentiza la microcirculación porque comprime pequeños vasos sanguíneos. Como resultado, se acumula más líquido en las zonas afectadas y áreas con más grasa, como caderas o abdomen, pueden sentirse más frías al tacto.

Qué es la celulitis y por qué aparece en la piel

El aspecto irregular característico se produce por la disposición del tejido bajo la piel. Unas bandas fibrosas llamadas septos conectan la piel superficial con estructuras más profundas: en las mujeres están orientadas de forma vertical y en los hombres, de manera oblicua o cruzada.

Esta infografía detalla las diferencias entre celulitis, linfedema y lipedema, afecciones que pueden afectar al 40% de las mujeres (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando los adipocitos aumentan de tamaño y esos tabiques se vuelven más rígidos o pierden elasticidad con el tiempo, tiran de la piel hacia abajo mientras la grasa empuja hacia arriba. Esa combinación genera los hoyuelos visibles de la celulitis; en los hombres, la distinta orientación de los septos distribuye mejor la tracción y mantiene una superficie más uniforme.

El estrés, el sedentarismo, el tabaco y los anticonceptivos pueden agravar su gravedad. Aun así, los profesionales remarcaron que no provoca hinchazón progresiva de las piernas, no afecta al sistema linfático y no genera complicaciones clínicas relevantes más allá del impacto estético o emocional.

El linfedema, en cambio, es una enfermedad crónica del sistema linfático. Se caracteriza por la acumulación de líquido, por lo general en las piernas, debido a un fallo en el drenaje corporal, y puede afectar tanto la movilidad como la calidad de vida.

Los casos menos frecuentes son los de linfedema primario, originados por alteraciones en el desarrollo del sistema linfático. Lo habitual es el linfedema secundario, que aparece tras otros procesos, como la extirpación de ganglios linfáticos en cirugías oncológicas, por ejemplo, en pacientes con cáncer de mama, o después de radioterapia; también pueden desencadenarlo la obesidad y algunas infecciones.

El aspecto de la celulitis se produce cuando los adipocitos aumentan de tamaño y los septos fibrosos tiran de la piel mientras la grasa empuja hacia arriba (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cómo reconocer el linfedema y el lipedema

El linfedema suele producir pesadez, tirantez y a veces dolor. También es frecuente el aumento del volumen de la extremidad, visible al final del día, y la marca profunda que dejan medias u otras prendas sobre la piel por la acumulación de líquido.

De acuerdo con los protocolos de Cleveland Clinic, hay señales que lo distinguen de la celulitis: la piel afectada se vuelve tensa y cuesta tomar un pliegue, algo que se conoce como signo de Stemmer. La celulitis rara vez causa dolor o pesadez, no genera edema y suele afectar ambas piernas, mientras que el linfedema con frecuencia aparece solo en una extremidad.

El lipedema afecta casi exclusivamente a mujeres y puede confundirse con “celulitis fuerte”, piernas anchas o retención de líquidos. Se trata de un trastorno del tejido graso que hace que las piernas, y a veces también los brazos, acumulen grasa de forma simétrica, dolorosa y desproporcionada, incluso en personas con vida activa y alimentación cuidada.

Su causa exacta no se conoce por completo, aunque intervienen factores hormonales, genéticos e inflamatorios. Suele aparecer o empeorar en etapas de cambios hormonales como la pubertad, el embarazo o la menopausia.

Las mujeres con lipedema describen dolor en las piernas al tocarlas, moretones que aparecen sin causa aparente y persistencia del aumento de volumen en las piernas aunque el resto del cuerpo adelgace. Esos rasgos lo separan de la celulitis, que no duele, no produce hematomas y no engrosa las piernas de forma llamativa.

Frente al linfedema, el lipedema también tiene un perfil distinto. El primero suele afectar una sola pierna, progresa con los años y vuelve la piel tensa y dura.

El linfedema es una enfermedad crónica del sistema linfático que provoca acumulación de líquido, pesadez, tirantez y aumento del volumen, por lo general en las piernas (Mayo Clinic)

Cómo trata la fisioterapia el linfedema y el lipedema

De acuerdo con los autores, la fisioterapia ocupa un lugar central en el tratamiento del linfedema y el lipedema porque actúa sobre el tejido, la circulación y el movimiento. En el linfedema se utiliza la terapia descongestiva compleja, que reúne drenaje linfático manual, vendajes multicapa, prendas de compresión, ejercicios específicos y cuidados de la piel.

Ese abordaje reduce el volumen del edema, mejora la función de los vasos linfáticos y disminuye la fibrosis del tejido. El drenaje manual estimula las zonas sanas del sistema linfático para compensar el trabajo de las áreas dañadas, y los ejercicios suaves favorecen la acción de la bomba muscular, el mecanismo natural del retorno linfático.

En el lipedema, el objetivo cambia: se busca disminuir el dolor, mejorar la movilidad, reducir la pesadez y frenar la progresión del edema secundario que puede surgir en fases avanzadas. Como esta afección altera la grasa, el agua extracelular y los vasos sanguíneos pequeños, el drenaje linfático, la compresión adaptada y el ejercicio de baja carga ayudan a controlar los síntomas.

Los profesionales también enseñan estrategias de autocuidado, entre ellas ejercicios diarios, pautas de movimiento y recomendaciones para reducir la inflamación.

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