
El Mundial 2026 ya convirtió a El Salvador en un punto de encuentro donde mercados, hogares y espacios públicos se llenan de banderas, pantallas y artículos deportivos, mientras comercios ofrecen hasta 30% de descuento en pantallas y productos para el hogar para acompañar una celebración que se vive tanto en familia como en comunidad.
Esa fiebre futbolera también se instaló en los mercados del país. En San Salvador, Santa Tecla y otros recintos comerciales, los vendedores decoraron pasillos y locales con trofeos, camisetas, balones y banderas de selecciones como Argentina, Brasil, México y Holanda.
En los espacios públicos, lugares emblemáticos se adaptaron para seguir los partidos en pantalla gigante. La Biblioteca Nacional de El Salvador organiza dinámicas y espacios de convivencia, mientras restaurantes y plazas públicas de San Salvador reciben a familias completas.
Los mercados se volvieron vitrinas de la previa mundialista
Uno de los focos de esa ambientación es el Mercado Dueñas de Santa Tecla, donde los pasillos aparecen adornados con artículos vinculados al torneo. El Mercado Ex Cuartel de San Salvador también concentra esa oferta, con puestos dedicados a vender accesorios mundialistas.

La celebración comercial alcanza además al Mercado Central, al mercado Sagrado Corazón de Jesús y al Mercadito Tecleño. En todos esos recintos, la previa del campeonato aparece asociada a color, banderas y productos para los aficionados.
En el mercado de San Miguelito, en el local 224 del primer nivel en San Salvador, esa actividad comercial convive con una historia personal marcada por el duelo. Allí se encuentra Doña Edith Castillo, quien vende productos vinculados a Panini.
En un diálogo con un creador de contenido, Castillo explicó el origen reciente de ese puesto: “El negocio es de mi hijo que acaba de morir. Hace ocho días lo enterré”. Cuando le preguntaron por el motivo de su llegada a ese rubro, añadió: “Una larga historia. Vendí 25 años en el Liceo Salvadoreño. Me conocen como la señora de los juguetes. Ya vendía Panini ahí”.
Castillo relató que su recorrido laboral cambió durante la pandemia. “En la pandemia me hice vendedora de carne. Y ahora con lo del mundial me metí en esta locura”, dijo al creador de contenido.
La fiesta del fútbol también reorganiza la vida familiar
La celebración no se limita a la compra de accesorios o a la asistencia a fiestas para fans. En los hogares salvadoreños, el torneo funciona como excusa para reuniones familiares en torno a comidas tradicionales.
Entre los platillos que suelen acompañar los partidos aparecen panes con pollo, carne asada, platos de carne picada y bocadillos para compartir. La escena se repite entre amigos, familias y comunidades enteras que siguen cada encuentro como una experiencia colectiva.
En ese mismo intercambio, Castillo vinculó su emprendimiento con la memoria de su hijo, a quien describió como futbolista. “Él era futbolista. Acá está la foto de él”, dijo al creador de contenido.
Más adelante recordó cómo ambos habían impulsado juntos el negocio: “Íbamos, lo montamos entre los dos, mixa y mixa, pero yo le dije: ‘Yo tengo tanto dinero y montemos el negocio’, le dije. Pero él está en el cielo ya”.
La comerciante también habló de la pérdida reciente de su hijo, de 23 años. “A mi hijo lo voy a llevar acá en mi corazón para toda mi vida, porque fueron veintitrés años que Diosito me lo prestó. Hace ocho días, un día miércoles, lo enterré. Hace ocho días de ahora. Ahí estamos pidiéndole a Dios que nos dé fuerza y sabiduría y que nos agarre más de sus manos y que no nos suelte”.

