El “dolor dulce” de cientos de miles de personas en la despedida del Indio Solari: “Es el Dios de los rotos”

El “dolor dulce” de cientos de miles de personas en la despedida del Indio Solari: “Es el Dios de los rotos”

Agustina está sentada en el cordón de la vereda sobre la Avenida Bartolomé Mitre. Acaba de pasar frente al cajón que contiene el cuerpo del Indio Solari, tras esperar más de 10 horas en la fila. La joven de 28 años, ceba un mate y habla con Infobae. “El Indio es el dios de los rotos – arranca Agustina ya con lágrimas en los ojos-. Yo estuve dos veces al borde de la muerte y me salvó escuchar a los Redondos. Como les pasa a los cientos de miles que están acá en la despedida. Escuchan una canción de Solari y les cambia la cara.”

La despedida del Indio Solari arrancó el domingo a las 10 de la mañana en el Polideportivo José María Gatica en el medio del Parque de Domínico, en Avellaneda. Desde la noche del sábado cientos de miles de personas esperaron en calma la apertura de las puertas de la capilla ardiente.

La fila interminable de fans que atraviesa Avellaneda

La fila a media tarde del domingo ocupaba unas 70 cuadras y llegaba hasta el Puente Pueyrredón, en el límite de Avellaneda con la Ciudad de Buenos Aires.

Madre e hija lloran tras pasar por la capilla ardiente del Indio Solari (RS Fotos)

La despedida tiene dos sectores bien diferenciados. Antes de entrar a la capilla, cientos de miles de personas comparten cervezas, vasos enormes de fernet y esperan el momento de pasar frente al cajón. “Por momentos siento que estoy en la previa de un recital – admite Karina que llegó hasta Avellaneda desde La Matanza con su hija adolescente-. Después caigo en la cuenta de que murió el Indio y me largo a llorar. Y así toda la tarde.”

En cada cuadra de esta previa de la última misa ricotera suenan los parlantes como “bombas pequeñitas”. Entonces, se escucha Jijiji y se improvisa otra vez el pogo más grande del mundo. Carlos está con su bebé de seis meses y los ricoteros le hicieron un lugar para que pase. Antes, Infobae intentó hablar con él pero el padre no logra hablar. Sólo abrazó a su hija Ofelia de unos pocos meses y se perdió en la multitud rumbo a despedir a su ídolo.

En el pavimento de la Avenida Mitre hay un mural con la cara del Indio. Es ideal para la selfie que recuerde el paso de cientos de miles de personas por este momento histórico. Desde un caballete, Juan recibe los celulares de las parejas y grupos de amigos que luego se van a ubicar cerca de los ojos del Solari dibujado en la calle. Todas las imágenes irán directo a los posteos de Instagram de los fanáticos.

Cientos de miles de personas esperan para despedir al Indio Solari en Avellaneda (RS Fotos)

Ignacio llegó hace un rato a Domínico y ya compró un fernet. Espera a dos amigos antes de sumarse a la fila. “Los Redondos le pusieron palabras a todos mis sentimientos desde los 16 años. Y ahora ya tengo 45”.

El Indio ya es leyenda

Del otro lado de las vallas, el clima cambia. Se grita, se canta, pero ya se apaga el clima de previa de recital o misa ricotera que recorre la avenida Mitre desde el Puente Pueyrredón por unas 70 cuadras.

A medida que la fila avanza hacia el galpón de Avellaneda, los silencios se hacen más profundo. Junto a este cronista de Infobae camina Norma, una mujer de 70 años, que llegó a las 9 de la mañana desde La Matanza. “Nací en La Plata y fui a ver los primeros recitales de la banda a fines de la década del 70. Eran otros tiempos, mucho más difíciles. En esos primeros shows yo probé los famosos redonditos de ricota que repartían”, cuenta la mujer que lleva una pequeña bandera argentina.

Llega el momento de pasar frente al cajón y el silencio es total. Sólo se escuchan los pies que se arrastran por el cansancio en los últimos metros antes de estar frente al ataúd de Solari. Muchos de los que venían cantando y tomando fernet caen en la cuenta de que el ídolo popular murió. Atrás del cajón hay una foto de Solari y abajo la inscripción de su año de nacimiento (1949) y el símbolo del infinito. Los fanáticos pasan, algunos con su celular en alto, en silencio hasta que se escucha algún llanto desgarrado, un gracias o un aguante Indio. Entonces la pequeña multitud aplaude y se retira.

La fila sobre la Avenida Mitre en Avellaneda para despedir al Indio Solari (Jaime Olivos)

El dolor del final

Del otro lado de la valla quedan los que ya vivieron la peregrinación. Muchos lloran, se abrazan o tratan de entender lo que acaban de vivir. Suena música, pero el clima es otro. Se suceden abrazos apretados y más llantos. “Fue la voz de todos nosotros. La voz de la gente que nunca tuvo nada. Sólo tenían la esperanza de volver a ver un recital del Indio. Escuchar sus canciones y te sacaba una sonrisa”, explica Braian, de 38 años.

En el 2021, el Indio estrenó el tema Encuentro con un ángel amateur. El tema en el que comenzaba a despedirse de los ricoteros. “Yo ya no puedo cumplir/ Hazañas que prometí/Solo seguir cantando”, arranca la canción. “Solo me falta saber/La fecha y el lugar/ Y allí iré cantando”, cierra Solari en la canción como un presagio de todo lo que está sucediendo en Avellaneda con sus cientos de miles de fans.

Ricardo y Marta lloran abrazados. Tienen un poco más de 60 años y llevan, bajo la campera, remeras con la cara del Indio. “Nos conocimos en los primeros shows del Indio en Buenos Aires a mediados de la década del 80″, le cuenta la mujer a Infobae pese a que las lágrimas asoman en su par de ojos marrones. “Éramos pocos en los bares y ella me gustó desde la primera vez que la vi en el Parakultural”, agrega el hombre y abraza a Marta. Lloran juntos. “Si no hay amor que no haya nada entonces, alma mía”, canta el Indio y la pareja parece tener algo de consuelo.

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