Chikungunya: qué regiones de Europa, Estados Unidos y Asia podrían convertirse en nuevos focos, según un estudio

Chikungunya: qué regiones de Europa, Estados Unidos y Asia podrían convertirse en nuevos focos, según un estudio

El chikungunya es una enfermedad transmitida por mosquitos Aedes aegypti y Aedes albopictus, y su expansión preocupa a la comunidad científica global (Archivo REUTERS/Agustín Marcarián)

El chikungunya es una enfermedad que duele tanto que obliga a quien la tiene a encogerse. Su nombre viene de la lengua makonde —un pueblo del sureste africano— y significa exactamente eso: “el que se dobla”. Se transmite a través de los mosquitos, y el cambio climático está llevando esos insectos a lugares donde nunca habían llegado.

Un nuevo estudio advierte que 139 países ya están en zona de riesgo y que, antes de que termine este siglo, Europa central, el noreste de Estados Unidos y el este de Asia podrían convertirse en nuevos focos de la enfermedad. El trabajo fue publicado en la revista Frontiers in Cellular and Infection Microbiology.

Qianqian Zhang, Ling Zhang, y Ye Xu, entre otros, fueron parte del equipo que realizó el trabajo. Pertenecen a la Universidad de Medicina China de Zhejiang, el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Hangzhou y el Centro Tecnológico de Aduanas de Guangzhou en China.

Dos mosquitos, un virus sin fronteras

América del Sur es el continente con mayor porcentaje de área en riesgo de chikungunya, alcanzando un 83,41% según los modelos científicos (Imagen Ilustrativa Infobae)

El virus del chikungunya viaja en la picadura de dos mosquitos: el Aedes aegypti y el Aedes albopictus. El primero vive cerca de los humanos y se queda en zonas tropicales calientes. El segundo aguanta mejor el frío y puede instalarse en climas templados, como los de Europa o el norte de Asia.

Durante el brote del océano Índico de 2005-2006, el virus sufrió una mutación que lo hizo mucho más compatible con el Aedes albopictus. Desde entonces, el chikungunya dejó de ser un problema exclusivo de los trópicos y empezó a aparecer en regiones donde nadie lo esperaba.

Los estudios anteriores sobre el riesgo futuro del virus tenían un problema: usaban un solo modelo matemático para hacer sus predicciones, lo que genera mucha incertidumbre.

Además, mezclaban en un mismo nivel el clima, los factores sociales y los mosquitos, sin tener en cuenta que el clima primero decide dónde viven los mosquitos y que son ellos quienes después determinan dónde puede circular el virus.

Los investigadores de China adoptaron un enfoque diferente: modelar primero la distribución de los mosquitos y usar esa información como punto de partida para proyectar el riesgo del virus.

Se propusieron medir cuánto pesan los mosquitos en la propagación del chikungunya, proyectar ese riesgo bajo 16 escenarios climáticos posibles e identificar qué regiones del mundo deberían encender las alarmas.

Los números detrás del riesgo

Los investigadores recopilaron registros de presencia de los dos mosquitos entre 2015 y 2025, y del virus entre 2010 y 2022 (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores recopilaron registros de presencia de los dos mosquitos entre 2015 y 2025, y del virus entre 2010 y 2022. Los datos vinieron de la Instalación Global de Información sobre Biodiversidad y de HealthMap, una plataforma que rastrea brotes infecciosos en todo el mundo.

Tras filtrar y limpiar la información, quedaron 1.324 registros útiles de Aedes aegypti, 1.948 de Aedes albopictus y 1.700 del virus. Para el análisis usaron 19 variables relacionadas con temperatura y precipitación, más la altitud, todas obtenidas de la base de datos WorldClim.

Los modelos se construyeron con la plataforma Biomod2, que combina 11 algoritmos matemáticos diferentes. Usar varios algoritmos a la vez reduce el riesgo de equivocarse por confiar en uno solo. Para cada especie se generaron 330 modelos, de los que solo se conservaron los más precisos.

El hallazgo más llamativo fue que los mosquitos explican el 84% de la distribución del virus. El Aedes albopictus aportó el 72,47% de ese poder explicativo y el Aedes aegypti, el 11,92%. El clima importa, pero lo que realmente mueve al virus es dónde están sus mosquitos.

Hoy, el 21,26% de la superficie terrestre tiene condiciones aptas para la transmisión del chikungunya. América del Sur concentra el mayor porcentaje de área en riesgo por continente, con un 83,41%, seguida de África (42,67%) y Oceanía (41,77%). Europa apenas llega al 6,62%, pero las proyecciones indican que esa cifra subirá.

Las proyecciones futuras muestran una expansión hacia el norte: el noreste de Estados Unidos, el sureste de Canadá, el centro-norte de Europa y el este de Asia aparecen como nuevas zonas de riesgo para antes de 2100.

Al mismo tiempo, el calentamiento extremo podría reducir el riesgo en el corazón de los trópicos, porque las temperaturas superarían los límites que los propios mosquitos pueden tolerar.

El reloj corre desde 2040

Las proyecciones indican que países como Alemania, Reino Unido, Japón y China deben prepararse con sistemas de vigilancia y control para antes de 2040 (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores piden que países como Alemania, el Reino Unido, Japón y China pongan en marcha sistemas de vigilancia de mosquitos, capacitación médica y control comunitario antes del año 2040.

El argumento es directo: esas poblaciones nunca han estado expuestas al virus, no tienen defensas naturales contra él y podrían sufrir brotes masivos si el mosquito llega sin que nadie esté preparado.

El estudio reconoce sus límites. Los registros del virus pueden estar subrepresentados en África y el sudeste asiático, lo que introduce un sesgo geográfico en los datos de partida.

Los modelos tampoco contemplan factores como el crecimiento de las ciudades, el aumento de la población ni posibles mutaciones futuras del virus que podrían acelerar su expansión.

Otra limitación es que los modelos asumen que la relación entre el virus y sus mosquitos no cambia con el tiempo.

Los investigadores señalan que futuras investigaciones deberían incorporar herramientas estadísticas más sofisticadas e integrar variables socioeconómicas para obtener predicciones más afinadas sobre el avance de enfermedades infecciosas en un planeta que se calienta.

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