El noble gesto de River Plate con el Torino luego de la tragedia que cambió su historia: “Eterna amistad”

Corría el año 1949. El dolor en las tribunas del estadio Comunal de Turín era palpable. La ciudad italiana aún lloraba a sus héroes. Sin embargo, la tarde del 26 de mayo de aquel año, el fútbol, una vez más, intentó hacer de bálsamo para curar las heridas de una hinchada que había perdido a su equipo en un accidente aéreo apenas 22 días antes. River Plate y el Torino estaban a punto de escribir una de las historias de fraternidad más emotivas del deporte.

El 4 de mayo de 1949, el mundo del fútbol se detuvo. El avión que trasladaba al plantel del “Grande Torino”, uno de los equipos más dominantes de la historia de Italia, se estrelló contra la Basílica de Superga, en Turín. No hubo sobrevivientes. En un instante, desapareció un equipo que no solo ganaba partidos, sino que marcaba una época.

Aquel Torino era mucho más que un club: era el corazón de la selección italiana. Diez de sus jugadores solían vestir la camiseta nacional. Eran símbolos de un país que intentaba reconstruirse tras la guerra. Y, de repente, ya no estaban.

La foto antes de aquel partido

La magnitud del impacto fue tal que el funeral congregó a más de 500.000 personas en Turín, un testimonio del lugar que el “Granate” ocupaba en el corazón de Italia. El campeonato de la temporada 1948/49, en el que el Torino era líder a falta de cuatro jornadas, se dio por terminado tras el accidente y se le otorgó el Scudetto póstumo, un reconocimiento que igualó el récord de cinco títulos consecutivos logrado antes solo por la Juventus.

El “Grande Torino”, como se conocía a ese legendario plantel, dominó el fútbol italiano en la década de 1940. Entre 1942 y 1949, el club conquistó cinco campeonatos de Serie A, con figuras como Valentino Mazzolacapocannonieri con 29 goles en la temporada 1946/47- y Guglielmo Gabetto, máximo goleador del torneo 1945/46 con 22 tantos. En la temporada 1947/48, el Torino alcanzó los 65 puntos, cifra resultado de 29 victorias, siete empates y solo cuatro derrotas, datos que lo ubicaron como referencia del fútbol continental.

La tragedia se desencadenó cuando el equipo regresaba a Turín tras disputar un amistoso en Lisboa ante el Benfica, organizado para la despedida del capitán lusitano Francisco “Xico” Ferreira.

En medio del dolor, el fútbol respondió como mejor sabe hacerlo: con gestos. Y desde el otro lado del océano apareció River. El club argentino, a través de su presidente Antonio Vespucio Liberti, no dudó en tender la mano. El elenco de Núñez viajó a Italia para disputar un partido amistoso a beneficio de las familias de las víctimas. No fue solo un partido. Fue un abrazo.

River, además, no solo tuvo el gesto de viajar, sino que lo hizo con su plantel titular, con muchos integrantes de “La Máquina”, y dejó en Argentina a la Reserva para disputar el campeonato local, que se encontraba en momentos cúlmines. Incluso, la delegación realizó una visita al Vaticano, donde fue recibida por el Papa Pio XII.

El partido se disputó con un elenco que fue llamado “Torino Símbolo”, un combinado de los mejores jugadores de la Serie A, el 26 de mayo de 1949 en el estadio Comunal de Turín ante cerca de 60.000 espectadores. Antes del encuentro, el plantel de River presentó una ofrenda floral en el cementerio donde yacían los restos de los futbolistas fallecidos y rindió homenaje en la colina de Superga.

Los equipos formaron de la siguiente manera:

Torino Símbolo: Lucidio Sentimenti; Sergio Manente, Attilio Giovannini y Furiosi; Carlo Annnovazi y Achili; Giampiero Boniperti y Karl Hansen; Istvan Nyers, Benito Lorenzi y Pietro Ferraris.

River Plate: Amadeo Carrizo; Ricardo Vaghi y Lidorio Soria; Norberto Yácono; Néstor ‘Pipo’ Rossi y José Ramos; Ángel De Cicco; Óscar Coll, Alfredo Di Stéfano, Ángel Labruna y Félix Loustau. Completaron la delegación: Héctor Grisetti, Santiago Kelly y Juan Carlos Muñoz.

“No es en verdad un match, es una demostración de recursos en la que prima la más absoluta caballerosidad deportiva”, narró el compilado inédito que reveló el Museo River en el que se mostraron las imágenes del partido. Tras un duelo en el que se enfrentaron la escuela criolla de aquel entonces y la valentía italiana, el resultado indicó que no hubo vencedores ni vencidos: fue un 2-2. Los tantos los marcaron Nyers y Annovazzi para el conjunto local, y Labruna y Di Stéfano para los argentinos.

Desde entonces, Torino y River quedaron unidos por una historia que no eligieron, pero que supieron honrar. Cada aniversario en Superga no es solo un recuerdo italiano: también resuena en Núñez. Porque hay tragedias que separan, pero otras que, paradójicamente, unen para siempre.

Dos años después, en 1951, con motivo de los 50 años de fundación de River, Torino fue invitado a Buenos Aires para disputar un nuevo amistoso. En esa ocasión, ambas entidades acordaron que cada una utilizaría como casaca alternativa la camiseta del otro club cuando fuera necesario y oficializaron el intercambio de indumentaria. El Millonario utilizó ese uniforme alternativo durante 16 años y el elenco italiano incorporó la banda, en color bordó, a su indumentaria suplente. Luego, en 1952, se celebró otro amistoso que terminó 3-3.

En ocasión del 65° aniversario de la tragedia, Amadeo Carrizo, quien supo ser presidente honorario de River y protagonista de aquellos tres partidos, destacó el cariño recibido en Turín, en declaraciones difundidas por el club: “El gran cariño y afecto que recibió nuestra delegación durante sus dos permanencias en suelo turinés jamás podrán ser borrados de la memoria”.

Hoy, más de siete décadas después, el eco de aquel equipo sigue vivo. No en las estadísticas, sino en la emoción. Porque hay equipos que nunca dejan de jugar. Aunque el partido haya terminado demasiado pronto. El vínculo entre los clubes es recordado cada año con el lema “Eterna Amicizia” (Eterna Amistad) y esas palabras sintetizan todo.

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