
—Nunca me gustó llamarme Olimpia.
En la pantalla se recorta el perfil de una chica. La piel parda, la expresión cetrina en algún punto del horizonte. Detrás, un edificio con arcadas, iluminado. Luces amarillas, violetas. Si fuera Buenos Aires podría ser el Cabildo. Pero es México. Quizás sea el Zócalo, la plaza principal de la ciudad capital. La que es equivalente a la Plaza de Mayo. En la pantalla es de noche y la imagen dura apenas un instante antes de alejarse.
Llegó Él.
—Oye, ¿por qué nos grabamos? ¿Por tener un trofeo? ¿Un trofeo de mí?
En la pantalla un boulevard, un farol con un foco encendido y otro apagado, la vista del edificio iluminado de lejos y lo que lo rodea —probablemente sí sea el Zócalo—. Una habitación, la luna.
—Mamita, te lo juro por Dios, por mi vida, que yo no quería que ese video se difundiera.
—Mi amor: todas y todos cogemos. Hasta yo cojo. Eso no te hace una delincuente ni te hace una mala mujer, mi amor.
En la pantalla llega el día.
—Le digo: Bueno, voy a ir a denunciar. Por qué delito, no sé, por qué violencia, no sé, pero creo que a mí me está pasando algo que no está bien.

Ser Olimpia
Así empieza el tráiler de Llamarse Olimpia. Un documental estrenado en 2025 que muestra cómo una víctima de violencia digital se transformó en referente de un movimiento feminista que modificó leyes y amplió derechos en América Latina.
“Soy sobreviviente de violencia digital”, dice la mexicana Olimpia Coral Melo cuando se presenta. Como un subtítulo jamás buscado, una condición impuesta que casi logra acabar con ella. Y que, con ayuda de otras mujeres que la sostuvieron, empezando por su madre, se transformó en algo más. Algo que impactaría en toda la región y un poco más allá.
Tenía 18 años cuando su exnovio difundió un video íntimo con contenido sexual sin su consentimiento a modo de porno-venganza. Las imágenes no tardaron en hacerse viral en su país y ella se derrumbó.
“Lo primero que pasaba por mi cabeza era pensar que mi cuerpo, estigmatizado, no significaba más que una cosa sexual para la gente que me podía violar sin siquiera tocarme, para la gente que me violaba cada vez que compartía ese video. Y para las personas que decidieron unánimemente culparme a mí y no al agresor. Y lo decidieron de manera inconsciente por el machismo y la misoginia en un país, en una América Latina en donde nos culpan a las mujeres por las violencias sobre nosotras, como si nosotras tuviéramos la culpa de ello”, dijo al diario Tiempo Argentino en 2022, cuando vino al país para acompañar la presentación en Diputados de los proyectos de ley Belén y Olimpia.
“Cuando a mí me buscabas en internet —contaba en la misma entrevista— lo primero que encontrabas era mi video sexual no autorizado. Yo estaba estigmatizada en mi nombre, en mi piel, en mi cara; y que hoy esta reforma lleve mi nombre me da un tipo de justicia que yo no tuve”.
No fue instantáneo. Después de verse vulnerada en los más íntimo Olimpia vio afectada su salud mental, se deprimió e intentó acabar con su vida. Fue luego de entender, con la ayuda de su madre, quien se dedicó a explicarle que ella no tenía ninguna culpa sino que, al contrario, era la víctima de un delito, que Olimpia se decidió a hacer algo al respecto.
“Voy a ir a denunciar. Por qué delito, no sé, por qué violencia, no sé, pero creo que a mí me está pasando algo que no está bien”.

Lo digital es real
“Olimpia Coral Melo Cruz fue víctima de un tipo de violencia que no estaba reconocida en nuestra legislación”, dice a un micrófono una dirigente en un estrado del Congreso mexicano en el avance del documental, antes de que aparezcan las imágenes de lo que vendría después: el empoderamiento, el apoyo, la lucha multiplicada. La transformación.
Todo comenzó en Puebla, donde nació. Cuando estuvo lista, Olimpia empezó a reunirse con otras mujeres para combatir la violencia de género digital. Luego se mudó a la Ciudad de México y cofundó, con otras compañeras, el Frente Nacional para la Sororidad con la meta de prevenir esas prácticas y acompañar a mujeres víctimas de este tipo de violencia que no estaba comprendida ni tipificada en ninguna norma, que no tenía marco legal.
En marzo de 2014, con 24 años, presentó un proyecto de ley en el Congreso de Puebla.
Persistió. Persistió. Persistió. Siete años.
El 29 de abril de 2021, la Cámara de Diputados Federal aprobó la Ley Olimpia, que reformaba el Código Penal y tipificaba la difusión de material íntimo como violación a la intimidad. La norma se sancionó con 446 votos a favor y uno en contra. Así, la lucha que desde 2018 venía ganando, estado por estado, tomó carácter nacional. Para fines de ese año, 29 de los 32 estados mexicanos —contando la Ciudad de México— la habían aprobado.
Olimpia Coral Melo no pudo condenar a quien había difundido imágenes suyas, pero se aseguró de que existiera una medida para que nadie volviera a ejercer ese tipo de violencia impunemente. Le puso nombre y pena a lo que entonces no lo tenía. Logró que la violencia digital se reconociera legalmente, comenzara a prevenirse y se castigara hasta con seis u ocho años de prisión —según el territorio— a quienes compartieran contenido íntimo sin consentimiento y vulneraran la intimidad de las personas.
La conquista no terminó en México. Otros países de Latinoamérica se hicieron eco rápidamente de la Ley Olimpia y encarnaron la misma pelea, al mismo tiempo.
Chile aprobó en 2020 la Ley Pack, que penaliza la divulgación de material íntimo digital no autorizada; en Panamá, el anteproyecto para prevenir la violencia digital, promovido en parte por la visita de la activista al país, se presentó en agosto de 2024 y se aprobó a fines del mismo año, convirtiéndose en el tercer país de la región en sancionar la Ley Olimpia.

El segundo fue Argentina. En 2022 se presentaron dos proyectos de ley, Belén —llamada así por Belén San Roman, también víctima de la difusión no consentida de material íntimo, de la Ciudad de Bragado (provincia de Buenos Aires), que acabó por suicidarse por no soportar la exposición— y Olimpia que, inspirada en la norma mexicana, buscaba incorporar la violencia digital a la Ley de protección integral a las mujeres. Olimpia Coral Melo integró el grupo que presentó los dos proyectos que apuntaban a la protección de los derechos y la privacidad de las personas en el ciberespacio.
En 2023, con 191 votos a favor, dos en contra y una abstención, el proyecto de la ley Olimpia obtuvo media sanción en la Cámara de Diputados y fue aprobado definitivamente y convertido en ley (27.736) en el Senado de la Nación, el 29 de septiembre, ese año. Menos de un mes después, el 23 de octubre, era promulgada y publicada en el Boletín Oficial.
Conocida como Ley Olimpia Argentina, la norma 27.736 introdujo modificaciones a la Ley 26.485, de protección integral a las mujeres, tomando como modelo la norma mexicana que incorporó la violencia digital como una modalidad de violencia de género y la definió como “toda conducta, por acción u omisión, basada en razones de género, que, de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, en el espacio analógico digital, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, participación política, como así también su seguridad personal. Quedan comprendidas las perpetradas desde el Estado o por sus agentes”.
Además del reconocimiento de la violencia digital como un tipo de violencia de género, la norma sanciona el ciberacoso, la extorsión y difusión no consentida de material íntimo en plataformas o redes sociales; protege el derecho a la dignidad, reputación e identidad de las mujeres en los espacios virtuales; y brinda a la Justicia el poder de dictar medidas cautelares, como la orden directa a las plataformas digitales de eliminar el contenido que genere violencia.
“Y para 2025, activistas y sobrevivientes de violencia digital en Colombia, Uruguay, República Dominicana, Honduras, Bolivia, Guatemala y otros países de la región, luchan para que la Ley Olimpia llegue a sus países”, dicen en un documento titulado “Ley Olimpia: memoria histórica de una causa que iniciaron las víctimas de violencia digital” las Defensoras Digitales de América Latina, el grupo dentro del Frente Nacional para la Sororidad que impulsó la ley en México.
Al final del texto que repasa lo logrado, antes de un cuadro con observaciones al borrador de la ley modelo interamericana para prevenir y erradicar la violencia digital contra las mujeres, una dedicatoria: “A las víctimas, a las que decenas de veces que nos regresamos con el cuerpo roto y la piel herida cuando íbamos a denunciar y nos dijeron que no había delito que perseguir porque lo virtual no era real. Por las decenas de señalamientos sociales y las decenas de voces que nos juzgaron por nuestro cuerpo desnudo exhibido sin consentimiento en internet. Por las muchas que quisimos morir y sentimos vergüenza de nuestros cuerpos cuando nos enfrentamos en nuestros países al aparato del Estado y nos dijeron que de esta violencia no podíamos hacer nada. Por ellas, por nosotras, por el camino recorrido, para que hoy nuestras voces tengan justicia en una ley modelo que forjamos juntas y que se inspira en la lucha colectiva a la que llamamos la Ley Olimpia”.

Combatir el fuego con fuego: OlimpIA, tecnología digital para prevenir la violencia digital
En 2020 el municipio de Huauchinango, Puebla, declaró a Olimpia Coral huauchinanguense distinguida. En 2021, fue reconocida como una de las cien personas más influyentes del mundo por la revista Time. En 2025, se estrenó Lamarse Olimpia, el documental sobre su vida y su lucha, dirigido por Indira Cato. El film ganó el Premio Mezcal a Mejor Película Mexicana en el 40° Festival Internacional de Cine de Guadalajara y a Mejor Largometraje Documental en el Festival Internacional de Cine de Morelia.
De seguro, de haber podido elegir, Olimpia hubiera preferido no ser protagonista de tanto reconocimiento derivado de haber sido protagonista, antes, de una vulneración salvaje que se reproducía cada vez que aparecía en una nueva pantalla de teléfono. Pero lo que logró una vez que se repuso fue sin precedentes. Quizás cerrando el círculo de lo que empezó en la intimidad y escaló a la virtualidad, en 2024 se lanzó una herramienta para prevenir y acompañar, desde la misma virtualidad, las situaciones de violencia que pueden desprenderse de la intimidad: OlimpIA.
“Nosotras nunca nos propusimos ser defensoras digitales”, dice Marcela Hernández Oropa, co-fundadora de la Red Latinoamericana de Defensoras Digitales y asesora e impulsora de la Ley Olimpia en México y América Latina, en una entrevista para la revista La Savia, una publicación con perspectiva de género de Oaxaca, México.
Es que dentro del grupo inicial cofundado por Olimpia, el Frente Nacional para la Sororidad, nació un subgrupo que fue especializándose en el acompañamiento de víctimas de violencia en internet, acercando atención legal y psicológica. De un lado de la pantalla, las activistas que bregaban por los derechos y defendían a quienes padecían este tipo de vulneraciones, del otro, quienes las vivían. La combustión fue instantánea.
“Todo comenzó con los mensajes desesperados que llegaban a nuestras redes sociales. Mujeres nos escribían para decirnos: ‘Me pasó lo mismo que a Olimpia’. Al principio sólo respondíamos con empatía y escucha. No era nuestra intención crear una estructura de atención. Pero el dolor era tanto y tan repetido, que tuvimos que organizarnos”, dice Hernández Oropa.
El pico de consultas ocurrió durante la pandemia. Recibían hasta treinta casos por día de violencia digital en escalas que iban desde el acoso en línea hasta la difusión no consentida de imágenes íntimas. Sostener la atención y el acompañamiento era un desafío y necesitaban encontrar una manera para responder a todas las víctimas, canalizar cada caso sin horadar la propia salud mental y emocional. Pensando estrategias nació una idea: quizás la tecnología, la misma que mal utilizada dañaba a tantas, podía ser aprovechada para revertir la situación. Por qué no ponerla de su lado y crear un servicio que ofrezca una atención personalizada y empática, que acompañe y acerque soluciones.
En algunas conferencias Olimpia Coral Melo ya había hablado sobre su preocupación respecto a que los algoritmos de las empresas que dominan el mundo virtual responden a códigos patriarcales, alimentando la lógica mercantilista que cosifica los cuerpos, principalmente de las mujeres. Y tenía frente a eso una nueva meta: intervenir en el ciberespacio para volverlo un entorno más seguro para las mujeres.
La magia sucedió en 2023, cuando la activista hablaba de esto de forma encendida en el escenario del Woman Economic Forum, sin saber que entre sus oyentes estaba Edith Contla, directora de estrategia de AuraChat.Ai, una compañía que crea y pone a funcionar agentes de IA autónomos. “Edith se conmovió tanto que al terminar la conferencia se acercó y dijo: ‘Queremos poner nuestros servicios al servicio de la causa’ —recordó Hernández Oropa—. Así empezó todo”.

Ese todo consistió en un trabajo minucioso y en equipo de más de medio año, en intercambios sobre el diseño, la capacitación al equipo técnico —que fue formado sobre violencia digital—, los debates en torno al lenguaje, la voz, y hasta la manera de saludar que tendría la nueva IA. Una que, desde la creación de su código, estaba dirigida a contener y acompañar.
Creada en México por un equipo integrado mayoritariamente por mujeres, para septiembre de 2024 OlimpIA estuvo lista para su presentación en sociedad.
No es un chatbot. Es una plataforma que “integra 37 inteligencias artificiales distintas, con capacidad de interacción en 30 idiomas y un nivel de conversación profundo”, definen desde La Savia. La IA, creada especialmente por mujeres para mujeres, fue diseñada teniendo en mente a personas que están atravesando momentos de crisis. Recibe mensajes de texto y de voz, y puede responder de ambas maneras. Ofrece contención psicoemocional mediante la escucha empática, le recuerda a quien la utiliza que la violencia nunca es responsabilidad de quienes la padecen; asesora sobre ciberseguridad; identifica marcos jurídicos que puedan aplicarse al caso, entendiendo que la mirada punitivista no es la única vía; y transmite que hay toda una comunidad de pares dispuesta a abrazar y acompañar.
“Para nosotras, lo comunitario es lo que va a salvar al mundo. Una comunidad que contiene la violencia en lugar de propagarla rompe con el ciclo del abuso”, asegura Hernández Oropa.
Cada caso necesita una respuesta diferente y OlimpIA está entrenada para facilitarla. Y en casos de que la IA no pueda darla o quien atraviesa una situación de violencia lo requiera, la herramienta hace la derivación a una mujer que brinda escucha activa y despliega una red de contención. El mensaje para quien la utilice es nítido, dicen sus creadoras: no estás sola.
La IA puede utilizarse desde WhatsApp y con un código QR que se ofrece en la cuenta de Instagram @leyolimpialatam. Opera de modo privado y brinda respuestas las 24 horas, los siete días de la semana, en más de 50 idiomas. Además, trabajan en versiones que funcionarán a través de llamadas telefónicas, especialmente para aquellos lugares sin conectividad.
En Argentina está disponible desde el año pasado. El sitio web de la Ciudad de Buenos Aires anuncia su disponibilidad y, entre otros datos, destaca que OlimpIA “detecta y clasifica distintos tipos de violencia digital en tiempo real; brinda apoyo emocional inmediato; ofrece orientación legal adaptada por país; aporta alertas, detecta riesgos y genera reportes para prevenir y actuar”. También señala que se diferencia del resto de las herramientas porque “acompaña y orienta, no solo modera como otras IA. Incorpora perspectiva de género y enfoque en derechos humanos. Usa lenguaje cálido y libre de revictimización”.
Sobre el final, los números: “Acompañó a más de 8.000 personas. Creció de 100 a más de 1.300 consultas mensuales. Fue reconocida como proyecto innovador en el AI Action Summit 2025 (París)”.
En México los números muestran que entre febrero de 2025 y febrero de 2026 OlimpIA recibió cerca de 12.500 mensajes y asistió a más de 2.300 víctimas, principalmente en Ciudad de México.
Ser Olimpia no fue nada sencillo para Olimpia Coral Melo. Pero cuando alzó la voz retumbó en los suelos tangibles y virtuales. Y movió los límites. Hoy su nombre, ese que repudiaba, es sinónimo de conquista, de reivindicación, de lucha para que los entornos digitales sean sitios cada vez más seguros y libres de violencia. Su nombre es sinónimo de reparación.

