La noche en la que River volvió al Monumental después del Mundial 78 y goleó a Central en medio de una maratón de tres partidos en tres días

El golazo de Ramón Díaz a Rosario Central para abrir el marcador

Habían pasado casi tres meses, pero los ecos de la gloria no se acallaron. El estadio de River Plate, con su monumental imponencia, había sido el escenario de la inolvidable final ante Holanda y en cada uno de sus rincones, todavía habitaban los duendes de una fiesta inolvidable. Sin embargo, River no había vuelto en forma inmediata a utilizar ese mítico césped en el torneo local, manteniendo el hábito adquirido a partir del ’77, de hacer de local en campo de Huracán. Y lo haría en medio de una maratón increíble, donde disputó tres partidos oficiales en la misma cantidad de días.

Sus puertas se habían cerrado a fines del ’76, para dar inicio a las remodelaciones que exigían los organizadores de la Copa del Mundo. La gente se detenía allí y, como un paseo familiar más, desde afuera, contemplaba cómo iban avanzando las obras, de esa mole inaugurada en la lejanía de 1938. El impacto mayúsculo fue ver cómo se cerraba definitivamente el anillo superior, dejando de lado la forma de herradura, que había sido un sello distintivo.

José Van Tuyne disputa el balón con Rubén Galletti

Era una extraña sensación. Parecía que se intentaba mantener la magia acunada en ese 25 de junio, donde 25 millones de argentinos jugamos el Mundial, como decía la canción, poniendo el hombro, la pasión y las cábalas por el cuadro de César Luis Menotti, que saldó la vieja deuda del fútbol argentino de ser el mejor del planeta. Como si el hecho de abrir las puertas, ahuyentara para siempre ese halo único. Había llegado el momento del regreso: domingo 17 de septiembre frente a Rosario Central.

Muy lejos había quedado aquella tarde de diciembre del ’76, cuando venció a Atlanta por 2-0 con goles de Leopoldo Luque y Pinino Mas, que marcó el último partido oficial allí, antes de las refacciones y ampliaciones. Muchos soñaban con que sería el lugar donde la Selección pudiese dar la vuelta olímpica, pero pocos podían suponer que iban a transcurrir 21 meses sin que River actuase en forma oficial allí por el torneo local y con la única excepción de un match frente a Independiente en el mes de julio por la Copa Libertadores. En el resto de la fase de grupos de ese torneo, continuó actuando en campo de Huracán.

El tablero en la noche del regreso al Monumental

En el Metropolitano ’78, River tuvo un arranque arrollador, con un Alonso reverdeciendo sus mejores momentos, hecho que provocó su convocatoria a la Selección, a falta de apenas un mes para el inicio de la Copa del Mundo. A partir de allí, huérfano del Beto, se fue desvaneciendo, perdiendo puntos y calidad en dosis iguales, sumado al comienzo de una nueva participación en la Copa Libertadores, la añeja obsesión.

Para sumar un detalle sobresaliente, en la edición ’78, el campeón defensor era nada menos que Boca Juniors, por lo que el deseo iba en aumento, casi como con la misma voracidad, que en el plano ofensivo, caracterizaba a los equipos de Ángel Labruna, que contaba con un rutilante plantel compuesto por cinco campeones mundiales: Ubaldo Fillol, Daniel Passarella, Norberto Alonso, Leopoldo Luque y Oscar Ortiz, que se sumaban a otros excelentes valores como Juan José López, Reinaldo Merlo y el inoxidable ganador que encarnaba Pedro González.

Enorme atajada de Fillol en la Bombonera por la Copa Libertadores

Se preparó todo para que ese domingo sea una fiesta, a despecho de esa 12° posición en la tabla, distante 12 puntos del líder, que era Boca. Pero cuando estuvo lista, el peor de los invitados se hizo presente y fue la lluvia, que obligó a postergar el cotejo por 24 horas, trasladándose al lunes 18 por la noche. Fue una complicación desde todos los ángulos, porque el frío, la llovizna, la lejanía de la cima de las posiciones y la falta de titulares ante la inmediatez de la Copa Libertadores, hizo que solo se registraron 1043 entradas vendidas, lo que le dio al estadio una inmensidad más monumental.

Los pocos que dieron el presente, disfrutaron de una buena actuación del equipo, que se impuso por 3-0, pero también del moderno tablero electrónico, que era como el chiche nuevo, donde no solo apareció la palabra GOL en cada tanto de los Millonarios, sino Uyyy o UHHH cuando la pelota salió cerca de alguno de los postes. Fue el reencuentro con la victoria después de siete fechas. En poco más de media hora se puso en ventaja y la primera conquista allí, tuvo un guiño del destino, porque fue un golazo al ángulo de un chico que apenas tenía un puñado de partidos en primera división y que iba a gritar muchos más en ese estadio y con la banda roja: Ramón Ángel Díaz.

River visitando a San Lorenzo el miércoles de esa misma semana

El Pelado actuó como número 10, que era su posición natural en aquellos tiempos iniciales de su notoriedad. No faltaba mucho para que cambiara para siempre su sitio en la cancha, ya que poco tiempo después, al ser convocado a la selección juvenil, el sabio ojo de César Menotti lo ubicó como centro delantero, gracias a su pique demoledor, y haciendo dupla con el otro pibe que jugaba en el mismo lugar, pero que finalmente se quedaría con la número 10. Un tal Diego Armando Maradona.

En el complemento, llegaron los goles de Rubén Galletti y Héctor Ramón Sosa, el compadre futbolero del Pelado en las inferiores y en aquellas épocas fundacionales de la primera división, que luego no tuvo continuidad. En el banco de la visita estaba Carlos Timoteo Griguol, al comando de un Central que nunca estuvo en partido, pese a contar con buenos futbolistas, como la potente y goleadora delantera que conformaban Ramón Bóveda, Guillermo Trama y Félix Orte. O la buena defensa de Jorge González, José Van Tuyne (mundialista en el ’82), Oscar Craiyacich y Jorge García. Estos dos últimos, años más tarde, vestirían la casaca de River Plate.

Pero los Millonarios no tenían demasiado tiempo para festejar esa vuelta al triunfo. Labruna atendió rápidamente a los periodistas y partió rumbo a la concentración para encontrarse con sus titulares, que solo 24 horas más tarde, tendría un durísimo compromiso. Arrancaba el grupo semifinal de la Copa Libertadores, teniendo que visitar a Boca, en la zona que ambos compartían con Atlético Mineiro. Fue un empate en cero, en medio de un campo de juego embarrado por las persistentes lluvias, más acorde al estilo peleador del cuadro de Lorenzo que al depurado trato de pelota de River. La gran figura de la noche fue el Pato Fillol, quien salvó tres claras situaciones de gol.

Héctor Sosa y Jorge Olguín en la noche del viejo Gasómetro

Emilio Nicolás Commisso se había ido ganando lentamente un lugar entre los titulares por su dinámica, su buena ubicación y la posibilidad de bajar varios metros para ayudar en la recuperación de la pelota, más allá del mentiroso número 11 que lucía en su espalda. Se le reconocía una gran capacidad aeróbica. Quizás por eso, en una situación casi imposible en esta época, Angelito lo ubicó como titular en los dos partidos.

Fue un punto importante el logrado en la Bombonera, pero tampoco aquí hubo espacio para celebración alguna, ya que Angelito debió repetir lo hecho el día anterior, y regresó a la concentración para sumarse al plantel que había vencido a Central y aguardaba para enfrentar a San Lorenzo 24 horas más tarde, para cumplir con la insólita maratón de los tres partidos oficiales en la misma cantidad de días.

La disputa del Mundial ’78, obligó a desarrollar una gran cantidad de jornadas del Metropolitano entre semana, casi sin descanso. La número 32 estaba estipulada para ese miércoles 20 de septiembre, y así se hizo. River se presentó en el legendario gasómetro de Avenida La Plata en horas de la noche, para cumplir con el extenuante fixture, enfrentando a un equipo que era dirigido por una gloria del cuadro de la banda roja como Adolfo Pedernera. Comenzó perdiendo, pero el implacable Rubén Galletti le puso la chapa del 1-1 definitivo a 15 minutos del final.

Hubo dos detalles curiosos en ese partido. El primero fue que el árbitro Oscar Veiró se lesionó a poco de iniciado el segundo tiempo, dejando su lugar a un joven juez línea, que debutó allí y tendría una extensa y reconocida carrera: Francisco Lamolina. El otro fue que Labruna le dio descanso a Emilio Nicolas Commisso…

Allí si River pudo reponerse del desgaste, pero no por demasiado tiempo. La locura de la programación, sumada a su participación en la Copa Libertadores, determinó que el lunes 25 venciera 4-0 a All Boys en el Monumental (otra vez se postergó 24 horas por la lluvia), el miércoles 27, con equipo alternativo, recibió una estruendosa goleada ante Unión en Santa Fe por 5-0 y, un día después, superó 1-0 como local a Atlético Mineiro.

El regreso al Monumental le hizo bien a River, porque desde el cotejo con Rosario Central en septiembre del ‘78 se mantuvo 41 partidos invicto en ese estadio, con 28 triunfos y 13 empates. Recién perdió el 23 de marzo de 1980 frente a Vélez por 1-0. Eran tiempos gloriosos, de muchos títulos, como ese tricampeonato de los dos torneos del ‘79 y el Metropolitano del ‘80 y un diáfano cielo lleno de estrellas futboleras.

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