—¿Cómo comenzó tu pasión por la música
—Yo soy folclorista hace veintidós años.
—¿Cuántos años tenés?
—Tengo veintiocho.
Cuando el Tiny Desk de Milo J desplegó una ráfaga de argentinidad a la National Public Radio de Washington hace mas de siete días, el país celebró la llegada de un artista que llevaba a los ojos del mundo elementos de nuestra cultura. El Martín Fierro, Mercedes Sosa, el “Nunca Más”, las Islas Malvinas. Nuestros ritmos. Dentro de los talentosos músicos que acompañaban al artista, Tamara Meschller se robó los corazones de la audiencia tocando cuatro instrumentos en una sesión de 16 minutos. “Yo quiero que hablemos más de esta reina porque es tremenda artista”, expresó una usuaria de X, hechizada por su actuación, poco después del lanzamiento.
Las mas de 5 millones de visualizaciones que viene recibiendo el video de la “oficinita” de Milo (hasta el momento), para la multinstrumentista se traducen en una avalancha de mensajes y demostraciones de afecto cada vez que abre el teléfono. “Es una locura lo que pasó. Es hermoso el cariño de la gente y los mensajes son muy lindos. Muchos seguidores nuevos también en mis redes, gente que me está conociendo por esto. La verdad que me da mucho orgullo. Así que estoy muy feliz» , repite a Teleshow la violinista nacida en Rafaela, Santa Fe, directora de orquesta y hoy un eslabón de ese fenómeno distinto que es Milo J, mientras navega días de visibilidad internacional.


En un momento de descanso luego de un showcase privado en Miami, antes de aterrizar en Paraguay y en el Estadio Nacional de Chile durante mayo, entre horas de ensayos, aviones y gira, la artista recuerda al teléfono los fines de semana acompañando a su padre músico desde muy temprana edad, su formación musical luego de asistir al colegio y la concreción de una meta como directora de orquesta por la Universidad Nacional del Litoral. “Me parece reimportante que le demos ese valor que tenemos en Argentina de la educación pública, porque a mí me abrió muchísimas puertas”, dice.
En la charla aparecerá su compromiso para que mayor cantidad de mujeres tengan visibilidad en el mundo de la música; la tormenta de nieve que postergó su primer intento para conquistar el escritorio del NPR Music que pisaron desde Dua Lipa, Coldplay y Adele a Ca7riel & Paco Amoroso, Natalia Lafourcade y Bad Bunny; el valor de las orquestas-escuela; la reivindicación de la “Argentina marrón” frente al “porteñocentrismo” y cómo ya tachó varios sueños cumplidos, pero uno solo la entusiasma por demás y la conmueve. “Mi hija te vio y la anoté en la escuela de música de mi pueblo”, cuenta, sobre esos mensajes que le llegan como simientes.


—El resultado final del Tiny Desk con Milo J está a la vista y es hermoso. ¿Tuvieron algunos inconveniente antes de grabarlo?
—Fue un proceso largo. Pensamos varias veces que se iba a hacer y se suspendía por diferentes cosas. Una tormenta de nieve nos pasó en enero, que estábamos por ir a Estados Unidos y no pudimos llegar. Ya estábamos a mitad de viaje y se suspendió por una tormenta que tenían ahí, así que se pospuso hasta ahora y lo pudimos hacer recién en marzo. Fue de mucha satisfacción y alivio que saliera todo bien. Lo recontra disfrutamos.
—Sos multinstrumentista y te volviste muy viral porque tocás violín, flauta y algunas cosas más en la presentación junto a Milo. ¿Cuántos instrumentos tocás?
—Hicimos violín, flauta traversa, pinkullo y siku. Agregamos para la canción de Milo “Solifican12″ los vientos andinos. Eso tuvo una repercusión espectacular. Es algo que estamos haciendo en todos los shows y, si bien yo sé que a la gente le gusta, no me esperaba que llame tanto la atención. Es hermoso todo lo que puedo decir de este momento de visibilidad. También canto, toco algo de piano por mi formación. En realidad soy directora de orquestas. Estudié en la Universidad Nacional del Litoral, estudié dirección orquestal, así que en realidad mi profesión es esa. Toda la vida estudié instrumentos. Me gusta incursionar en cosas nuevas. Faltó la quena también, quena también toco. Pero no mucho más, lo otro no lo hago de manera tan profesional.
—¿Qué te sucede con este reconocimiento que te dieron en las redes?
—Es hermoso el cariño de la gente y los mensajes son muy lindos. Muchos seguidores nuevos también en mis redes, gente me está conociendo por esto. La verdad que me da mucho orgullo que así sea. Así que estoy muy feliz.
—Contame cómo fueron tus primeros pasos en la música.
—Nací con el folclore en mi familia, mi papá es músico. A los seis años me subí con él al escenario, y él me acompañó toda la carrera. En ese momento y a esa edad le expresé el deseo de saber música y de querer estudiarla. En mi ciudad, que es Rafaela, Santa Fe, hay una escuela municipal de música que tiene una formación espectacular. Es como un terciario que hacés mientras cursás la primaria y la secundaria. Es una tecnicatura.

—¿Qué recuerdos tenés de esos años de formación?
—Estudié toda la vida en esa escuela, estudié violín y flauta traversa de una manera más académica, si se quiere. Después estudié Dirección Orquestal y me fui a vivir a Buenos Aires, pero siempre con el folclore. Toda la vida toqué folclore en la banda de mi papá primero y después acompañando a otros artistas. Ese lugar a mí me hace muy feliz. En este caso con Milo, me da muchísimo orgullo estar junto a un artista tan joven y tan talentoso. Por la diferencia de edad que tenemos, yo lo veo triunfar y me emociona estar en el lugar de música de él, ahí a un costadito, viéndolo brillar.
—¿Qué importancia le das a la educación pública
—Toda mi formación, los colegios primario y secundario, la tecnicatura que hice en la Escuela Municipal de Música, mi licenciatura, todo lo hice en la educación pública. Para mí, que soy hija de un músico que además trabajaba en una fábrica de obrero metalúrgico, no hubiera sido posible de otra manera. Me parece reimportante que le demos ese valor que tenemos en Argentina de la educación pública, porque a mí me abrió muchísimas puertas. Estoy más que agradecida.


—Muchas orquestas en los barrios sirven como lugares de contención social.
—Hay unos programas de orquestas-escuelas que son maravillosos y muy valiosos para la cultura de nuestro país. Hay muchos instrumentistas que incluso hoy llegan al Teatro Colón y a lugares así, que estudiaron y se formaron en orquestas-escuela. Es una locura sacar presupuesto a eso.
—¿Qué pensás sobre la presencia de mujeres en escenarios populares?
—No es fácil ver mujeres violinistas en estos escenarios. Hace falta todavía más. Tuvimos que hacer una ley de cupo para que haya mujeres arriba de los escenarios. Es una deuda que evidentemente no está saldada. Por más mujeres en los escenarios y que ojalá mas chicas y también chicos quieran aprender instrumentos, que es maravilloso.


—La vida era más corta, el último álbum de Milo J del que formás parte, está dedicado a la “Argentina marrón”. ¿Qué reflexión te genera
—Me sumo a su mensaje porque me parece muy importante, como provinciana también, que salgamos un poco de la esfera del “porteñocentrismo”. Me alegra mucho su mensaje y lo apoyo. Nosotros tenemos un país muy amplio, muy diverso, y tenemos que estar todos.
—¿Cuáles son tus expectativas para lo que viene?
—No tengo ni idea de qué puede llegar a pasar. La cantidad de información es tanta. Hace muy poquito, hace como dos semanas atrás, hicimos un estadio en Perú que estuvo repleto. Eso es increíble. Un artista tan joven argentino que agote un estadio en diez horas… es mucha información. Terminamos de hacer semejante cosa y salió el Tiny Desk. Hay una vorágine por el arte de Milo que es espectacular. Tratamos de estar lo más preparados físicamente y mentalmente para acompañar este momento de él. La expectativa es poder seguir acompañándolo y veremos qué pasa, con mucha alegría todo.

—¿Tenés algún gran deseo pendiente en lo profesional?
—De chica y toda mi vida soñé con tocar en Cosquín, en el Festival de Folclore. Ese era mi sueño máximo y lo cumplí. Dije: bueno, ¿y ahora qué más? Me parecía que era muy joven para ya no tener sueños. Había cumplido el de toda mi vida y dije: “bueno, ahora quiero tener un sueño más”. “Algún día quizá me encantaría tocar en un estadio”, dije, y a los meses lo cumplí con Milo cuando hicimos dos estadios Vélez, lo cual fue una locura también. Quizá lo próximo, qué sé yo, un estadio como River, que es una cosa muy enorme. Pero estoy tan contenta en este momento, tan feliz y disfrutando todo esto que trato de no pensarlo demasiado en esos términos. Siento que estoy viviendo un sueño todos los días.
—¿Qué mensaje les das a quiénes quieren elegir la música como su camino?
—Hay que estar preparados. A veces las oportunidades te llegan, a veces todo te desmotiva y es un camino muy difícil, muy sacrificado el del músico. Pasamos por muchas cosas, pero debemos que estar listos. O sea, hacer todo lo mejor de uno para que si se da algo así, poder ser parte y poder aprovecharlo. Así que, mi consejo es que estudien música. Estoy a disposición para ayudar si necesitan saber algo, para tomar clases o lo que sea. Y si se arma una comunidad de violinistas mujeres, me voy a poner muy feliz.

