Hay algo que Marcelo Hugo Tinelli —así lo presentaba José María Muñoz en Radio Rivadavia, con ese doble nombre que le encanta escuchar porque le recuerda al Víctor Hugo de Morales— nunca dejó del todo. El fútbol, la radio, la urgencia de correr siete cuadras de tierra hasta una fábrica de gaseosas en Berazategui para llamar por teléfono fijo y dar un gol a gol que, para cuando llegaba al aire, ya tenía tres goles de diferencia con la realidad. Ese pibe de secundaria que tomaba el 64 desde Santa Fe y Pueyrredón, cruzaba en bote a la isla Maciel para entrenar en San Telmo y se quedaba los sábados y domingos sentado en el estudio de Radio Rivadavia mirando trabajar a Dante Sabatarelli y al Flaco Rinaldi, es el mismo que hoy se sienta frente a Luciana Rubinska en Infobae para anunciar que vuelve al periodismo deportivo para cubrir el Mundial 2026, el que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá.
“Para mí hablar de fútbol es realmente mi vida. Pero no la vida que conoce la gente, que me tiene más como el de Videomatch, los bloopers, el de Ritmo de la Noche o el del Bailando por un sueño”, dice Tinelli. La convocatoria para este regreso llegó por parte de Daniel Hadad, el fundador de Infobae, a quien define como “un amigo de casi la misma edad y primer socio en Radio Diez”. Y agrega: “Hablando un día con él, me dice: ‘¿Vas, no vas? ¿hacés algo?’. ‘Me muero’, dije… voy a tener que laburar’. Porque fui como hincha a Catar. Pero está bueno’.”
La base de operaciones para Tinelli y su equipo será el estudio que Infobae tiene en Miami, desde donde saldrá un programa los lunes, miércoles, viernes y domingos, de una hora cada uno. Los partidos de la Selección Argentina lo llevarán a Kansas —el 16 de junio— y a Dallas —el 22 y el 27—, con la esperanza de que los octavos de final o, todos lo esperamos, más allá, vuelvan a jugarse en Miami. “Recemos de que los tres juguemos en Miami y no nos toque el cuarto en la otra costa porque nos agarran los tiburones ahí”, bromea.
El equipo que lo acompañará se anunciará el 19 de mayo, pero adelanta que habrá “periodistas deportivos muy buenos” y “jugadores muy importantes que han sido relevantes en el mundo del fútbol”, además de algún atleta de otro deporte que sea “futbolero también”. Tinelli viajará cinco días antes del lanzamiento del Mundial. La pasión del productor que vive en él, dice, no tiene forma de apagarse: “Ya me volvió a agarrar una cosa. Qué lindo volver a sentir esto.”

— ¿Es candidato Argentina
— Sí, siento que sí. Argentina es candidato siempre. Con Leo Messi somos candidatos totalmente. Yo lo sentía en Catar también. Y lo sentí hasta en el momento que perdimos con Arabia, que me enojé mucho con Lolo porque se había cambiado de lugar. El primer tiempo ganábamos uno a cero y lo veo: “¿Qué hacés ahí atrás?”, le digo. En un momento ya perdíamos dos a uno. “¿Qué pasa, pa Estaba hablando con un amigo atrás.” “Pero si estuviste el primer tiempo acá.”
— ¿Sos recontracabulero?
— Recontra. Y sentía que aun con el empate cero a cero en el primer tiempo con México, lo íbamos a dar vuelta.
— ¿Y qué cábala vas a repetir ahora
— No me voy a pintar el pelo, no voy a hacer boludeces. El pelo rosa no va más.
— Quiero volver a algo que tiene que ver con tu historia. Tu papá falleció muy joven.
— No me vas a hacer llorar…
— Me nace preguntarte por eso. Te quiero leer algo que fue escrito por Walter Savedra.
— De los mejores periodistas y relatores de toda la vida.
— En un libro sobre la historia de los relatores, en un momento le preguntan: “¿Tinelli era tu comentarista en esa primera etapa” “Sí. Me pasaba a buscar por el Hotel República, frente al Obelisco, en su autito. Creo que era un Citroën y la puerta del acompañante había que sostenerla con la mano porque se abría sola. Me llevaba a la cancha, comentaba y me traía de vuelta. Cuando hoy se critica a Tinelli, está todo bien, pero yo lo respeto. En aquel momento no tenía nada. Es un pibe que se hizo de abajo, vino de Bolívar, pasó hambre en Buenos Aires y con capacidad llegó a ser quien es.” ¿Este sos vos?
— Sí. No sé si tantos elogios, digo. Pero sí, yo nací en un hogar muy humilde en Bolívar. De muy chiquito vine a Buenos Aires por la enfermedad de mi papá, que era alcohólico y tenía una cirrosis. Yo lo empecé a ver un poco más amarillo. Tenía ocho, nueve años, cuando me traía en el tren a ver a San Lorenzo. Un día mi mamá nos dijo: “Esta noche lo llevamos a tu papá a Buenos Aires.” Vinimos en un auto con un primo de mi mamá. A partir de ahí nos quedamos en Pueyrredón 1947, donde vivían mis abuelos, y me dijeron: “Lo vamos a internar en el Sanatorio Anchorena.” Y no salió nunca más. A los quince días me dijeron. Yo preguntaba por mi papá y no vino más. Y a mí me quedó una cosa… Y atrás de eso, peor, porque mis abuelos ya no estaban en posición económica de sostenernos. Mi abuelo había tenido diarios en Bolívar, campos, y en ese momento no tenía tanto. Le habían llevado los ahorros. Y mamá dijo: “No vuelvo nunca más a Bolívar.” Yo me quedé sin las palmeras, sin mis amigos. Para mí era una selva. Estaba en plena avenida Pueyrredón, casi que iba a tocar el cordón de la vereda y pasaba un bondi que te llevaba puesto. Y al poco tiempo, once, doce años, me entero que mi mamá tiene una enfermedad. Tenía una depresión que después se transformó en una esquizofrenia. Fue muy duro todo el golpe.
— Once, doce años vos.
— Sí. Siempre mi deseo fue ayudar a mi mamá, por mi papá también.

— Cuando decís que pasaste hambre, ¿pasabas hambre?
— No sé si pasaba hambre, porque con mis abuelos nunca pasé hambre. En Bolívar muchas veces a mi viejo le costaba, sí. Era un tipo que cazaba en el campo, traía una mulita en una bolsa, perdices. Me hizo comer ranas diciéndome: “Son pollitos.” Faltaba que me dijera: “Crack, come, maestro.”
— Es lo que hay.
— Sí, es lo que hay. Mi papá escuchaba Radio Rivadavia, por eso mi historia con la Oral Deportiva. O veíamos canal 8 o 10 de Mar del Plata los días de tormenta. A mí siempre me gustaron los medios. Yo iba con mi viejo y llevaba una planillita donde él me decía: “Tomá nota de las formaciones.” Siempre me quedó eso. Mi papá es un referente, pero siempre le faltaba un mango. Hubo un momento en que yo vendí helados de chiquito. Hacía changas para aportar. Siempre alguna ayuda. Después empecé a jugar al fútbol en San Telmo. Me fui a probar de pedo, porque sinceramente, ¿qué hacía yo en San Telmo, en la isla Maciel, viviendo en Peña y Pueyrredón? Para el que no conoce, es el Barrio Norte de Capital. Y de repente tenía que cruzar en bote a la isla Maciel.
— ¿Cruzabas en bote para ir a entrenar?
— Sí. Le daba unos mangos al tipo y te cruzaba. Tomaba el 64 en Santa Fe y Pueyrredón o el 152, e iba. Cuando empecé a jugar al fútbol, llevé a probar a un pibe que se llama Hugo Issa, que jugó en la selección argentina, vecino del barrio. Y un día le digo: “Boludo, tenemos que ir a preguntar los resultados. A cuatro cuadras está Radio Rivadavia. Arenales 246.” “La que escuchaba mi viejo”, decía yo en el fondo. Y un día aparecí en la radio a pedir los resultados y a partir de ahí me quedé a mirarlos: José María Muñoz, Dante Zavatarelli…
— ¿Y empezaste como cadete en Radio Rivadavia
— Un día me mira Hernán Ramazzotti. Yo estaba sábado y domingo sentadito en el estudio. Primero me mandaban a comprar fiambre en la esquina, a hacer los sándwiches. No tenía ningún problema. Yo estaba feliz de estar en la Oral Deportiva. “Estoy en el equipo de Muñoz.” Me mandaban a buscar las credenciales a los clubes. Para mí todo era muy hermoso. Y un día me hicieron estar en el primer partido para llamar y avisar de los goles.
— Un partido de ascenso, ¿no?
— Terminó 7 a 2. Me morí, porque no había teléfono en la cancha.
— Contá eso. ¿Cómo era cubrir un partido en esa época
— Me dijeron: “Tenés que ir a cubrir Central Córdoba-Berazategui.” Central Córdoba estaba primero, el equipo de Carlovich, de Rosario. Y en Berazategui jugaban los hermanos Lobo, Pedro y Luis. Siempre llevaba una camisita muy correcta, saquito y una valijita con un grabador. Parecía un pibe del colegio. Fui a Once, tomé un bondi, y de Once agarré una empresa que iba para La Plata. En el Camino General Belgrano me dijeron: “Acá, pibe, la cancha de Berazategui.” Bajo. Una ruta, nada había. Pero había una fábrica de gaseosas. Me dijeron: “De esta fábrica, siete cuadras allá, ahí la tenés.” Llegué a la una para un partido que jugaba a las cuatro. Llego a la cabina de transmisión, a un costado del alambrado, con un taburete alto y una mesa. Estaba sentado solo. Entonces empiezo a mirar dónde está el teléfono. “Perdón, maestro, ¿dónde está el teléfono acá?” “No, en esta cancha no hay teléfono.” Me habían dicho gol a gol. “¿Dónde hay un teléfono cerca” “¿No pasaste por una fábrica de gaseosa” “Sí.” “Ahí hay teléfono.” “Sí, pero está a siete u ocho cuadras.” “Sí, ahí tenés.” Lo único que yo deseaba era que no hubiera muchos goles. Arranca el partido. Central Córdoba era una máquina. Primera jugada, pelotazo largo, entra el siete, tira el centro y entra Carlovich. Gol al minuto. “Cuidame esto que ya vengo.” Empecé a caminar rápido. A los cuatro minutos, ya trotando, escucho otro gol en la cancha. La puta madre. Llego. “Hola, Ricardo. Gol de Central Córdoba al minuto, Carlovich.” Me habían dicho: gol a gol, pero al momento, pibe. Volvía corriendo. Llego, me siento. “¿Cómo va” “Dos a uno.” ¿Dos? Así estuve todo el partido. ¿Sabés cuánto terminó? 7 a 2.
— El peor partido de tu vida.
— El peor. Al final, corro hasta la fábrica. “Terminó. 7 a 2.” “Resumime un poquito para hacer un comentario.” “¿Resumir qué? ¿El partido? Si no lo vi. Estoy corriendo desde que arrancó.”

— Quiero volver un segundo a tu papá. En una de las declaraciones vos dijiste: “Yo a mi papá lo quise como era.” ¿Creés que tus hijos te quieren como sos?
— Sí. Si me preguntás qué es lo mejor que sentís que sos, yo te diría papá. Ahora, si le preguntás a mis hijos, no sé. Pero siento que me quieren como soy, con las diferencias que muchas veces tenemos. Porque Lolo, el chiquito, también es cuestionador. Está todo bárbaro. Y me encanta porque a mí me gusta discutirles un poco.
— ¿Y fuiste distinto papá en tus distintas crianzas?
— Total. Distinto papá, distinta pareja, distinto marido. Son las épocas también. Mica y Cande me dicen siempre: “A nosotras nos tenías cagando, papá”, con lo del boletín. Con Fran y Juani no tanto. Y Lolo…
— …Lo dejás faltar al colegio para ir a ver un partido de fútbol.
— No, lo saco antes. Y me dice: “¿Qué, hoy no me vas a sacar para ver PSG-Bayern?» Y sí, me pasa eso. Uno era más estricto y después en un momento decís: “Pará, ya está.” Nadie es perfecto. Todos tenemos cosas buenas, cosas malas.
— ¿Y eso de criar distinto hizo que entre ellos pueda haber algunas rispideces?
— Sí, sí, sí, pero siempre tiene que ver también que al ser una persona pública, todo tiene una trascendencia diferente. La gente te conoce, entonces hay un juicio sobre vos, bueno o malo. Hoy está el tema del hater o no hater, que me parece muy válido.
— ¿Mirás mucho lo que dicen de vos?
— No miro mucho los comentarios, pero es muy válido que una persona pueda pensar distinto. Podemos ser amigos pensando diferente. Yo puedo ser papá pensando diferente. Yo no me animaba a ser diferente a mi papá, porque era otra época. Y lo amo como fue, con todo lo bueno y lo malo. Hoy cuando hice la maratón ayudando al hospital de Bolívar, decía: “Mirá si hubiéramos tenido este hospital en ese momento, por ahí a mi viejo lo hubiéramos atendido acá.” Pero no volaba una mosca cuando entraba mi papá. Hoy entran cóndores en casa. Pero a mí me gusta que sea así. Me gusta que el otro me diga: “No estoy de acuerdo.” No estamos acostumbrados al que piensa diferente. ¿Por qué tenemos que pensar todos iguales?
— Un poco cuando se analiza la política nacional también se establece eso, ¿no?
— Sí, te metés ahí. Y con los chicos te digo, yo era mucho más exigente con mis dos primeras hijas que lo que fui después.
— Hablando de la exigencia, también dicen muchos excompañeros tuyos que eras muy estricto. ¿Hay que ser muy exigente para ser número uno?
— A mí naturalmente me sale ser muy exigente en todo lo que hago, aun equivocándome. Lo importante es el azar, aunque te equivoques. Hacelo, el intentar. Yo siempre tengo esa frase de Luis Enrique: “¿Perder? No hay perdedores. Dos finalistas de la Champions, no hay perdedores. El único perdedor es el que no lo intenta.” ¿Cuál es tu miedo?, le digo a mis hijos. Suponiendo: volar. Volá, andá a volar con un avión. Y atravesalo, porque el día que lo atravesás, ya está. Todo está acá (se señala la cabeza). El noventa y pico por ciento son cosas que tenemos en la cabeza. Tirala afuera, pero pateá al arco. Hay personas que analizan, son opinadores en general, y otras son los que hacen. Debe haber sido porque tuve que hacer de papá y de mamá hasta con mis propios padres.
— Registrás al otro.
— Sí, me pasa la cosa de la atención. Correrte la silla. Y con mis hijos me pasa lo mismo. El amor de un padre hacia un hijo es total, absoluto. El de los hijos a los padres no es tan correspondido a cierta edad. Tampoco les podés estar reclamando.
— Recién hablabas de volar. ¿Es cierto que alguna vez soñaste con ser piloto?
— Me encantaba. Pensá que hice la colimba en Fuerza Aérea. Cuando tenía diecinueve años, dejé el fútbol. No se perdió un gran jugador, pero sí un defensor, un metedor. Me agarró la colimba, número 807. Me tocó la Primera Brigada Aérea de Palomar, escuadrón de los aviones F27. Manejaba los planes de vuelo. Y los pilotos me llevaban a volar. Después dije: “Está bueno ser piloto, pero nah.” De más chico quería ser astronauta. “Basta, bajá.” Me hace acordar la canción de Ricky Martin, Asignatura pendiente: “Por vivir en el cielo me olvidé que en el suelo se vive mejor.” Esa cosa, no quiero el cielo tanto.
— Con los pies en la tierra.
— Y, porque también la fama va haciendo que otras personas se apropien de un lugar que no es suyo. “Al astro no lo jodan, a este no lo jodan tanto.” Hay un montón de cosas que no son así.

— ¿Sentiste en algún momento que te desconectaste de la realidad de tanta fama
— Sí, no sé si me desconecté, pero evidentemente algunas cosas me tomaron de sorpresa. Hemos cometido doscientos errores y puedo haber estado desconectado de algunas cosas. Yo te decía antes: “El pelo rosa, desastre.” Pero sentía que era un homenaje a Leo, que venía del mood Catar: “Se va a volver loco cuando me vea.” Y nada, ni lo miró. Era por la camiseta del Inter de Miami. Sí fue desconexión de la realidad.
— Digo, de la vida de la gente.
— No, eso nunca. Yo trato de darme cuenta. Creo que tengo más errores que aciertos, pero trato de estar. Yo cuestiono a gente por su argentinidad: “te falta mate, te falta asado, te falta locro.” Soy de estar con lo que necesita el otro. Yo era el de armar las grandes mesas. Hoy, te digo, tengo más ganas que me inviten a otra mesa.
— Como empresario, ¿cómo ves la Argentina
— Para mí, en diferentes momentos, casi siempre terminamos discutiendo por lo mismo los argentinos. Lo que te puedo decir hoy aplicaba hace cuatro años. Y yo creo que es un tema que tenemos desde hace mucho tiempo, por lo menos desde que conseguimos el sistema democrático, que no hay otro, hasta acá no vi otro mejor.
— Hoy hay, dentro de un sector del empresariado, un reclamo muy fuerte de, por ejemplo, pedir la baja de impuestos para que la industria textil sea competitiva.
— Mi hija tiene Ginebra, por ejemplo, que está costando muchísimo. Pero me voy a ir un poco más allá. Todo esto no es de hoy. La Argentina viene con un tema de siempre estar de un lado o del otro, entonces nunca nos ponemos de acuerdo en cosas básicas. Desde Alfonsín para acá, siempre tenemos esa cosa de qué lado estás. Siempre nos está faltando algo. En vez de mirar lo que tenemos, siempre estamos criticando lo que no tenemos. Y esto es eterno. Cuando yo arranqué en Videomatch, el dueño de Telefe era muy amigo de Carlos Menem. Jugué varias veces en la Quinta de Olivos. Me decís: ¿eras menemista No sé. Y después vino De la Rúa y se tragó la escenografía.
— Por ahí es impensado que pudieses hacer un programa de ese estilo con los políticos, como la casa de los políticos.
— Siempre había como una molestia de algo con cada gobierno. Con De la Rúa porque se tragó la escenografía. Con Kirchner, porque Bossi imitaba a Cristina y se calentó. Después apareció Macri. No, porque Macri era tu amigo, pero no le diste el lugar, entonces se calentó Macri. Con Alberto Fernández, sí, pero le dijiste López Rega del kirchnerismo. Nada, pero después Alberto te llamó amigo. Siempre es como que tenés que estar de un lado. Milei habla con vos, ¿no? La mayor falencia que tenemos los argentinos es no escucharnos. No queremos escuchar al otro. Vos pensás diferente, a mí me gusta el blanco, bueno, pensá diferente, te quiero escuchar. ¿Cuál es el problema
— ¿Por qué cuesta tanto?
— A mí me gusta pensar en las personas que menos tienen, que la deben estar pasando mal siempre, históricamente. Si eso está mal visto políticamente, no sé. Yo prefiero siempre pensar en eso. Me encanta ver el Obelisco, pero me gusta también pensar en las personas a las que les falta.
— ¿Creés que personalidades como la tuya pagan un costo muy alto cuando quieren pensar en la gente, independientemente del Gobierno Nacional? En su momento te pasó con el gobierno de Alberto Fernández y con lo que fue la Mesa del hambre.
— La Mesa del hambre fue algo que me enorgulleció, porque me llamaron por el trabajo de la fundación. Acción Social vio una fundación que hacía cosas por la Argentina, no por una desgravación impositiva. Donábamos mi tiempo, esfuerzo, hospitales, lugares para chicos con capacidades diferentes, comedores. Me llamaron por eso. Yo salí de una reunión con el auto y hablé con todos los periodistas, pero no era la cara de la Mesa del hambre, pero es más fácil decir eso. Al contrario, si hay que poner otra Mesa del hambre, no importa quién la convoque, yo estaría también. Si no, estamos siempre viendo quién es la persona y a partir de ahí vemos qué comentario hacemos. Hoy las industrias y los puestos de laburo son muy difíciles. Tenés que hacer malabares para conservarlos. El otro día leía que para una fábrica había una cola de no sé cuántas cuadras.
— Era una fábrica que iba a tomar a sesenta empleados. Había cuatro mil personas. Filas y filas, se quedaron con lluvia, con todo, porque querían el trabajo.
— Es la parte de los números. ¿Qué medimos? Falta laburo. Hay una crisis mundial laboral también, pero acá está faltando un poco. Y antes teníamos un Estado que por ahí era demasiado grande. No nos ponemos de acuerdo. No es barrer con todo. Es como todo o nada.
— ¿Te gustaría vincularte a la política más fuertemente en algún momento?
— No me interesa. Para nada me interesa meterme en la política.
— ¿Y volver a la televisión?
— Volver a los medios. Hablar de televisión me suena como una ventana dentro de todas las que hay. La televisión me encantaría, pero hay un montón de ventanas hoy donde uno puede hacer lo que tiene ganas. Por ahí algunas cosas en la tele se me hacen más difíciles. Por ahí un concepto más cómodo, tipo streaming. Pero el rey siempre es el contenido. Las ventanas pueden ser tremendas, pero el contenido es lo que importa. Después, obvio que tenés líderes en cada lugar. Telefe es líder en la televisión. Infobae es líder en los portales de todo el mundo de habla hispana. Luzu es líder, junto a Olga, en los streaming de vivo. Pero después hay un mundo de YouTube que está atrás que es impresionante.
— ¿Creés que peligra la televisión como medio más importante?
— No, la televisión no puede peligrar nunca. Están haciendo una medición diferente, que eso me parece muy importante. Una cosa es YouTube que puede tirar millones de visualizaciones, nosotros venimos con tres puntos de rating y decís: no es nada. Habría que medirlo en miles. Cuando los anunciantes vean cuántos millones ven la tele, van a creer más en ella. Lo que más aprendo es mirando a Lolo cuando ve ese aparato que para nosotros es la tele. ¿Qué ve ahí? Fútbol y después YouTube. Me pasó este verano: me dice “Alejo Igoa.” Guau. Y en un momento veo que dice veinticinco millones en un video. Y el canal: ciento diez millones. ¿Y él quién es?, le digo. “Alejo Igoa. Papá, es el más groso, es argentino.” Entonces empiezo a tener contacto con Alejo Igoa, que después nos invitó al Movistar Arena. Hacía diez Movistar Arena. Y me lo mostró Lolo.

— ¿Cuál es tu once ideal?
— La delantera: Messi, porque juega de puntero derecho, Maradona y Pelé. El arquero: Neuer. La defensa: Cafu, Beckenbauer, Maldini y Roberto Carlos. En el medio: Zidane por derecha, Xavi y Cruyff.
— ¿Y el entrenador?
— Para mí el mejor hoy del mundo es Luis Enrique. Palo y palo con Guardiola. Escuela española. Luis Enrique tiene un concepto de fútbol donde vos ves sus charlas y es todo. Y ahí tenés a Ancelotti, una eminencia. Y yo digo Brasil, nadie lo está viendo todavía. Agarrá los jugadores que tiene. Los centrales solos ya son dos que van a jugar la final de la Copa del Mundo. Tiene buen equipo Brasil. Que nadie lo da.
— De nuevo: ¿Argentina es candidata para vos?
— Yo siempre digo: no, para mí el gran candidato es Francia. Porque googleás Francia y todo lo que termina en e son tremendos. Después tenés todo lo que termina en i: Gavi, Pedri, que también tiene un equipazo. Los muchachos españoles… Entonces decís: para mí Argentina es candidato, pero bueno.
— Retomando lo que has sido como jefe, como ojeador. Algunos dicen que les sacabas lo mejor a muchos, a muchas figuras que después siguieron triunfando. ¿Qué les ves? ¿Qué les exigís?
— A mí me parece siempre que el todo es más importante que la individualidad. Para mí Videomatch era un equipo. Funcionaba como equipo. “No toco yo la pelota.” No, pará, no es tu función tocarla en ese momento. Hay un montón de notas que no van al aire. Muy importante que vos estés acá con las mismas ganas, porque es un equipo. Todos formamos un equipo. Si va la nota de Luciana y no va la nota de Marcelo, no nos enojemos.
— ¿Hay que ser muy exigente para potenciar una estrella
— No me daba cuenta. Me salía naturalmente. Seguramente saqué estrellas y seguramente algún estrellado también. Exigía por mi manera. Vos me decís “exigente”. No me siento tan exigente, pero por ahí era un rompehuevos, perdón. Es según como lo mire cada uno.
— ¿Qué pensás de Mario Pergolini, que dijo que se iba a ir de la televisión, que no iba a volver, y ahora no solo que volvió sino que hace un éxito?
— Primero, chapeau. Uno no puede quedar preso de sus palabras. Nadie resiste un archivo. Celebro que Mario Pergolini esté en la tele, celebro que esté en los medios. Es una persona valiosísima. Y no porque yo lo conozca de chico, porque casi empecé con él, en el arranque de la Rock & Pop, lo que fue Daniel Grinbank, todo, yo tenía mucho que ver también ahí. Eran los comienzos de todos nosotros.
— ¿Sentiste que fueron rivales televisivos?
— Él se ponía como rival televisivo mío, pero está bueno. A mí me motivó mucho y le agradezco, porque gracias a él nosotros elevamos la vara de Videomatch. Apareció Mario Pergolini con La Teve Ataca, en el mismo horario que nosotros. Éramos los campeones del año anterior y tuvimos que adaptarnos. Yo estaba descansando en Punta del Este y vino Gustavo Yankelevich: “¿Viste lo de Pergolini?» Y ahí me puse a trabajar mucho ese año. También hizo Hacelo por mí. Dije: “Guau, me tengo que poner a laburar.” Ahí hay otro que te exige. Y lo valoro. Después nos encontramos en la puerta del colegio de n uestros hijos y dije: “No puedo estar mal con él.” Yo lo valoro mucho y a mí me hizo levantar la vara.
— Marcelo, estás muy identificado con San Lorenzo. Con tu gestión, fue campeón de la Copa Libertadores por única vez hasta hoy día.
— El gran sueño de mi papá era ese. Yo viví la juventud con todos mis amigos diciéndome: “Vos sos de San Lorenzo, no tenés Libertadores.” El día que ganamos la Libertadores no me voy a olvidar más. Me abracé con mi hijo Francisco. Bajé al campo, lloraba como nunca lloré en mi vida. Me acordaba mucho de mi papá. En el momento de las medallas, estaba el Pipi con la copa. Y en un momento me vino uno: “Dirigente, tomá vos la medalla.” Lo miré a mi hijo y en ese momento vi la cara de mi papá en la cara de Francisco, que se parece mucho a él. Y agarré la medalla y le dije: “Tomá, es tuya.” Me largué a llorar y se acabó la…
— ¿Volverías a dirigir, a ser dirigente de San Lorenzo?
— Volvería a jugar a San Lorenzo siempre, siempre. Creo que el no hablar en su momento fue un error. No haber dicho todas las cosas que hice, las obras, la plata que doné. Entonces, que por ahí vaya mi hijo y no pueda acompañarlo yo, me da pena, mucha pena.
— Te duele.
— Sí, porque no quiero que pase un mal momento por alguno. Yo fui una de las personas que llegué a comandar San Lorenzo con Matías Lammens. Lo primero que hice fue llamar a Carlos Abdo, que era el que se había ido antes. “Vení, Carlos, tenés tu palco. Vení vos. Yo te quiero abrazar delante de toda la gente”. Basta de esta pelea. Yo siempre quise que San Lorenzo estuviera allá arriba. Para mí nuestros rivales eran Boca, River, el Real Madrid. Llevarle la copa al Papa. Fuimos dos veces. Estoy muy feliz de todo lo que hice en San Lorenzo y lo volvería a hacer otra vez.
— La última. ¿Estás en pareja
— Sí, estoy empezando una relación, conociendo a alguien, una mujer divina, que me hace mucho bien y siento que nos estamos haciendo bien. Estamos en el arranque de algo. Una linda relación.
— Dicen los rumores que tu celestina fue Pampita. ¿Es verdad?
— Nunca Pampita fue celestina mía de nada. Me hubiera encantado: “Dale, tirame un centro, maestra.” Nada. Pero sí, en este caso es conocida de Caro.
— ¿Y se puede saber cómo la conociste?
— La celestina fue una amiga de Caro. Sí, estaba Caro ese día. Pero le faltó arranque ahí a Pampita. Me parece que la amiga hizo más fuerza.
— ¿Pero cómo es eso?
— Son cosas. Presentaciones. Sí, estaba solo. Te doy a conocer a tal amiga. En un momento se dio. Y estamos comenzando algo y estoy muy contento.
— ¿Qué te sedujo?
— Un montón de cosas, pero vamos a dejarla para… La estoy conociendo y me da un poco de pudor estar hablando tanto.
— ¿Te queda algún sueño por cumplir?
— Muchos.
— ¿Cuál? Uno, decime.
— Déjame soñar esta noche y mañana te lo digo.
Fotos: Gustavo Gavotti

