
A Luis Fernández Albín, el narcotraficante uruguayo capturado en Argentina y extraditado a Uruguay, le decían el “Flaco”. Así queda reflejado en varios de los chats que fueron clave para condenarlo la semana pasada a 10 años de cárcel. También quedó en evidencia que llevaba una vida de lujo, que no coincidía con el nivel de ingresos que ni él ni su pareja tenían.
Los nuevos datos de su causa surgen de la sentencia del juez Fernando Islas, informada por El País este martes. Los chats le permitieron al magistrado confirmar su participación en la organización criminal y los miles de dólares que gastó en viajes al exterior y en una fiesta.
Cuando fue detenido, a Fernández Albín le decomisaron bienes e instrumentos adquiridos producto de actividades ilícitas: cuatro propiedades (una chacra en Punta Espinillo, otra en Ciudad de la Costa y dos más en Las Piedras), cuatro autos, 11 celulares, 90 cartuchos, USD 38.500, tres fusiles, un DVD, un pos, una torre de computadora y documentación.

Para comprar esos bienes, hubo irregularidades y debieron utilizaron testaferros –como una niñera de la familia– que también fueron condenados.
¿Cuáles son los gastos que no tienen justificación citados por la sentencia Fernández Albín fue a Bariloche, a Ushuaia y a Buenos Aires, y viajó a Europa junto a su familia. También refaccionó su casa.
Un rol clave en esta organización lo tuvo su esposa, que también fue condenada, por ser la encargada de administrar el patrimonio familiar cuando no estaba su pareja, cita El País. Ella intentó adquirir los derechos posesorios de un terreno en el que construyó una casa valuada en USD 300.000 y compró artículos sanitarios por USD 34.000 a una empresa.

En 2024 pagó más de USD 9.000 para viajar a Madrid junto a otros dos familiares, y ese mismo año organizó una fiesta de 15. Alquiló un yate por USD 150 por hora; un salón, por unos USD 19.000; una banda de plena, por USD 2.500; un fotógrafo, por USD 1.000 y mandó a diseñar la decoración del vestido por USD 1.300.
Otros gastos fijos ascendían a montos considerados altos para el sueldo de la esposa de Fernández Albín –que trabajó en una red de cobranzas–, como en instituciones educativos y en un club deportivo de renombre. Además, cuando su pareja vivía en Argentina, ella y otros tres parientes viajaban a visitarlo a Buenos Aires todos los fines de semana.
Además, en la sentencia citada por el diario uruguayo, el juez Islas también enumera varios chats que referían ala cantidad de paquetes que se confeccionaría, materiales que faltaban y sus costos.

El 27 de julio de 2025, por ejemplo, otro de los condenados le dijo: “Para los globos son 130 palos y las bolsas de envasados 48.750. Ñery, yo sé que la plata no es un problema con vos, nunca dije nada de eso. yo sé cómo es con vos y si tuviera para comprar, sabés que voy, pero no tengo ni idea”.
Fernández Albín le respondió: “Te hago llegar 200″.
Fernández Albín fue sentenciado por los siguientes delitos: organización de las actividades del narcotráfico, contrabando, lavado de activos y tráfico interno de armas de fuego, todos en régimen de reiteración real.
En su momento, la incautación de dos toneladas de droga fue lo que le permitió a las autoridades encontrar la mayor evidencia para pedir a Argentina formalmente su arresto. Fue en una precaria chacra que los policías encontraron debajo de la arena casi dos toneladas de cocaína dispuestas para ser colocados en una lancha, que alcanzaría un barco en alta mar y tendría como destino final a Europa. El cargamento encontrado está valuado en USD 13 millones en el mercado interno, pero esa cifra era superior si se considera que iba hacia el mercado europeo. Allí se valorizaría en unos USD 60 millones.

