Se recupera el libro de Patricia Highsmith más controvertido, repleto de fábulas retorcidas y acusado de misógino: “Hecho para provocar”

Se recupera el libro de Patricia Highsmith más controvertido, repleto de fábulas retorcidas y acusado de misógino: “Hecho para provocar”

Patricia Highsmith y 'Pequeños cuentos misóginos' (Anagrama)

La recuperación de cualquier título de Patricia Highsmith siempre es una buena noticia. En esta ocasión, Anagrama se encarga de volver a traer a las librerías la segunda colección de relatos que hizo la autora, titulada Pequeños cuentos misóginos, que sirvió para reavivar el debate sobre la sátira y el retrato de la naturaleza humana en la literatura norteamericana.

El volumen fue publicado originalmente en alemán en 1975, bajo el título Kleine Geschichte für Weiberfeinde, es decir, “pequeños cuentos para misóginos”, y traducido al inglés dos años después, y está compuesto por diecisiete relatos cortos.

La obra disecciona los estereotipos de género, en especial los asociados a la mujer, a través de escenas cotidianas donde el crimen y lo macabro irrumpen en ambientes domésticos supuestamente apacibles. Sin embargo, lejos de ofrecer una enseñanza a los misóginos, parece ideado precisamente para su disfrute.

Fábulas retorcidas llenas de humor macabro

Las protagonistas que construye Highsmith en Pequeños cuentos misóginos son variadas: desde la esposa que mantiene múltiples amantes y provoca la muerte de su marido, hasta arquetipos como la perfeccionista, la madre silenciosa, la artista incompetente o la escritora obsesionada.

La escritora estadounidense Patricia Highsmith. EFE/LÓPEZ CONTRERAS/Archivo

Estas figuras encarnan una sátira feroz, con conexiones directas a los cuentos de Hilaire Belloc o a relatos de Dostoyevski, constituyéndose Highsmith como una autora implacable, capaz de cargar contra el llamado sueño americano de clase media con mordacidad.

La estructura de la colección recuerda a fábulas retorcidas, donde los finales suelen ser tan inesperados como crueles: las mujeres suelen salir mal paradas, ya sea a través de muertes absurdas, desgracias o la destrucción de sus propios deseos.

Un ejemplo de ese humor macabro es el cuento La artista, que describe cómo una escultora sin talento termina volando, de manera literal, por los aires junto a su escuela de arte: “Una bailarina consiguió finalmente dar unas vueltas completas sin que sus pies tocaran el suelo, porque estaba a casi medio kilómetro del suelo”.

Mujeres ridiculizadas

Partiendo de clichés misóginos, Patricia Highsmith levanta relatos deliberadamente provocadores, en los que mujeres de todo tipo son ridiculizadas, menospreciadas o destruidas. Lo hace con un humor negro y desenfado que convierte el volumen en una auténtica provocación.

'Pequeños cuentos misóginos', de Patricia Highsmith (Anagrama)

Según el diario The Times, “estas mujeres han sido creadas deliberadamente para provocar”, y aunque la autora parodia cada tópico, también se apoya en ellos de forma descarnada. Desde el inicio de la colección queda claro que no es un libro feminista ni un manual de buenas costumbres, sino un ejercicio de ironía dirigido a los arquetipos de género.

La crítica especializada subraya que Highsmith subvierte las convenciones literarias al retratar personajes femeninos contradictorios. Los ejemplos van desde una esposa promiscua que rehúye la intimidad con su esposo pero no con otros hombres, hasta madres que se apartan de todo canon de ternura y la célebre Oona, la alegre mujer de las cavernas, cuya existencia y sexualidad se presentan desde un tono caricaturesco e inclemente. En este sentido, sus relatos renuncian a la complacencia y ponen el énfasis en la crueldad y el absurdo de ciertas representaciones sociales.

Patricia Highsmith en su juventud.

Algunas historias se burlan hasta del propio quehacer literario femenino, como La novelista, donde describe a una autora cuya vida sentimental es tan caótica como prolífica: “tres hijos, ninguno de su marido actual”. De ese modo, la escritora desafía las prescripciones de género, situándose en el extremo opuesto de las autoras que solo buscan empatía o comprensión. Highsmith “no solo no juega según las reglas, sino que disfruta rompiéndolas en pedazos”, señala el diario británico.

Un libro desconcertante

Pequeños cuentos misóginos desconcertó tanto a lectores como a buena parte de la crítica en el momento de su publicación. El periódico británico The Guardian observa que numerosos lectores “ni entendieron ni quisieron entender” el alcance de la obra, y señala que la etiqueta de misoginia es, en parte, “una cortina de humo”, ya que lo que Highsmith realmente ataca es “una gama de conductas estúpidas o malvadas”.

La perspectiva de Highsmith sobre el mal cotidiano —alejada de desenlaces morales o de cualquier tipo de redención— distingue su obra de la de contemporáneos como Hammet o Chandler. Mientras los detectives de otros autores suelen restaurar alguna forma de justicia, en Highsmith ni siquiera existe esa posibilidad, porque carece de desenlaces morales.

Este libro de relatos favoreció que la escritora sumase admiradores como Graham Greene, Gore Vidal o JG Ballard, pese a la fría acogida reservada en su país natal, Estados Unidos.

'Extraños en un tren', de Patricia Highsmith

Patricia Highsmith, que nunca se casó ni tuvo hijos, trasladó desde los comienzos de su carrera un interés obsesivo por el suspense psicológico y la disección de las neurosis sociales, algo ya visible en su primer libro de relatos, publicado a los veinticuatro años en Harper’s Bazaar, y en novelas como Extraños en un tren, llevada al cine en 1951 por Alfred Hitchcock.

Entre los pasajes más citados de la colección destaca la apertura del primer relato, La mano: “Un joven pidió la mano de la hija de un señor, y la recibió en una caja”. Desde ese momento, las mutilaciones, muertes absurdas o finales grotescos se suceden, consolidando la capacidad narrativa de Highsmith para incomodar y conmover al lector.

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