Juan Antonio Giner destacó el modelo de innovación de Daniel Hadad en la evolución de los medios

Juan Antonio Giner destacó el modelo de innovación de Daniel Hadad en la evolución de los medios

Sabido es que el primer Doctor Honoris Causa de la historia fue investido el año 1478 en la Universidad de Oxford. Desde aquella primera ceremonia el espíritu de este reconocimiento no ha cambiado: honrar la excelencia que transforma la sociedad. En Oxford se comienza invitando a los nuevos doctores honoris causa a un desayuno de fresas, melocotones y champán, tradición que pervive gracias al testamento de un antiguo decano que en su testamento dejó dinero para financiarlo “por los siglos de los siglos”.

Afortunadamente nuestro apadrinado es persona muy conocida dentro y fuera de Argentina, y enumerar sus méritos para este nombramiento resultan casi innecesarios; por esta razón me van a permitir que yo recuerde únicamente los méritos académicos de Daniel Hadad, y que sea el profesor Pablo Boczowski, quien describa los méritos profesionales que le hacen merecedor de esta investidura.

Daniel Hadad, nacido en Buenos Aires hace 64 años en un humilde hogar de 32 metros cuadrados, como él ha recordado. Ejemplo de las virtudes propias de una familia modesta donde, como ha dicho, “a partir del 20 de cada mes se pasaba de la carne al arroz”.

Juan Antonio Giner, consultor y cofundador de Innovation Media Consulting Group (Fotos: Adrian Escandar)

Estudió Derecho y Periodismo en la Universidad Católica de Buenos Aires y en 1987 fue becario del Programa de Graduados Latino Americanos (PGLA), que desde 1972 y durante 18 años, formó en la Universidad de Navarra a más de 400 periodistas de este hemisferio.

Era un programa tipo “año sabático”, inspirado en la tradición de la Nieman Foundation de la Universidad de Harvard.

Daniel conoció entonces, en y desde Pamplona, a profesores y periodistas europeos y americanos; unos pasaban por las aulas y otros eran visitados en las mejores redacciones de París, Londres o Ginebra: desde Le Monde a la BBC pasando por el Journal de Genéve.

Esta formación periodística cosmopolita le permitió familiarizarse muy pronto con grandes figuras de medios líderes, en vísperas una época de cambios muy profundos que se aceleraron con la aparición de los primeros experimentos digitales.

Durante ese tiempo tuve la suerte de ser tutor de Daniel Hadad, quien viajó a Pamplona recién casado con su esposa Viviana Zocco.

Juan Antonio Giner expuso su laudatio en la entrega del doctorado honoris causa a Daniel Hadad, fundador de Infobae

El tema elegido para graduarse en aquel programa fue una memoria, que se titulaba Nuevas Fórmulas y Tendencias del Mercado de Revistas en Europa y Estados Unidos, tesina que se encabezaba con esta significativa dedicatoria: “A Viviana, por lo mucho que hemos aprendido juntos en estos meses”.

Conocida también la exitosa trayectoria profesional de Viviana Zocco en el mundo de las revistas y de las publicaciones verticales en el ámbito digital, y antes por su dedicación a los temas financieros, parece claro que aquella joven pareja argentina se graduó en equipo.

La tesina arranca con un análisis tanto del periodismo como del empresario innovador y luego identifica los elementos, estrategias de gestión y modelos de éxito de estas publicaciones.

Creo que en esta disertación académica están muchas de las claves que hicieron de Daniel Hadad un periodista que muy pronto se convirtió en periodista y empresario, exitoso e innovador. Yo diría que en la línea de otras grandes figuras del periodismo mundial que, insatisfechos por la calidad y limitaciones del periodismo contemporáneo, soñaron en grande y crearon marcas icónicas como el norteamericano Henry Luce, alma del grupo Time/Life; el francés Hubert Beuve-Méry, fundador del diario Le Monde; o el brasileño Roberto Civita, el mayor “revistero” de Latinoamérica.

Mientras esto sucedía en Pamplona, Daniel Hadad entró en contacto con Bernardo Neustad al que escribía sobre sus descubrimientos, y quien le ofreció escribir en su columna de contraportada de El Cronista Comercial, diario que en su día sería gestionado por Eduardo Eurnekian, otro de los grandes maestros y amigos de Daniel.

Muchos becarios terminaban su estancia en Pamplona viajando por Europa antes de volver a sus países, salvo Daniel y Viviana, quienes rápidamente regresaron a Buenos Aires, deseosos de experimentar e innovar todo lo que empezaron a soñar en el PGLA y en las aulas de la Universidad, que en aquellos años ha sido una realidad incontestable de su carácter, entusiasmo y buen hacer como pioneros y emprendedores de negocios periodísticos.

Desde entonces, Daniel ha dirigido emisoras de radio y televisión, publicaciones periódicas impresas y digitales. Hoy, esa pasión se manifiesta desde Infobae, el medio más leído de lengua española en el mundo latino, dentro y fuera de Argentina: periodismo multiplataforma, innovador de calidad, que ha revolucionado y lidera el trabajo de muchos medios y redacciones de todo el mundo.

Frente al pesimismo de quienes piensan que todo tiempo fue mejor, Daniel Hadad ha demostrado que el desafío era, es y será, “innovar o morir”, contando historias relevantes que inquietan, emocionan y hacen pensar. Y hacerlo, como nos enseñó el profesor Carlos Soria, sabiendo que lo importante es saber que “las personas son más importantes que las cosas, que siempre el espíritu debe primar sobre la materia, que importa más la ética que la estética, y que el saber debe primar sobre el hacer, porque no hay nada más práctico que una buena teoría”.

Hace años le preguntaron a Abe Rosenthal, director entonces del New York Times cuál era el secreto del New York Times. A lo que contestó: “Miren, ustedes. Una sopa de tomate puede crecer añadiendo más agua o más tomates… En el New York Times siempre añadimos más tomates”.

Si queremos hacer periodismo, comprometido, valiente, puro y duro, hay que recordar aquel famoso anuncio que el entrañable e inolvidable Roberto Civita, presidente de Editora Abril, que escribió, cuando era muy jóven, recién vuelto de Nueva York, en 1968 cuando lanzó la revistaVeja: “Buscamos hombres y mujeres inteligentes e insatisfechos que lean mucho, siempre pregunten por qué y quieran colaborar en la construcción del Brasil de mañana”.

Este es el periodismo que salvará el mundo de la barbarie, gracias a nuevas generaciones de periodistas jóvenes, inteligentes e insatisfechos que quieran construir una sociedad más libre y justa: que quieran cambiar al mundo.

Daniel Hadad ha triunfado haciendo periodismo innovador, independiente y rentable, en estas últimas décadas cuando el miedo a lo desconocido, la miopía ante las nuevas tecnologías, y la falta de coraje de muchos empresarios, que sólo supieron gestionar negocios periodísticos en tiempos de abundancia, quedaron paralizados ante la irrupción de nuevos modelos de negocios. Empresas y periodistas, que ​trataban de descubrir un territorio nuevo con mapas viejos y que ignoraban el consejo del arquitecto Le Corbusier, cuando decía que “el progreso se siempre se alcanza por la vía de la experimentación”.

Permítanme, ya para terminar, que les cuente una anécdota personal: cuando en 1978 viví en Nueva York, en la Escuela de Periodismo de Columbia University, el entonces Rector, William James McGill, nos invitó a varios becarios extranjeros a una cena informal en su casa y a todos nos preguntó: ¿Qué es lo que más le ha impresionado de Columbia

Probablemente, lo que nos– le decíamos era, pues, que el campus, los laboratorios, las bibliotecas. Y yo le dije, insensatamente, que lo que más me había impresionado era la faculty y los profesores.

Cuando McGill escuchó mi respuesta, sonrió y me dijo: “Está usted absolutamente equivocado. El secreto de cualquier universidad no son los profesores sino los alumnos. Si no seleccionamos los mejores alumnos, nunca tendremos los mejores profesores. Ponerles delante alumnos mediocres es el mejor modo de perder a los mejores docentes”.

Y así era: Columbia recibía cada año unas 30.000 solicitudes de admisión para cubrir las 1.000 plazas vacantes.

Digo esto porque aquel Programa de Graduados Latinoamericanos del que fue alumno Daniel Hadad fue ejemplo de esta gran verdad. El PGLA se hizo muy famoso no tanto por sus profesores como por sus brillantes y prometedores estudiantes.

Y esta tarde, este acto, es la confirmación de esa vieja ley de hierro de todas las grandes universidades.

Si algo resume la experiencia de haber conocido y acompañado a Daniel Hadad y Viviana Zocco es el entrañable poema del poeta Konstantinos Kavafis sobre “El Viaje a Ítaca”, cuando dice: “Aquello que de verdad importa no es el destino al que llegamos, sino lo que vivimos en el recorrido del trayecto, las experiencias, los recuerdos, las personas a las que conocimos, aprender de nuestros errores, reconocer nuestras faltas y saber pedir perdón, disfrutar del camino y apreciar que al final es más importante dejar huella de nuestro viaje que alcanzar el fin sin saborear cada paso, lo trascendente y profundo”.

En el diario O Globo de Brasil, siempre se referían respetuosamente a su fundador, pero de alguna forma más informal, no decían doctor Marinho, sino que a él le gustaba como hombre de acción y gran empresario, solo quería le trataran como el periodista Marinho. Y así se decía en el Libro de Estilo del diario: “Al presidente hay que tratarlo no de presidente, sino de periodista”.

Por eso mismo, y siguiendo la fórmula tradicional de la Universidad de Oxford, quiero concluir esta laudatio con estas palabras dirigidas al rector magnífico y al claustro: “Considerados y expuestos todos estos hechos, dignísimas autoridades y claustrales, solicito con toda consideración y encarecidamente ruego, que se otorgue y confiera al periodista Hadad el supremo grado de Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional de La Matanza. He dicho”.

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