A más de dos décadas de su paso por Gran Hermano 2003, una historia que había quedado en la intimidad vuelve a salir a la luz con un relato tan crudo como movilizante. Romina Orthusteguy, expareja de Eduardo Carrera, decidió hablar por primera vez en profundidad sobre la relación que comenzó dentro de la casa más famosa del país y que, según su testimonio, derivó en reiteradas situaciones de violencia de género. El disparador fue el regreso del ex participante al reality en la edición Generación Dorada, pero también un motivo aún más sensible: la reacción de la hija que tienen en común, quien también eligió romper el silencio.
La entrevista completa se verá por primera vez en Después de todo, el nuevo ciclo de entrevistas que conducirá Matías Bagnato en Bondi Live, otro de los ex participantes de aquella edición. Sin embargo, en las últimas horas se conoció un adelanto en LAM (América TV) que anticipa el tono de una charla que promete generar un fuerte impacto.
Ángel de Brito contextualizó la historia: el romance entre Romina y Eduardo nació dentro del reality, pero continuó fuera de la casa, donde —según relató ella— comenzaron a repetirse situaciones de violencia. En ese vínculo también nació su hija, hoy de 22 años, quien no fue criada por su padre y solo tuvo contacto con él en dos ocasiones: en el momento de su nacimiento y una vez más poco tiempo después.
“Lo que cuenta Romina es que la violencia comenzó dentro de la casa”, explicó De Brito, al señalar que muchas de esas situaciones, en el contexto del 2003, no eran interpretadas con la misma conciencia social que existe en la actualidad sobre la violencia de género. “Se dejaron pasar un montón de situaciones violentas”, agregó, en relación a la mirada retrospectiva que hoy tiene la propia protagonista sobre lo vivido.
En el adelanto que se difundió, Orthusteguy describe uno de los episodios ocurridos durante el reality. Mientras se maquillaba en el baño, Carrera comenzó a insultarla desde el balcón. “Empezó a gritar ‘puta’ y todo eso”, recordó, en un relato que deja entrever la naturalización de ciertos comportamientos en aquel momento.
Pero el testimonio no se limita a lo ocurrido dentro de la casa. Según se adelantó, la entrevista profundiza especialmente en lo que sucedió después, cuando ambos comenzaron a convivir. Allí, el relato se vuelve aún más duro. En otro fragmento, Romina recuerda el momento en que le comunicó a Carrera que estaba embarazada. “Me miró fijo y me dijo: ‘Esto me caga la carrera’”, contó, una frase que sintetiza el quiebre en la relación y el contexto emocional que atravesaban.

La decisión de hablar públicamente no fue impulsiva ni aislada. Según se explicó en LAM, tanto Romina como su hija se vieron movilizadas por la reaparición mediática de Carrera y, en particular, por su actitud dentro del reality. “La hija sintió que la estaban humillando”, señalaron, en referencia a que el participante no la menciona ni la reconoce en sus intervenciones dentro de la casa. Incluso, en distintas ocasiones, habría hecho referencia a otro hijo, omitiendo sistemáticamente la existencia de la joven.
Ese punto fue clave para que ambas decidieran dar este paso. No desde el enojo o la búsqueda de exposición, sino desde la necesidad de contar su versión. “No es que lo extrañen”, aclararon en el programa, sino que el dolor surge de esa negación pública que, según expresaron, impacta directamente en la identidad de la hija.
Otro aspecto que llamó la atención es que, pese al paso del tiempo, Romina aún manifiesta temor. De Brito, quien aseguró haber visto la entrevista completa, remarcó ese detalle: “Lo que noté es que aún hoy le tiene miedo”. Una afirmación que suma una capa más de complejidad a una historia que, lejos de haber quedado en el pasado, sigue teniendo consecuencias emocionales en el presente.

La entrevista también cuenta con la participación de la hija de ambos, quien se suma al testimonio en un momento de la charla. Su presencia no solo aporta una nueva mirada generacional, sino que refuerza el eje central del relato: la necesidad de ser reconocida y de visibilizar una historia que, hasta ahora, había permanecido en silencio.
El regreso de Eduardo Carrera a Gran Hermano: Generación Dorada había sido presentado como una oportunidad de revancha, un intento por mostrar una versión distinta del participante que en 2003 quedó marcado por episodios polémicos. Sin embargo, la reaparición mediática también reactivó viejos debates y abrió nuevas preguntas sobre los límites del entretenimiento y la responsabilidad de los relatos públicos.

