Los mejores neurólogos del mundo debatieron en Buenos Aires las últimas novedades sobre salud mental

Los mejores neurólogos del mundo debatieron en Buenos Aires las últimas novedades sobre salud mental

Buenos Aires fue sede de la Second Meeting of the International Alliance on Brain Health, el evento que reúne a los máximos referentes de la neurología de los cinco continentes

La neurología ocupó un lugar central en Buenos Aires, que durante dos días albergó las ponencias de los expertos que más saben de salud mental a nivel internacional y también local.

La Second Meeting of the International Alliance on Brain Health, organizada por Fundación INECO junto con la Swiss Brain Health Foundation y en colaboración con The Lancet Commission on Brain Health, superó todas las expectativas tanto por la cantidad como por la diversidad y el nivel de los participantes.

Especialistas en neurología, psiquiatría, salud pública, investigación y políticas de Estado coincidieron en que la salud cerebral se transformó en un asunto urgente y estratégico. La agenda del encuentro incluyó prevención a lo largo de la vida, envejecimiento cerebral, enfermedades neurodegenerativas, salud mental, sueño, desigualdad, neurorrehabilitación, políticas públicas y la transformación de sistemas de atención.

El evento contó con la participación de la American Academy of Neurology, la World Federation of Neurology y la World Psychiatric Association

Nunca antes América Latina había albergado una convocatoria internacional tan amplia y robusta sobre este tema.

Representantes de entidades como la American Academy of Neurology, la World Federation of Neurology, la World Psychiatric Association, la Alzheimer’s Association, la American Heart Association, Alzheimer’s Disease International, la European Academy of Neurology, el European Brain Council y el Global Brain Health Institute de la Universidad de California en San Francisco, entre otros, se dieron cita en la capital argentina. El resultado fue una puesta en común inédita de ideas, experiencias, datos y perspectivas para delinear el futuro de la salud cerebral en el mundo.

La salud cerebral, definida como el funcionamiento óptimo del cerebro en los planos cognitivo, sensorial, social, emocional, conductual y motor durante todas las etapas de la vida, ya no se limita al tratamiento de enfermedades. Hoy abarca también el desarrollo de habilidades como la creatividad, el juicio crítico, la adaptabilidad, la regulación emocional, la empatía y el aprendizaje continuo.

El capital cerebral es esencial para la productividad, la innovación y la resiliencia de las sociedades según expertos internacionales

Este enfoque resulta decisivo para comprender el valor del llamado “capital cerebral”, un concepto que, lejos de reemplazar al capital humano, lo sostiene y lo potencia. Sin salud cerebral, no existe educación de calidad ni productividad sostenible ni desarrollo duradero.

Facundo Manes, neurocientífico y fundador de INECO, co-coordinó el encuentro junto al profesor Claudio L. Bassetti de la Swiss Brain Health Foundation. “No hay desarrollo sostenible sin salud cerebral. En el siglo XXI, cuidar el cerebro humano no es solo una prioridad sanitaria: es también una condición para educar mejor, trabajar mejor, innovar más y construir sociedades más resilientes”, afirmó Manes.

Las cifras presentadas durante el encuentro confirmaron la magnitud del desafío. El World Economic Forum y el McKinsey Health Institute estimaron que los trastornos cerebrales representan cerca del 24% de la carga global de enfermedad y que intervenciones eficaces podrían evitar hasta 267 millones de años de vida ajustados por discapacidad antes de 2050, con un impacto económico acumulado de hasta 6,2 billones de dólares.

En Argentina, por ejemplo, el costo de no actuar resultó evidente: la pérdida de capital cerebral equivalió al 1,4% del PBI en 2023.

El impacto de la salud mental y los desafíos de Europa

Paul Boon afirmó que el 43 por ciento de los europeos padecía algún trastorno neurológico, lo que impacta en la salud pública y la economía

Uno de los focos de la reunión giró en torno a la salud mental y la alarmante prevalencia de trastornos en Europa. Andrea Fiorillo, presidente de la Asociación Europea de Psiquiatría, expuso que la prevalencia de trastornos mentales creció de forma sostenida entre 1990 y 2023.

“Tras la pandemia de COVID-19, casi la mitad de la población europea enfrentaba algún tipo de trastorno mental”, afirmó. La Asociación Europea de Psiquiatría priorizó el análisis del estado de salud mental en la región, identificando tanto los determinantes como la capacidad de respuesta de los sistemas de salud y bienestar social.

Fiorillo detalló que los factores que influyen en la salud mental operan a nivel individual, ambiental y socioeconómico. La asociación monitoreó indicadores como prevalencia, incidencia, discapacidad, tasas de suicidio y mortalidad asociada.

La comparación entre 2021 y 2025 reveló una disminución en la capacidad de respuesta de los sistemas sanitarios y sociales frente a la demanda creciente. Esta brecha se tradujo en que solo una minoría de países europeos logró niveles de respuesta adecuados, lo que subrayó la urgencia de fortalecer la atención, invertir en prevención y avanzar hacia modelos comunitarios.

La estrategia europea se enfocó en dos grandes ejes: aumentar la inversión en salud mental y promover la atención en contextos comunitarios. Esto requirió reforzar recursos humanos, mejorar infraestructuras, potenciar la prevención y trasladar parte de los tratamientos fuera de los hospitales para acercarlos a escuelas y espacios laborales. El manifiesto de la Asociación Europea de Psiquiatría, respaldado por organizaciones de familiares y usuarios y validado en el Parlamento Europeo, fijó cinco prioridades esenciales para la salud mental.

En diciembre de 2025, la asociación fue convocada nuevamente para debatir una hoja de ruta centrada en tres ejes: atención, cohesión y crecimiento, alineando la salud mental con la economía del bienestar. Fiorillo insistió en la importancia de la innovación, entendida no solo como desarrollo de nuevos tratamientos sino como transformación profunda de los modelos de atención, integrando la neurología y la psiquiatría en la respuesta a los desafíos contemporáneos.

Las seis áreas clave de trabajo, enumeradas por Fiorillo, incluyeron la innovación y prestación de tratamientos, la psiquiatría de precisión, el fomento de la salud cerebral y mental a lo largo de toda la vida, la atención integral a la persona, la salud mental pública orientada a la prevención y la protección de grupos vulnerables como niños, ancianos, migrantes y minorías étnicas.

El 24 por ciento de la carga global de enfermedad se relaciona con trastornos cerebrales, según datos del World Economic Forum (Freepik)

Fiorillo advirtió que la innovación en salud mental avanzó más lentamente que en otros campos médicos, como el VIH o el cáncer. Propuso rediseñar instalaciones psiquiátricas para fomentar interacciones sociales positivas y reducir la soledad y el estigma, y puso en relieve el potencial de la psiquiatría digital, aunque reconoció que en Europa su desarrollo estaba limitado por obstáculos regulatorios y de financiamiento.

Apostó por un abordaje integral del cerebro que supere la división tradicional entre neurología y psiquiatría, y resaltó la necesidad de colaboración interdisciplinaria, señalando ejemplos como la esquizofrenia y la esclerosis múltiple, que comparten factores de riesgo y características clínicas.

Neurología, economía y políticas: una agenda para el futuro

La pérdida de capital cerebral representó el 1,4 por ciento del PBI argentino en 2023, advierten especialistas en la reunión (Imagen Ilustrativa Infobae)

Paul Boon, presidente de la Neurology and Integrated Brain Health Policy y director de Neurociencias en la Universidad de Gante, aportó datos contundentes sobre los trastornos neurológicos en Europa. El 43% de los ciudadanos europeos estaban afectados por alguna afección neurológica, lo que representaba la principal causa de años de vida ajustados por discapacidad y una de las principales fuentes de mortalidad. Sin embargo, solo el 10% del gasto sanitario europeo se destinaba a estos trastornos, incluyendo la investigación neurológica.

La Unión Europea aprobó recientemente una inversión adicional de 500 millones de euros en investigación neurológica para la próxima década, aunque esta cifra seguía siendo una fracción del total destinado a investigación sanitaria. Boon calculó que el costo anual de los trastornos neurológicos en Europa ascendía a 1,7 billones de euros, y afirmó que incluso una reducción del 1% en este costo equivaldría al gasto sanitario de un país europeo.

El experto neurólogo presentó la “Misión de Salud Cerebral”, una iniciativa que definió la salud cerebral como la capacidad de cada persona para desarrollar sus habilidades y optimizar sus funciones cognitivas, emocionales, psicológicas y conductuales a lo largo de la vida. Rechazó reducir la salud cerebral a la simple prevención de factores de riesgo cardiovascular y defendió la necesidad de identificar y abordar factores de riesgo específicos del cerebro, desarrollando biomarcadores accesibles y equitativos.

Andrea Fiorillo destacó que casi la mitad de los europeos enfrentaba algún trastorno mental tras la pandemia de COVID-19 (Imagen Ilustrativa Infobae)

Reconoció que no siempre resulta realista pensar en la prevención absoluta de los trastornos neurológicos, pero subrayó la importancia de retrasar la aparición de enfermedades como la demencia. Citó los avances en diagnóstico y tratamientos modificadores de la enfermedad para el Alzheimer, aunque admitió que la eficacia clínica todavía resulta limitada y persisten los desafíos en accesibilidad.

La Misión de Salud Cerebral se propuso tres objetivos centrales: elevar la comprensión social sobre la salud cerebral, fortalecer las estrategias de salud pública promoviendo la creación de planes nacionales y posicionar la salud cerebral como una prioridad social y económica, argumentando que el capital humano y la capacidad cerebral resultan vitales para la prosperidad de las naciones, incluso por encima de los recursos naturales.

La necesidad de colaboración multidisciplinaria e inclusiva se destacó como uno de los consensos del evento. Boon remarcó el rol de neurólogos y psiquiatras como impulsores, pero también la importancia de integrar a pacientes, organizaciones clínicas, defensores y la industria. La organización de cumbres periódicas y la incidencia sobre responsables políticos resultaron estrategias clave para consolidar la salud cerebral en la agenda global.

Steven Lewis remarcó la importancia de superar los compartimentos estancos y potenciar la cooperación interdisciplinaria global

Steven Lewis, presidente de la Federación Mundial de Neurología, describió el trabajo de la organización y su objetivo de mejorar la neurología y la salud cerebral, priorizando las regiones con menos recursos. Lewis recordó que el término “salud cerebral” ni siquiera figuraba en la literatura científica hasta fines de los años noventa y que el interés global explotó desde 2007. Actualmente, existen miles de artículos y proyectos sobre el tema, lo que refleja el cambio de paradigma.

La Federación impulsa la formación de neurólogos, especialmente en África y regiones con baja densidad de especialistas, y colabora con la Organización Mundial de la Salud y la ONU en planes de acción global. Lewis destacó la importancia de superar los compartimentos estancos y fomentar la colaboración interdisciplinaria e internacional, adaptando las estrategias a los contextos de cada región.

El presidente de la WFN subrayó que la salud cerebral exige abordajes integrales que incluyan traumatismos, enfermedades cerebrovasculares y desarrollo infantil, y advirtió sobre el auge de terapias no probadas. Reafirmó la importancia de la comunicación y el intercambio entre regiones y disciplinas y celebró los avances recientes en la cooperación mundial.

Andrea Winkler advirtió que el cambio climático y la pérdida de biodiversidad afectan la salud cerebral y requieren respuestas integradas

Andrea Winkler, referente de la The Lancet One Health Commission, aportó una perspectiva esencial al subrayar la interconexión entre la salud cerebral y los desafíos ambientales y sociales del siglo XXI. Definió el enfoque “Una Salud” como un modelo colaborativo, interdisciplinario y multisectorial que articula la salud humana, animal, vegetal y ambiental.

“La interconexión socioecológica es fundamental para Una Salud”, sostuvo, y advirtió que el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación alteran ese equilibrio, con consecuencias que se distribuyen de manera desigual en la población.

Winkler instó a implementar reformas profundas en la gobernanza, la economía y los sistemas de conocimiento, priorizando la equidad y la inclusión. Su mensaje enfatizó la urgencia de integrar la salud cerebral en modelos de sostenibilidad global, con respuestas que abarquen prevención, vigilancia, transformación de sistemas alimentarios y una ciudadanía informada y empoderada.

Claudio Bassetti resaltó el valor de la cooperación entre disciplinas para diseñar planes nacionales de salud cerebral efectivos y sustentables

Claudio Bassetti, profesor de Neurología y director del Departamento de Neurología del Hospital Universitario de Berna, compartió la experiencia suiza como ejemplo de cómo adaptar estrategias de salud cerebral a las realidades locales. Destacó que el Plan Suizo de Salud Cerebral no surgió por mandato político, sino como una iniciativa colaborativa que buscó unir disciplinas y promover la cooperación entre neurólogos, psiquiatras, neurocientíficos, médicos generales, psicólogos y expertos en salud pública.

La creación de la Swiss Brain Health Foundation permitió canalizar recursos y sostener acciones en el largo plazo, mientras que la alianza con la federación nacional de sociedades neurológicas facilitó el diálogo con las autoridades y consolidó una voz colectiva. Bassetti subrayó que el verdadero diferencial del plan suizo residió en su enfoque interdisciplinario e interprofesional, capaz de integrar la investigación, la formación, la prevención y el empoderamiento de pacientes y cuidadores en una misma agenda.

El encuentro de Buenos Aires dejó una conclusión clara: la salud cerebral se consolidó como un tema central para el desarrollo humano, económico y social. La integración de saberes, la cooperación internacional y la apuesta por la innovación resultan la clave para enfrentar los desafíos del siglo XXI. Los próximos años serán decisivos para transformar el conocimiento en políticas y acciones capaces de proteger el capital cerebral de la sociedad.

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