
La inteligencia artificial (IA) está cambiando a pasos acelerados la forma en la que trabajamos y vivimos, sin embargo, los humanos aún conservamos habilidades que nos hacen únicos, según planteó un reciente informe publicado por el Instituto de Salud McKinsey en colaboración con el Foro Económico Mundial.
El desafío real no consiste en enfrentar a humanos y algoritmos, sino en combinar las fortalezas de ambos para impulsar el desarrollo, sostiene el reporte.
El Foro de Davos, la cumbre anual que reúne a líderes globales para debatir los desafíos económicos del siglo XXI, fue el escenario de la presentación de este informe que redefine el papel del cerebro humano frente al avance de la inteligencia artificial.
Para los investigadores, invertir en el desarrollo cognitivo y emocional desde la infancia hasta la vejez puede traducirse en una mayor productividad, mejor calidad de vida y sociedades más resilientes.
Las habilidades como la creatividad, la empatía o la capacidad de adaptarse rápido se vuelven activos fundamentales. Por eso, el informe convoca a gobiernos, empresas y a la sociedad en general a ubicar al “capital cerebral” en el corazón de sus agendas.
El informe es el puntapié inicial de la 2nd Meeting of the International Alliance on Brain Health, que se celebra en Buenos Aires hoy y mañana. La cumbre es organizada por la Fundación INECO, la Fundación Suiza para la Salud Cerebral y International Alliance on Brain Health en colaboración con The Lancet Commission on Brain Health.
El informe global sobre el valor del cerebro en la era de la IA

“Invertir en el cerebro humano es esencial para que las personas y los países puedan avanzar y aprovechar las oportunidades de la era tecnológica”, concluye el informe difundido por el World Economic Forum. En otras palabras, orientar la inversión hacia la prevención, la salud mental, la educación emocional y las neurociencias no es un lujo, sino la clave para prosperar en la nueva era.
El informe The Human Advantage: Stronger Brains in the Age of AI, sostiene que invertir en el cerebro humano es ahora una prioridad estratégica.
Los números hablan fuerte: si el mundo escalara intervenciones efectivas en salud cerebral, se podría sumar hasta 6,2 billones de dólares al producto bruto global.
Qué es el capital cerebral y por qué defina la competitividad en la era digital

Para ilustrar por qué, el informe introduce el concepto de “capital cerebral”, que implica mucho más que tener un cerebro sano.
Se trata de una combinación entre un cerebro con funciones cognitivas en todo su potencial —protegido de trastornos mentales y neurológicos— y un repertorio de habilidades como la empatía, la adaptabilidad o el liderazgo personal. En la economía digital, esa combinación es el nuevo tesoro.
Según proyecciones para 2025, las condiciones de salud cerebral representan el 24% de la carga global de enfermedad, incluyendo trastornos mentales, neurológicos, accidentes cerebrovasculares y autolesiones.

El informe destaca que, en países de ingresos bajos y medios, más del 75% de las personas con afecciones cerebrales no acceden a servicios ni tratamientos adecuados.
Los especialistas enfatizan la necesidad de invertir en intervenciones tempranas y preventivas, ya que la mitad de los trastornos mentales emerge antes de los 14 años y tres cuartas partes antes de los 24. Programas de nutrición, reducción del estrés y control de factores de riesgo deben adaptarse a cada etapa de la vida.
El estudio US POINTER, citado en el documento, aporta evidencia sobre los beneficios de cambios en el estilo de vida, como las dietas neuroprotectoras, el ejercicio físico y el entrenamiento cognitivo para los adultos mayores.
Además, el reporte alerta sobre las brechas de género: dos tercios de quienes viven con enfermedad de Alzheimer en el mundo son mujeres, lo que exige enfoques diferenciados en investigación y atención.
Las habilidades cerebrales son claves para el desarrollo productivo

En el nuevo escenario laboral, habilidades como el pensamiento analítico y creativo, la resiliencia, la flexibilidad, el liderazgo y la alfabetización tecnológica adquieren un valor central para la empleabilidad y el progreso social.
La urgencia de esa transformación queda clara en los números: el World Economic Forum calcula que, para 2030, casi 6 de cada 10 trabajadores necesitarán volver a capacitarse para estar a la altura de las nuevas demandas. Al mismo tiempo, uno de cada cinco empleados sufre agotamiento, una señal de alarma ya que el desgaste mental impacta en la productividad y eleva los costos en todos los sectores.
Medir el capital cerebral es fundamental para orientar recursos y priorizar políticas. El Brain Capital Dashboard, impulsado por la Euro Mediterranean Economists Association y la Brain Capital Alliance, evalúa indicadores de salud, habilidades, entornos amigables y políticas de innovación en más de 100 países. Esta herramienta permite identificar vulnerabilidades y diseñar intervenciones con mayor impacto.
Cifras clave del informe sobre capital cerebral

- El 24% de la carga global de enfermedad en 2025 corresponde a condiciones cerebrales, incluyendo trastornos mentales y neurológicos.
- Escalar intervenciones comprobadas en salud cerebral podría sumar hasta USD 6.200.000 millones al producto bruto global.
- Más del 75% de las personas con afecciones cerebrales en países de ingresos bajos y medios no acceden a tratamiento.
- La mitad de los trastornos mentales aparece antes de los 14 años y el 75% antes de los 24.
- Dos tercios de quienes viven con Alzheimer en el mundo son mujeres.
- Para 2030, el 59% de los trabajadores necesitará capacitación adicional para adaptarse a nuevas demandas laborales.
- Uno de cada cinco empleados en el mundo experimenta síntomas de agotamiento laboral.
El impacto negativo de “llegar tarde”
El informe subraya que la mayor parte de la investigación y desarrollo sobre el cerebro está enfocada en tratamientos tardíos, mientras que la prevención y el desarrollo de habilidades positivas permanecen subfinanciados. Recomienda ampliar la investigación interdisciplinaria, integrando ciencias sociales, educación, tecnología, políticas públicas y economía para abordar el desafío de manera integral.
Cerrar esta brecha exige creatividad también en las finanzas: el informe menciona alianzas público-privadas, fondos de impacto social o créditos fiscales como algunos de los caminos para movilizar inversiones a gran escala. La idea ya está en la agenda de organismos como la OMS, el G20 y la OCDE, pero el riesgo es que los esfuerzos se dispersen. Por eso, se plantea la creación de una entidad coordinadora global dedicada a impulsar la investigación y el liderazgo en torno al cerebro como motor económico.
En un escenario donde la inteligencia artificial reescribe las reglas de la economía, el verdadero diferencial será quién logre potenciar y cuidar su capital cerebral. Escalar las intervenciones en salud y habilidades, desde la infancia hasta la adultez, es la llave para transformar el potencial humano en crecimiento sostenible e inclusivo.

