Guillermo Francella, Adrián Suar y la intimidad del rodaje de su primera película juntos: “Esperábamos este momento”

Guillermo Francella, Adrián Suar y la intimidad del rodaje de su primera película juntos: “Esperábamos este momento”

Guillermo Francella y Adrián Suar bajo las órdenes de Ariel Winograd, el director de su primer proyecto en cine (Gentileza prensa)

El sol entibia un mediodía invernal en el que las callecitas de San Isidro invitan a caminar a la hora de la siesta. A unas cuadras de la majestuosidad del Jockey Club y a resguardo del ruido que proyecta la avenida, se respira un silencio pueblerino, casi de otra época. A mitad de cuadra, el asfalto se transforma en empedrado y la silueta de un hombre se recorta en un antejardín de un caserón estilo Tudor, con fachada de ladrillos rojos y techo a dos aguas. Habla por teléfono, gesticula, y con cada paso su figura se vuelve cada vez más familiar hasta que se resuelve el misterio. El hombre de traje es Guillermo Francella y la casa oficia como una sala velatoria en la que transcurre de manera secreta una página histórica del cine nacional.

Más que una película, Un funeral y medio hace justicia con dos de los comediantes más importantes de la Argentina. Por primera vez, Guillermo Francella y Adrián Suar comparten cartel en la pantalla grande en esta versión adaptada de Death at a funeral, la película británica de Frank Oz estrenada en 2007. Amigos desde hace casi 40 años, los actores fueron creciendo en sus carreras a la vista del público hasta construir esta actualidad exitosa. A lo largo de este tiempo fueron compañeros de teatro, rivales en televisión, socios en la producción, amigos, ante todo. O mucho más que eso. “Adrián es mi hermano menor”, sentencia Francella ante el micrófono de Teleshow. Y esta aventura empieza a cobrar sentido en modo flashback.

La historia del reencuentro tiene un largo camino. Desde que vio la versión original del filme, Francella supo que quería aplicarle su propio sello a una historia que ya se contó en diferentes idiomas y culturas. Se lo comentó a su amigo Luis Scalella, presidente de Argentina Sono Films, casi como una utopía, conocedor de las dificultades de este tipo de empresas. Pasaron los años y un día recibió un llamado de Luis. “¿Todavía tenés ganas de hacerla“. No había terminado de escuchar la frase y ya había activado la máquina productiva.

Teleshow estuvo presente en el fin del rodaje de Un funeral y medio: una sala velatoria ambientada en un caserón de San Isidro

Desde el primer momento Francella supo que iba a encarnar a Roberto, el hermano mayor, y que para el menor, Daniel, no había candidato mejor que Adrián Suar. En otra palabras, trasladar esa amistad fraterna al set de grabación: “Ahora nos vemos más seguido, vamos a comer después del teatro”, ratifica el actor de El Encargado. “Y también se sumó Pablito Codevilla, que es su mano derecha. Estar con esos amigos de la vida que me dio la profesión, me hace más feliz aún”, se entusiasma, ahora desde el rol de un productor que desarma el rompecabezas. “Los dos siempre coqueteamos con hacer algo juntos y no se había dado, hasta que acá se reunieron varias cosas. Fundamentalmente, el tiempo”, apunta Adrián sobre ese bien preciado que hay que buscar con lupa entre dos obsesivos del trabajo.

Desde que compartieron la inolvidable tira De carne somos a finales de los 80, el audiovisual no había sido un punto de contacto en sus respectivos caminos. Pese a algún cameo ocasional en modo ayudita de mis amigos -Adrián en Poné a Francella, Guillermo en Un novio para mi mujer-, el teatro había sido el terreno en el que sumaron fuerzas, tanto arriba del escenario como en la producción. “Está intacta la química que tuvimos cuando hicimos La cena de los tontos y Dos pícaros sinvergüenzas”, dice Adrián, y asegura que esa complicidad se mantuvo a resguardo del paso del tiempo y del formato más rígido que supone un rodaje. “Cambia el lenguaje, cambia la expresión, cambia la emisión de voz, y a lo mejor en el teatro tenés que ser más expansivo. Pero los momentos para encontrar la gracia son los mismos”, grafica.

Junto a Scalella, Francella asumió la producción y Suar se vio en la situación casi inédita de estudiarse el guion, actuar sus escenas y volverse a casa, algo que también sumó porotos a la hora de inclinar la balanza: “Me encantó la idea de que se encargue otro de todo ese quilombo”, resume con una sonrisa, conocedor del oficio. Para la dirección, el elegido fue Ariel Winograd, quien también tuvo el sí fácil como admirador de la versión original. Y se fueron juntando las piezas. Juan Minujín, Agustina Cherri, Flavia Palmiero, todos acomodaron sus agendas e hicieron posible un rodaje que hoy llega a su fin. Sí, en el caserón estilo inglés de San Isidro, en torno a un féretro, con Guillermo Francella a punto de realizar el discurso del adiós.

Guillermo Francella, también productor de la película, convocó a Adrián Suar para el coprotagónico:

El grupo de actores, técnicos y asistentes orbitan en torno a Winograd y el vozarrón del director sobresale entre el tono bajo y susurrado de su equipo, quizás contagiado por el rigor de la escena. “Vamos desde el inicio, Daniel”, ordena y Aráoz, el sacerdote de estola violeta y mirada comprensiva, repasa mentalmente su parte. El elenco se ajusta en semicírculo, bordeando al cajón y transmite un lenguaje corporal acorde a cada personaje. Mientras Suar parece retraído, resguardado por la estampa de Arturo Puig, un Minujín hiperkinético parece no tener demasiada noción de lo que está sucediendo y no lo sabe, pero Rodolfo Ranni lo observa incrédulo en su silla de ruedas. Francella ajusta los detalles de la toma, recostado en la seriedad que exige su papel, de riguroso traje negro, listo para despedir al patriarca de la familia que al parecer dejó algunos cabos sueltos antes de emprender el viaje. “Acción” grita Winograd, la palabra mágica para que ficción y realidad se confundan, aunque sea por un rato.

Lo que sucede en este hiato se verá en marzo del año próximo, cuando Un funeral y medio se estrene en cines. La adaptación a cargo de Fernando Castets que reúne a los grandes comediantes de la actualidad, en un elenco que también integran Gustavo Bassani, Rodrigo Noya y Coco Portillo, se mantuvo guardada bajo siete llaves hasta esta semana de anuncios. Una comedia negra anclada en una familia disfuncional, con situaciones disparatadas que plantean el ecosistema ideal para que se luzcan dos comediantes con sello propio.

Rodrigo Noya, Pablo Codevila, Guillermo Francella y Rodolfo Ranni, parte del elenco de Un funeral y medio

Francella termina su letra y apura el paso, mientras familiares allegados le abren paso. El “Corten” de Winograd libera las almas y los cuerpos. “Vamos para la base a comer”, da como última orden en un clima radicalmente opuesto. Los gritos, los aplausos, las felicitaciones y esa cuota de nostalgia en tiempo real que reflejan las despedidas.

Una charla detrás de escena

La base a la que refiere el director es otro caserón, ubicado en la misma cuadra en la vereda de enfrente que oficia de comedor, vestuario y camarines. En la puerta, un improvisado food truck reparte el plato del día, que en este caso son dos. Tapa de asado con verduras o canelones, con opciones de queso y dulce o flan mixto. Más que de sala velatoria, el living ofrece una escenografía de bar al paso del microcentro, con parroquianos que comparten mesas en torno a una tevé mundialista. La charla dominante sobre la Selección y su sueño de bicampeonato se mezcla con las anécdotas de trabajo, como ese celular inoportuno que obligó a cortar la filmación y del que nadie se hace cargo.

Agustina Cherri y Juan Minujín, parte de la familia disfuncional que motoriza la trama

Las risas se elevan sobre los ruidos de platos y cubiertos y las bromas transmiten el excelente clima laboral que en este caso no es ironía. Mientras llegan los cafés, Francella y Suar conversan mano a mano con Teleshow, y juegan su propio mundial sacando a la cancha toda su estirpe futbolera. “Yo estoy como un chico, veo todos los partidos, me quedo hasta tarde, me levanto muy temprano. Duermo poco, pero me fascina”, dice Guillermo, hasta que, como quien se da cuenta de que está hablando de más, empieza a esconder las cartas.

“Soy muy cabulero, pero si me preguntás algo puntual no sé qué decirte”, afirma. “Yo no tengo cábalas, ¿y vos?”, reacciona Adrián, quizás para resguardar la propia. Los dos coinciden en que los nervios y las tensiones no son las mismas que en años anteriores, “Ya con el título estoy tranquilo. Creo que estamos ilusionados los argentinos, pero sin la desesperación de años anteriores. El equipo está bien y llegará hasta donde tenga que llegar”.

Un funeral y medio es la adaptación de la comedia inglesa Death at a funeral, estrenada en 2007

Como si se terminara el recreo, es hora de volver al proyecto y los actores se animan a palpitar qué sucederá de cara al estreno pautado para marzo de 2027. De movida saben que la industria cinematográfica ofrece un escenario diferente al del teatro, con panorama de salas llenas y carteleras a tope, que experimentan de primera mano con sus trabajos en Desde el Jardín (Francella) y Sottovoce (Suar). “La gente se muere de risa durante una hora y veinte y eso superó mis expectativas”, reconoce Adrián. “Es algo intransferible la sensación de ver al artista en vivo. Yo estoy feliz de la vida con lo que pasa cada noche”, completa Guillermo, sobre este boom del teatro en el que grandes actores encabezan grandes obras, y que ocasionalmente los tiene en veredas opuestas.

Ya no quedan platos en la mesa y de a poco esta parte de San Isidro retomará el pulso habitual. El food truck bajó la ventanilla y, en la vereda de enfrente, los técnicos desarman los altísimos spots que vendían que algo raro pasaba en esa casa de ladrillos rojos y techo a dos aguas. Francella observa esa escena digna de outtakes con la misma pasión del primer día, pero desde otro lugar: “En una época no me llevaba bien con el ocio, ahora sí. Me gusta descansar, hacer huevo, pero también me gusta trabajar. Me aburre la idea del año sabático”, confiesa. Y detrás de esa sabiduría adquirida con los años, se esconde la síntesis de este proyecto. “Yo tengo la suerte de vivir de lo que amo, desde muy jovencito. Por eso me vuelve a doler la panza cuando estoy por salir a un escenario o por empezar un rodaje”. Ese que ahora llega a su fin, cuando los cabos sueltos se unen a la espera del estreno que los dos proyectan a lo grande. Pero esa será otra historia.

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