La escasez no solo afecta el bolsillo: qué le pasa al cerebro cuando sentimos que no alcanza

La escasez no solo afecta el bolsillo: qué le pasa al cerebro cuando sentimos que no alcanza

La percepción de escasez de recursos altera la flexibilidad cognitiva y dificulta la toma de decisiones en la vida cotidiana (VisualesIA)

Sentirse al límite, con la idea constante de que “no alcanza”, no solo impacta en la economía personal: también modifica la manera de pensar. Un experimento con estudiantes universitarios reveló que la percepción de escasez reduce la capacidad de adaptarse a nuevas situaciones y de cambiar estrategias mentales frente a un problema.

El estudio, realizado en un entorno controlado, comparó el desempeño cognitivo de participantes sometidos a escenarios de escasez con el de quienes no enfrentaban esa sensación. Los resultados mostraron diferencias claras en la flexibilidad mental y quedaron respaldados por registros de actividad cerebral obtenidos mediante electroencefalografía, que evidenciaron cambios en la forma en que el cerebro procesa la información bajo presión.

A través de tareas diseñadas para activar la sensación de escasez, los participantes debieron alternar entre diferentes reglas cognitivas. Quienes formaron parte del grupo de escasez necesitaron más tiempo para adaptarse a los cambios de tarea, lo que evidenció mayores dificultades para modificar patrones mentales y adoptar nuevas instrucciones.

Cambios en la actividad cerebral y desempeño

De acuerdo con los autores, la escasez percibida no solo se reflejó en el tiempo de reacción, sino también en la actividad cerebral. El grupo expuesto a la sensación de escasez presentó un aumento en la amplitud de la onda P3 diferencial en la corteza parietal, un indicador de mayor costo en el cambio de tareas. Este efecto se relaciona con una menor capacidad para actualizar reglas y adaptarse a nuevas demandas.

Los estudios muestran que la escasez, incluso si es subjetiva, reduce la capacidad para adaptarse a nuevas reglas y tareas cognitivas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según el estudio publicado en Frontiers in Neuroscience, la exposición a contextos de escasez llevó a una mayor sensación de agotamiento cognitivo y a una reducción temporal de la flexibilidad mental. Esta situación dificulta la adaptación a entornos cambiantes y reduce la eficiencia en tareas cotidianas, tanto laborales como educativas.

El equipo de investigación descartó que las diferencias se debieran a factores económicos objetivos o a la capacidad de autocontrol previa. La manipulación experimental permitió aislar el efecto de la percepción subjetiva de escasez sobre la flexibilidad cognitiva.

Escasez financiera y conductas saludables

La relación entre escasez financiera y conductas de salud también fue evaluada en una muestra de 2.379 adultos en los Países Bajos. Se analizó si la sensación de no tener suficiente dinero influye en el vínculo entre el nivel de ingresos y hábitos como el consumo de frutas, la actividad física y los intentos de mejorar la salud.

Experimentos con estudiantes revelan que la sensación de escasez genera mayor agotamiento mental y tiempos de reacción más lentos en pruebas cognitivas (Freepik)

De acuerdo con resultados publicados en National Library of Medicine, la escasez financiera explicó parte de la asociación entre ingresos bajos y mayor índice de masa corporal (IMC), así como menor consumo de frutas.

En ese sentido, la mediación de la escasez financiera también se observó en la predisposición a intentar mejorar hábitos alimenticios y de ejercicio, aunque no en el consumo de verduras.

El análisis mostró que la experiencia subjetiva de escasez no es exclusiva de los ingresos bajos. Incluso personas con ingresos medios y altos reportaron sentir escasez financiera en algún grado. La presencia de esta percepción se asoció con mayor preocupación y menor capacidad para mantener conductas saludables, independientemente del ingreso real.

Impacto de la escasez en el comportamiento y la cognición

La teoría de la escasez sostiene que cuando una persona percibe que dispone de menos recursos de los necesarios, su atención y esfuerzo mental se concentran en resolver problemas inmediatos. Esto genera una sobrecarga cognitiva que reduce la capacidad para planificar, controlar impulsos y tomar decisiones racionales.

La escasez percibida modifica la actividad cerebral en la corteza parietal, reflejando un mayor costo para cambiar de tarea y actualizar instrucciones (crédito Freepik)

Según los investigadores, este fenómeno explica por qué la escasez puede llevar a conductas impulsivas, dificultades para recordar información y problemas para adaptarse a nuevas situaciones. Estos efectos fueron observados tanto en experimentos de laboratorio como en análisis de población general.

La escasez percibida alteró la actividad cerebral en regiones vinculadas al control ejecutivo, lo que se tradujo en una menor flexibilidad para cambiar de tarea o ajustarse a nuevas reglas. A nivel conductual, las personas bajo escasez mostraron tiempos de reacción más lentos y mayores costos en el cambio de tareas.

Implicancias para la salud pública y la intervención

Los resultados sugieren que reducir la escasez financiera podría mejorar la capacidad de las personas para adoptar y mantener conductas saludables. Intervenciones centradas únicamente en el aumento de ingresos pueden no ser suficientes si la percepción de escasez no cambia en paralelo.

La relación entre escasez financiera y hábitos saludables se observa en adultos de distintos niveles de ingreso, afectando consumo de frutas y control del peso (Imagen ilustrativa Infobae)

La escasez financiera se presenta como un factor relevante en la explicación de las desigualdades en salud. Abordar tanto la situación económica objetiva como la percepción subjetiva puede potenciar el impacto de las políticas públicas orientadas a reducir la brecha en conductas saludables.

Escasez, preocupación constante y menor flexibilidad mental conforman un círculo que afecta la toma de decisiones y la capacidad de adaptación. La evidencia experimental y poblacional converge en que, más allá del ingreso real, dicha percepción tiene consecuencias directas sobre la salud mental y física.

Limitaciones y futuros desafíos

Ambos estudios reconocen que la percepción de escasez puede variar según factores culturales, sociales y personales. Además, la generalización de los resultados requiere ampliar la investigación a diferentes contextos y grupos poblacionales.

Reducir solamente la desigualdad económica no garantiza conductas saludables si la percepción de escasez financiera persiste entre la población (crédito Freepik)

El diseño experimental y el análisis de mediación permiten identificar mecanismos causales, aunque persisten desafíos para trasladar estos hallazgos a intervenciones concretas. La investigación futura deberá explorar cómo modificar la percepción de escasez y su impacto en la vida diaria.

La escasez percibida afecta la mente y la conducta, influye en la salud y puede perpetuar desigualdades. Entender este fenómeno es clave para diseñar estrategias efectivas que promuevan el bienestar y la equidad social.

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