
Los avances científicos desafían la visión tradicional que separa la mente del cuerpo. La investigación actual revela que la inflamación corporal puede modificar el cerebro y contribuir a la aparición de síntomas como ansiedad, depresión y deterioro cognitivo.
El profesor Ed Bullmore, una de las principales autoridades en psiquiatría del King’s College London, analizó cómo el sistema inmunitario y las citoquinas pueden actuar como un puente entre la salud física y la mental.
Sus planteos, difundidos en el ZOE podcast, exploran de qué manera los procesos inflamatorios podrían influir en los trastornos del estado de ánimo y destacan la importancia de abordar estas afecciones desde una perspectiva médica integral.
El fenómeno no responde solo a factores psicológicos o genéticos. Según el especialista, las moléculas inflamatorias generadas en distintas partes del cuerpo pueden atravesar la barrera hematoencefálica y alterar los circuitos neuronales involucrados en la regulación emocional.

La distinción entre salud física y mental, aún arraigada en la práctica médica, pierde sustento ante la evidencia de que ambos planos interactúan de manera constante.
Inflamación: del cuerpo al cerebro
El sistema inmunitario, diseñado para proteger frente a infecciones, puede desencadenar respuestas inflamatorias que afectan al cerebro. Bullmore señaló que la inflamación no se limita a la zona afectada, sino que suele ser sistémica y repercute en otros órganos, incluido el sistema nervioso central.
“La inflamación puede enviar señales al cerebro a través de moléculas inmunitarias (por ejemplo, citoquinas), lo que puede alterar la actividad cerebral y contribuir a que algunas personas se sientan decaídas, confusas o agotadas”, indicó el experto en el diálogo con Jonathan Wolf.

Los síntomas de depresión o ansiedad, lejos de obedecer únicamente a causas emocionales, pueden tener una raíz inflamatoria. Estudios recientes muestran que cerca del 30% de los casos de depresión grave presentan un componente inmunitario.
El fenómeno también se observa en enfermedades autoinmunes, como la artritis reumatoide, donde las proteínas inflamatorias circulan por el organismo y modifican la actividad cerebral.
Factores que potencian la inflamación
Diversos aspectos del estilo de vida impactan en el nivel de inflamación y, con ello, en la salud mental. El exceso de peso figura entre los principales factores de riesgo. La acumulación de tejido graso promueve la liberación de citoquinas y contribuye a una mayor incidencia de depresión en personas con obesidad. “A mayor obesidad, mayor inflamación”, destacó Bullmore.
El estado del microbioma intestinal también resulta determinante. La alteración de la flora bacteriana puede provocar respuestas inmunitarias intestinales y modificar el estado de ánimo. El intestino, es una frontera inmunológica del cuerpo, alberga una gran cantidad de células del sistema de defensa.

La salud bucal es un factor asociado. La enfermedad periodontal, frecuente en adultos, genera una inflamación persistente que puede detectarse en análisis de sangre y asociarse a mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia en edades avanzadas.
El envejecimiento, la menopausia y el estrés crónico completan la lista de factores que pueden activar mecanismos inflamatorios y afectar el bienestar emocional y cerebral.
Cinco acciones para proteger el cerebro
El enfoque preventivo gana peso ante la evidencia científica. El profesor Bullmore y el equipo editorial de ZOE recomendaron cinco acciones para reducir la inflamación y favorecer la salud cerebral:
Revisión integral de la salud: analizar el sueño, el estrés, la actividad física, la alimentación, la salud bucal y la presencia de enfermedades inflamatorias. Consultar al médico ante síntomas persistentes y considerar la salud física y mental como un todo.

Dieta mediterránea: priorizar verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos, semillas, aceite de oliva y pescado azul. Reservar los alimentos ultraprocesados para ocasiones puntuales.
Actividad física regular: caminar todos los días o mantener alguna rutina constante de movimiento. La constancia resulta más importante que la intensidad.
Cuidado bucal: mantener una correcta higiene oral mediante cepillado, limpieza interdental y visitas periódicas al dentista, con el fin de evitar focos de inflamación.
Gestión del estrés y apoyo psicológico: incorporar estrategias como yoga, meditación y terapia conversacional. El manejo del estrés debe abordarse desde una perspectiva global, física y mental.
La urgencia de un enfoque médico integral
La fragmentación entre especialistas de mente y cuerpo persiste en la formación y la práctica médica. El experto cuestionó la vigencia de esta división y destacó que “la evidencia apunta en una dirección diferente”.

Los síntomas mentales y físicos suelen presentarse de modo simultáneo y responden a causas comunes, especialmente en el ámbito inmunitario. “Existen numerosas pruebas que indican que están relacionadas, sobre todo a través del sistema inmunitario”, señaló el psiquiatra.
El diagnóstico y el tratamiento de los trastornos del ánimo requieren una evaluación que contemple tanto la dimensión física como mental. La asignación de etiquetas diagnósticas centradas solo en síntomas, sin investigar las causas de fondo, limita las posibilidades de intervención efectiva.
“A medida que nos acerquemos a comprender las causas de la depresión o la ansiedad, descubriremos que, en realidad, se puede estar deprimido por muchas razones diferentes”, sostuvo Bullmore en el final del podcast.

