
Miles de animales son sometidos cada año a condiciones extremas en los barcos de exportación. Ovejas, cabras y vacas son confinadas en espacios mínimos, sin posibilidad de movimiento, rodeadas de calor sofocante, suciedad y miedo. Cuando ocurre un incidente, como el reciente incendio y hundimiento de un buque frente a Omán, en mayo de 2026, los animales quedan atrapados sin opción de escapar. Mueren asfixiados, ahogados o aplastados, en un entorno de pánico angustiante.
Ese tipo de episodios se repiten de manera sistemática. En 2018, imágenes captadas en un buque australiano mostraron a miles de ovejas jadeando por el calor y agonizando entre cadáveres y excrementos durante un viaje a Asia Occidental. Al año siguiente, en noviembre de 2019, el naufragio del Queen Hind en Rumanía dejó miles de cuerpos atrapados o flotando en el mar, mientras los equipos de rescate solo lograron salvar a unos pocos animales. Tiempo después, en 2022, la muerte se trasladó a Sudán, donde más de 14 mil ovejas murieron ahogadas tras el vuelco de un barco en el puerto.
Pero antes, el 14 de junio de 2015, el buque de carga Trust1 zarpó desde Rumania con 13 mil ovejas vivas rumbo a Jordania. Pero, el hacinamiento extremo, la falta de ventilación y el desabastecimiento de agua provocaron una crisis a bordo que causó la muerte de más de 5 mil animales por deshidratación e inanición. Al llegar a destino las autoridades portuarias rechazaron el desembarco debido al estado de los animales. La tripulación navegó a la deriva durante dos semanas y en Somalia vieron que todas estaban muertas. A causa de ello, la coalición internacional Compassion in World Farming (CIWF) estableció la fecha como el Día Internacional de Concienciación sobre la Exportación de Animales Vivos con el objetivo es visibilizar el sufrimiento y la muerte que implica este comercio y exigir el fin definitivo de los traslados de larga distancia de animales vivos.
Desde entonces, hubo un cambio de posición respecto al bienestar animal y países como Nueva Zelanda prohibieron totalmente este tipo de exportación marítima en abril de 2023; Luxemburgo restringió estos envíos fuera de la Unión Europea en 2022; Reino Unido sancionó su prohibición en mayo de 2024; y Australia programó el fin de sus exportaciones ovinas por mar para 2028; Argentina, en cambio, adoptó la dirección opuesta al desregular este sector. El gobierno argentino promulgó el Decreto 133/2025 el 26 de febrero de 2025, el cual derogó una norma histórica de 1973 que prohibía la exportación de ganado vacuno en pie con destino a faena. Esta decisión, que ya generó un fuerte rechazo y movilizaciones por parte de organizaciones animalistas en diversas provincias argentinas, ahora es confrontada con un proyecto de ley que busca derogar esa norma y que quede “prohibida la exportación por tierra o por mar con cualquier destino de ganado mayor o menor vivo”.

Las 13 mil ovejas muertas y el nacimiento de una causa internacional
Lo que ocurrió en el Trust 1 en 2015 durante un viaje iniciado en Rumania y finalizado en Somalia, se consolidó como el caso más trágico de mortalidad animal en la historia del transporte marítimo. Las ovejas, embarcadas para ser enviadas vivas a mercados de Asia Occidental, pasaron semanas dentro de la bodega en condiciones extremas: hacinamiento, temperaturas elevadas, falta de agua y alimento, y atención veterinaria inexistente. El barco no pudo desembarcar en su destino y vagó sin rumbo durante días, lo que sumó desesperación y sufrimiento a los animales, hasta su muerte por inanición y deshidratación.
El impacto fue inmediato en todo el mundo. Organizaciones internacionales animalistas como Compassion in World Farming (CIWF) e Igualdad Animal visibilizaron lo sucedido como ejemplo de los riesgos sistémicos de la actividad y motor de una causa global. El barco se convirtió en un símbolo del sufrimiento animal ligado a la exportación de animales vivos, poniendo en primer plano la necesidad de revisar y cuestionar esta práctica a nivel mundial.
Ante la magnitud del hecho, en 2016 se instauró el 14 de junio como el Día Internacional de Concienciación sobre la Exportación de Animales Vivos, una jornada que desde entonces reúne a organizaciones, activistas y ciudadanos en movilizaciones, campañas y reclamos por el fin de este comercio.

La historia del Trust 1 se repitió una y otra vez. El primer caso crítico ocurrió entre finales de 2020 y marzo de 2021 con los buques Karim Allah y Elbeik, que mantuvieron a casi 2.700 terneros atrapados en el Mar Mediterráneo tras salir de España. Los gobiernos de Turquía y Libia rechazaron el desembarco de los animales por sospechas burocráticas de un brote de la enfermedad de lengua azul, lo que desató una crisis veterinaria en altamar. Los animales pasaron tres meses hacinados dentro de las bodegas, sufriendo desnutrición, pérdida de peso extrema y problemas oculares y cutáneos provocados por la acumulación de amoníaco. Aunque decenas de terneros murieron durante la navegación, el calvario terminó cuando la justicia ordenó el regreso de las embarcaciones a puertos españoles, donde las inspecciones sanitarias oficiales determinaron que el sufrimiento acumulado era irreversible y decidieron sacrificar a la totalidad de los animales.
Al año siguiente, en junio de 2022, el comercio volvió a cobrarse miles de vidas en el puerto de Suakin, en Sudán, cuando el buque Al Badri 1 se dio vuelta de campana. La embarcación, diseñada para un máximo de 9 mil individuos, fue sobrecargada ilegalmente con casi 16 mil ovejas destinadas al matadero en Arabia Saudita. Mientras los tripulantes se ponían a salvo durante el lento hundimiento, el exceso de peso sepultó el barco y provocó el ahogamiento inmediato de más de 14 mil ovejas desprotegidas y atrapadas en la estructura, convirtiendo el muelle en una fosa común.
Estos fueron algunos episodios que exponen la fragilidad estructural del sistema de exportación de animales vivos. Los viajes, que pueden durar hasta tres semanas por mar y miles de kilómetros por tierra, someten a millones de animales cada año a condiciones de sufrimiento extremo. En la Unión Europea, se estima que más de 44 millones de animales son exportados vivos anualmente, en una industria mundial que prioriza el comercio por encima del bienestar animal.

El sufrimiento animal y el debate ético
El caso Trust 1 permitió que el padecimiento de esos animales se convirtiera en el eje central del debate público. Informes de Compassion in World Farming, Igualdad Animal y otras organizaciones internacionales documentaron en detalle las tortuosas condiciones que soportan ovejas, corderos, terneros, caballos, cabras y cerdos durante estos viajes: hacinamiento extremo, privación de sus necesidades básicas, lesiones severas, infecciones, estrés agudo y una alarmante tasa de mortalidad. Las imágenes y testimonios recogidos por activistas y profesionales ratifican que este sufrimiento no es una falla del sistema, sino una consecuencia inherente e inevitable de mercantilizar la vida a través de esta forma de comercio.
“Desde las granjas hasta los mataderos, los animales explotados para la alimentación sufren tremendamente. Los animales suelen ser golpeados y pateados para subirlos al transporte, donde no cuentan con suficiente espacio y viajan hacinados, aplastados uno contra el otro y sin suficiente ventilación”, aseguró Sharon Núñez, presidenta de Igualdad Animal. La veterinaria australiana Lynn Simpson, reconocida a nivel mundial por su gran labor en bienestar animal, contó en múltiples informes que los individuos transportados por mar sufren heridas abiertas, enfermedades infecciosas, infecciones dolorosas en las pezuñas, pérdida total del apetito, deshidratación severa y, en muchos casos, la muerte. “Un examen de la historia del comercio mundial de exportación de animales vivos revela que miles de animales han muerto como resultado de factores imprevistos”, señala la médica que fue testigo directo de casos de mortalidad masiva por tormentas, averías técnicas y bloqueos portuarios donde los animales son víctimas.
El infierno de estos animales no mejora al llegar a los países importadores. En la gran mayoría de los casos, el desembarco y el traslado final se realizan sin ningún tipo de control efectivo, y la ejecución se lleva a cabo en mataderos donde las normas de bienestar animal son inexistentes. Investigaciones encubiertas documentaron prácticas de descarga inhumanas y violenta: golpes, manipulación cruel con picanas y degüellos agónicos sin aturdimiento previo ni supervisión veterinaria, lo que extiende y agrava el calvario de los animales exportados hasta su último segundo de vida.
Los barcos utilizados para estos traslados suelen ser los más antiguos, precarizados y menos regulados de la flota marítima mundial. Más del 80 por ciento de estos buques supera los 40 años de antigüedad, lo que incrementa exponencialmente el riesgo de accidentes, fallas estructurales y catástrofes durante la travesía en alta mar. También la falta de infraestructura adecuada para el tratamiento de los desechos acumulados y la escasez de personal capacitado suman peligros adicionales tanto para la supervivencia de los animales como para los propios trabajadores de la tripulación.
A la par del sufrimiento animal, este modelo ejerce una presión devastadora sobre el medio ambiente. Los descomunales buques ganaderos operan como fuentes móviles de contaminación severa, descargando al océano miles de toneladas de orina, capas densas de estiércol y restos orgánicos sin ningún tipo de tratamiento previo, lo que altera drásticamente los ecosistemas marinos mediante la eutrofización. Asimismo, el deambular de estos barcos antiguos por miles de millas náuticas genera una huella de carbono desproporcionada debido al uso intensivo de combustibles pesados altamente contaminantes. Cuando ocurren catástrofes y mortandades masivas, los cadáveres arrojados al mar o acumulados en las costas provocan crisis de salud pública y focos infecciosos, transformando lo que se piensa como una forma más de comercio en un desastre ecológico que daña la biodiversidad costera y a sus poblaciones.
Por esto, desde hace poco años el movimiento abolicionista y de derechos animales busca visibilizarlo y se refiere, primero, a la pregunta ética sobre la legitimidad de someter a seres sintientes a estas condiciones deplorables en nombre del comercio internacional. Este debate ético se entrelaza de forma directa con el marco legal: en países como la Argentina, la Ley 14.346 sanciona penalmente el maltrato y la crueldad, mientras que recientes fallos de la jurisprudencia local reconocen formalmente a los animales como sujetos de derechos y personas no humanas. Este avance legal histórico refuerza la exigencia civil de prohibir de manera definitiva la exportación marítima de animales vivos y exigir el reemplazo inmediato por alternativas que respeten la vida.
La Argentina y la reapertura de un debate histórico
El 26 de febrero de 2025, el Gobierno argentino promulgó el Decreto 133/2025, derogando la restricción histórica que regía desde 1973 y habilitando la exportación marítima de ganado vivo. La medida fue presentada como parte de una política de apertura económica y desregulación, sustentada en la Ley 27.742 y el Decreto 70/2023, de desregulación económica. Así, el Ejecutivo argumentó que la eliminación de restricciones promovería la competitividad internacional y facilitaría nuevos negocios para el sector agropecuario.
Sin embargo, la medida generó un rechazo inmediato por parte de organizaciones sociales, ambientales y defensoras de los animales. Diversas entidades presentaron un proyecto legislativo “Ley de Prohibición de Transporte de Ganado Vivo. Derogación del decreto 133/25″ —registrada de forma oficial en el Trámite Parlamentario N° 84 de la Cámara baja— en el Congreso para restablecer la prohibición y garantizar la protección legal de los animales. La propuesta establece una prohibición total de la exportación de todo tipo de ganado vivo, por cualquier medio y con cualquier fin, fundamentando que esta práctica “impone sufrimientos innecesarios incompatibles con el sistema jurídico argentino”.
También sostiene que el transporte internacional de animales es “un momento crítico que expone a los animales a estrés, falta de alimento e hidratación, enfermedades, accidentes y condiciones de control sanitario muy limitadas”. Además, el proyecto enfatiza que la legislación argentina, especialmente la Ley 14.346, y la jurisprudencia nacional reconocen a los animales como sujetos de derechos y prohíben el sufrimiento innecesario, sin distinguir especies.

“Nuestra legislación, jurisprudencia y sociedad, no toleran el sufrimiento innecesario de los animales, sin importar la especie de que se trate. El transporte marítimo internacional de ganado es una forma de sufrimiento innecesario que debe ser prohibido”, dice el proyecto sobre el principio de no crueldad.
En ese sentido, el debate legislativo podría retomar no solo argumentos éticos y de bienestar animal, sino también antecedentes internacionales, como las recientes prohibiciones en Reino Unido y Luxemburgo. Se destaca que el principio de no regresividad en materia de derechos y el avance en la consideración social y legal sobre el trato a los animales exigen restablecer la prohibición de la exportación en pie. Además, el proyecto subraya que “la economía no puede prevalecer sobre la normativa penal y regulatoria de protección animal”, y que la exportación de ganado en pie no representa una demanda significativa ni una ventaja para el sector productivo argentino.
En paralelo, la sociedad civil intensificó su protagonismo con campañas públicas, amparos y solicitudes de acceso a la información. El SENASA reconoció en 2025 la ausencia de exportaciones concretadas tras la derogación y la necesidad de marcos normativos específicos para el bienestar animal en el transporte marítimo. La experiencia internacional y la presión social refuerzan el reclamo local para adoptar un cambio definitivo y prohibir la exportación de animales vivos, priorizando la integridad y el bienestar animal por encima de intereses comerciales.

Impacto ambiental, presión internacional y la mirada mundial
El transporte marítimo de animales vivos también implica graves consecuencias ambientales que destruyen los océanos. Los barcos utilizados para estos traslados masivos generan toneladas de residuos diarios que incluyen orina, heces, restos de alimento descompuesto y los cadáveres de animales que no resisten la travesía. Buena parte de estos desechos, cargados de nitrógeno y fósforo, se vierte directamente al agua sin tratamiento previo, provocando la eutrofización de los ecosistemas marinos, la proliferación de algas tóxicas y la muerte por asfixia de la fauna local, un daño ambiental severo que se agrava con la introducción de especies invasoras a través del agua de lastre. Organizaciones como el Forum Nacional de Proteção e Defesa Animal e Igualdad Animal denuncian que el barco deja una estela de grave impacto ambiental a lo largo de su travesía, ya que vierte los desechos de miles de animales al mar.
A esta contaminación directa se suma una enorme huella atmosférica y acústica que empeora por la antigüedad de la flota: la mayoría de los barcos tiene más de 40 años, carece de infraestructura moderna para mitigar impactos y quema los combustibles fósiles más pesados y nocivos del mercado, liberando grandes volúmenes de dióxido de carbono. Además, el hacinamiento extremo de miles de rumiantes en espacios cerrados genera una emisión concentrada de gas metano que se disipa directamente a la atmósfera, mientras que los potentes ruidos de los viejos motores industriales torturan acústicamente a los cetáceos y especies nativas a lo largo de las rutas comerciales. Y los riesgos operativos de estas naves obsoletas afectan también a la tripulación precarizada, registrándose recurrentes brotes de enfermedades zoonóticas y accidentes sanitarios que ponen en jaque la salud pública y la seguridad alimentaria mundial.

A pesar de la resistencia de la industria, la presión internacional para prohibir la exportación de animales vivos se traduce en avances legislativos concretos que marcan una tendencia abolicionista global. En 2024, el Reino Unido vetó la exportación de animales vivos para engorde y sacrificio mediante una ley histórica. Australia estableció por votación parlamentaria el fin definitivo de la exportación marítima de ovejas para el año 2028. Luxemburgo y Alemania restringieron severamente estos envíos fuera de las fronteras de la Unión Europea para no ser cómplices de la falta de regulaciones en terceros países, mientras que Nueva Zelanda implementó la prohibición total en abril de 2023. En Brasil, tras un histórico fallo de la justicia federal que reconoció la crueldad intrínseca del sector, se mantiene una batalla legal crucial donde los movimientos sociales exigen la ratificación definitiva de la prohibición de embarcar ganado en pie en todos sus puertos.
En estos contextos, cada 14 de junio, las campañas internacionales se intensifican: organizaciones, plataformas ciudadanas y movimientos animalistas de todo el planeta coordinan movilizaciones masivas, acciones de concientización digital y presentaciones legales ante organismos internacionales, como la Organización Mundial de Sanidad Animal. En la Argentina, este debate entró en una etapa crítica y de máxima alerta para el movimiento animalista y ambientalista. La sociedad civil exige un marco legal moderno que priorice de forma efectiva el bienestar animal y la protección de la biodiversidad, alineando al país con la sensibilidad ética contemporánea en lugar de reinsertarlo en un comercio internacional ampliamente cuestionado y en vías de desaparición.
*Más información de la propuesta argentina, en el conversatorio “Los barcos de la muerte” que brindará detalles en el canal de YouTube Círculo de Estudios Antiespecistas (https://www.youtube.com/@circulosantiespecista)

