
Hay derrotas que son más difíciles de digerir, y Tomás Etcheverry lo sabe. Luego de no poder capitalizar los siete puntos de partido en los octavos de final del ATP 500 de Hamburgo ante el estadounidense Tommy Paul y de caer en el debut en Roland Garros, el tenista argentino tomó la decisión de parar la pelota y regresar por algunas semanas a sus orígenes, La Plata, para refugiarse con los suyos y preparar la gira sobre césped.
Para Etcheverry, a pesar de no estar en competencia, no es un domingo cualquiera. Sus rutinas y hábitos son fundamentales para un jugador de alta competencia, que pocas veces puede darse el lujo de pensar en descansar un fin de semana sin estar al lado de su fiel compañera: la raqueta.
La temporada del platense, sin embargo, tiene más razones para la ilusión que para el lamento. En 2026 conquistó por primera vez un título ATP al quedarse con el certamen de Río de Janeiro, de categoría 500, un logro que marcó un punto de inflexión en su carrera. A principios de mayo, además, el Retu llegó a convertirse en la raqueta número 1 de Argentina y Sudamérica y alcanzó el puesto 25 del ranking ATP, la mejor ubicación de su carrera.
Pero el crecimiento no se explica solamente desde los números. También hay una evolución silenciosa, menos visible, construida desde el trabajo mental y emocional. “Creer en uno mismo es muy importante”, explica en diálogo con Infobae.

“Hice mucho trabajo de coaching y psicólogo para empezar a desbloquear varios momentos de los partidos. Hay situaciones en las que uno se pone más tenso, y se trata de entender un poco cómo funciona la mente con los pensamientos negativos y positivos. Cómo poder controlar esa área obviamente es súper importante, al igual que el tenis y la parte física. Uno le tiene que dar bola al área mental”, sostiene Tommy, y destaca la importancia de convivir con la frustración, una palabra inevitable en un deporte individual y de extrema exigencia.
La transformación se refleja en la cancha. En el Masters 1000 de Montecarlo firmó una muy buena actuación ante el español Carlos Alcaraz. Aunque cayó en tres sets, el argentino dejó una imagen de competitividad que alimentó las expectativas de un salto todavía mayor dentro del circuito. Fue una derrota, sí, pero de esas que dejan señales positivas.
Etcheverry, ubicado actualmente en el puesto 28° del ranking ATP, se afianzó este año como uno de los mejores especialistas sobre polvo de ladrillo del circuito. Con 16 triunfos, es el cuarto jugador con más victorias en la temporada sobre esa superficie, debajo del italiano Jannik Sinner y el español Rafael Jodar, ambos con 18, y del ítalo-argentino Luciano Darderi, que suma 17. Detrás suyo aparece Francisco Cerúndolo, con 15.
“Quizás tengo una espina nomás en Roland Garros y el de la semana anterior en Hamburgo, que no me fue la verdad como quería, pero venía siendo un año espectacular”, admite. El dolor tiene explicación: en Francia quedó eliminado en la primera ronda ante el portugués Nuno Borges y en Alemania desperdició siete match points ante Tommy Paul, en un partido que todavía resuena en su cabeza.
Aun así, el argentino pone el foco en lo construido. “Con el título de Río y ganando tantos partidos, la confianza y también el trabajo que vengo haciendo, la verdad que me deja tranquilo de cómo vengo haciendo las cosas, que es lo más importante”, afirma. El mensaje es claro: más allá de las derrotas puntuales, el camino parece ser el correcto.
Aunque hoy se consolida entre los 30 mejores del ranking, Etcheverry tiene un horizonte mucho más ambicioso. Primero, colarse entre los 20 mejores del mundo, una meta que percibe cercana. “Son un par de partidos más que, si los logro ganar, se va a dar solo”, explica.
No es el único anhelo que lo moviliza. Cuando se le pregunta por el desvelo de su carrera, Etcheverry no esquiva el golpe ganador. “Hacer el Top 10 es algo que me encantaría, sería un sueño. Desde chico también siempre quise ganar un Grand Slam. Eso es lo máximo, y a lo que hay que aspirar”, confiesa.

El platense sabe, sin embargo, que el salto definitivo no llegará de un día para el otro. “Tengo que seguir mejorando, sumarle más herramientas a mi juego, animarme un poco más. Lograr tener mejores resultados en torneos grandes, ya sea ganar un Grand Slam, meter cuartos, semis. Hay que tener un año muy regular para poder alcanzarlo”, analiza.
Mientras tanto, también disfruta de objetivos alcanzados. Haber tocado el número uno sudamericano fue una conquista simbólica importante, aunque el propio Etcheverry intenta relativizarla y poner el foco en su propio crecimiento dentro del circuito. “Era algo que también venía buscando, un objetivo que si se daba, buenísimo, pero creo que el foco tiene que estar en otro lado, en mejorar uno, en tratar de no compararse, de seguir ganando y mejorar”.
Su recorrido con el equipo argentino también alimenta expectativas. En Copa Davis acumula seis triunfos y apenas dos derrotas, un balance que lo consolidó como una pieza confiable dentro del conjunto nacional y que alimenta otro sueño pendiente: levantar la Ensaladera de Plata.
Por lo pronto, la agenda ya tiene sus próximos destinos. Después del regreso a casa y del tiempo para resetear cuerpo y cabeza, Etcheverry pondrá primera en la gira sobre césped: Halle y Eastbourne serán las paradas previas antes de culminar el recorrido en Wimbledon, el tercer Grand Slam de la temporada.

