
Un informe publicado por la ONG Prisoners Defenders reveló que la población carcelaria cubana recibe una «dieta diaria incompatible con la salud humana“, lo que provoca enfermedades graves, deterioro físico y un impacto humanitario de escala masiva.
Javier Larrondo, presidente de la organización, advirtió en diálogo con Infobae sobre la magnitud del drama carcelario en la isla. El reporte, construido a partir de fotografías, testimonios y un análisis científico prudente, concluyó que la dieta diaria en las cárceles cubanas aporta entre 250 y 353 kilocalorías, una cantidad que representa solo entre el 10 y el 14% del requerimiento mínimo para un adulto sedentario.
“No hablamos de una mala dieta ni de carencias ordinarias. Hablamos de infraalimentación severa, capaz de producir pérdida extrema de peso, anemia, inmunodepresión, daño neurocognitivo, mala cicatrización y vulnerabilidad frente a infecciones en unos pocos meses”, afirmó Larrondo a este medio.

Dieta documentada y consecuencias clínicas
La investigación detalló que el desayuno suele consistir en una pieza de pan blando de 45 a 60 gramos y una pequeña taza de té sin aporte calórico relevante. El almuerzo y la cena repiten una ración de menos de 30 gramos de arroz, alrededor de 50 gramos de sopa ácida y una croqueta pastosa de unos 20 gramos.
Sumadas, estas comidas apenas cubren una fracción mínima de las necesidades energéticas y nutricionales, con déficits extremos de proteínas, vitaminas y minerales esenciales como hierro, calcio, vitamina C y ácido fólico. La dieta media estimada aporta entre 6,6 y 10,1 gramos de proteína al día, menos del 18% del valor de referencia, y el aporte de vitamina C es prácticamente nulo.

El informe advirtió que estas condiciones generan desnutrición energético-proteica grave, anemia, deterioro muscular, daño neurocognitivo y un aumento crítico de la vulnerabilidad frente a infecciones.
La escasez de frutas, hortalizas y alimentos de origen animal deriva en déficits severos de micronutrientes, con síntomas que van desde sangrado gingival y hematomas hasta escorbuto, beriberi y daño neurológico.
“La permanencia en prisión no solo agrava de forma crítica el estado de los reclusos, sino que convierte su encarcelamiento en una amenaza directa para sus vidas y sus familias”, subrayó el documento.

Condiciones insalubres y agravamiento del deterioro
A la desnutrición se suma la insalubridad generalizada. Las celdas, colchones y estructuras de descanso están infestadas de chinches, lo que provoca picaduras constantes, insomnio, heridas en la piel y sobreinfecciones, agravando el deterioro físico de personas ya debilitadas.
El acceso a la atención médica es sistemáticamente negado o resulta insuficiente, lo que multiplica los riesgos de complicaciones graves y muerte.


Impacto humanitario y casos emblemáticos
Cuba mantiene cerca de 90.000 personas privadas de libertad, lo que representa aproximadamente el 1% de la población nacional, según datos de World Prison Brief y la Oficina Nacional de Estadística e Información. Este porcentaje sitúa al país entre los sistemas penitenciarios más represivos y masivos del mundo, con proporciones fuera de lo habitual en la comparación internacional.
Prisoners Defenders identificó 447 presos políticos con patologías graves provocadas o agravadas por las condiciones de reclusión, 47 con trastornos mentales severos sin tratamiento y al menos 34 personas en riesgo extremo cuya excarcelación inmediata constituye una emergencia humanitaria.

Entre ellos, se encuentran personas gravemente enfermas, menores en prisiones de máxima seguridad, madres separadas de sus hijos menores y presos con enfermedades mentales incompatibles con la prisión y con antecedentes de intentos de suicidio.
El caso de Alexander Díaz Rodríguez, manifestante del 11J (las masivas protestas del 11 de julio de 2021) condenado a cinco años de prisión, ilustra los efectos acumulativos de la desnutrición, la insalubridad y la falta de atención médica. Tras su liberación este mes, presentaba cáncer avanzado de garganta, anemia, desnutrición extrema y hepatitis B, sin haber recibido atención médica oportuna.

Violaciones a estándares internacionales
El informe remarcó que las condiciones documentadas vulneran los estándares mínimos del sistema internacional de derechos humanos, incluidas las Reglas Nelson Mandela de Naciones Unidas y los Principios y Buenas Prácticas sobre la Protección de las Personas Privadas de Libertad en las Américas de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Estas disposiciones exigen alimentación suficiente y de calidad, acceso permanente a agua potable, atención sanitaria adecuada, condiciones higiénicas y respeto a la dignidad humana.
La evidencia recogida confirmó que el Estado cubano incumple de manera sistemática estos estándares, incurriendo en trato cruel, inhumano y degradante, y posibles crímenes de lesa humanidad.

Llamado internacional
En su conversación con Infobae, Javier Larrondo insistió en que la pasividad de la comunidad internacional equivale a complicidad. “La pasividad ya no es neutralidad. La pasividad ante esta evidencia prolonga el sufrimiento y es complicidad. Cada día de silencio puede ser un día menos de vida para quienes están encerrados, enfermos y abandonados en las prisiones de Cuba”, expresó.
El informe de Prisoners Defenders exigió a la comunidad internacional, gobiernos democráticos, Naciones Unidas, el Sistema Interamericano y la Unión Europea la adopción de medidas concretas de protección, el acceso internacional a las prisiones cubanas y la excarcelación inmediata de los presos en riesgo extremo y de todos los presos políticos.
Por último, subrayó que la continuidad de la reclusión bajo estas condiciones es insostenible desde cualquier perspectiva humanitaria y jurídica.

