Pascua e industria: el alma productiva de Nuevo León

Pascua e industria: el alma productiva de Nuevo León

Una vista aérea muestra parte del área urbana en el estado de Nuevo León. REUTERS/Daniel Becerril

Por años se ha querido instalar una falsa disyuntiva en el norte de México, específicamente en Nuevo León: crecimiento o justicia, empresa o comunidad, industria o bienestar. Esa discusión, hay que decirlo con claridad, es artificial y además es ajena a nuestra historia.

Porque si algo ha definido al industrialismo regiomontano es precisamente lo contrario: la capacidad de crecer con sentido, de producir con responsabilidad y de entender que la riqueza solo vale cuando se comparte.

Ahí está el legado de Eugenio Garza Sada, el gran referente del industrialismo norteño, quien lo dijo con una claridad que hoy sigue marcando rumbo: “El respeto a la dignidad de la persona humana está por encima de cualquier consideración económica”. Y también lo dejó establecido sin ambigüedades: “El empresario debe tener un profundo sentido de responsabilidad social”. Ese es el verdadero ADN industrial de Nuevo León. No el egoísmo, no la acumulación sin límite, no el éxito aislado, sino una ética productiva donde la empresa sirve a la persona y no al revés.

Y justo ahí es donde hay que poner orden en la conversación pública: la 4T Norteña, el modelo de gobierno que ya ha sido probado con éxito en la Zona Metropolitana de Nuevo León no es contraria a ese legado, es su evolución natural. Hoy, bajo el liderazgo de la Presidenta de México, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, y su visión de Crecimiento Equitativo, estamos observando con claridad que el desarrollo económico sí puede ir de la mano con la justicia social; que eso no solo es posible, es indispensable.

La 4T Norteña como modelo de gestión pública parte de una lógica profundamente norteña: la economía tiene que crecer, pero ese crecimiento tiene que sentirse en la vida diaria de la gente. Ese es el corazón del modelo, impulso a la inversión, industria, innovación y productividad, y sobre esa base asegurar que el crecimiento se convierta en desarrollo incluyente. Eso no es ideología, es sentido común con identidad industrialista real y viable.

La 4T Norteña como modelo de gestión pública parte de una lógica profundamente norteña

En este contexto, la empresa adquiere un papel decisivo. Hoy más que nunca, la empresa ya no puede entenderse solo como un espacio de generación de utilidades; es, en realidad, el campo de batalla moral del siglo XXI. Ahí se define si el crecimiento incluye o excluye, si genera comunidad o fragmentación, si fortalece o debilita el tejido social. Como lo afirma Monseñor Ramón Castro: “La empresa no es solo instrumento económico, sino comunidad de personas”. Y esta idea está profundamente arraigada en la Doctrina Social de la Iglesia. Caritas in veritate lo expresa con claridad: “La empresa… es una sociedad de personas” (Benedicto XVI, 2009, n. 43, en el artículo de Carlos Anaya Moreno).

Esto conecta de forma directa con el pensamiento de Garza Sada y con la lógica de la 4T Norteña, porque si la empresa es comunidad, entonces el crecimiento económico también es una responsabilidad moral. El empleo deja de ser un indicador y se convierte en dignidad; el salario deja de ser un costo y se vuelve bienestar; la inversión deja de ser una cifra y se convierte en futuro compartido.

Por eso resulta importante decirlo con todas sus letras: lo que sí es ajeno a Nuevo León no es la transformación, es el individualismo extremo. Esa visión neoliberal que reduce todo al éxito personal, que mide el desarrollo solo en acumulación, que rompe el tejido social y que olvida que nadie sale adelante solo, sí es distante de nuestra identidad.

Aquí, en el norte, la historia es otra. Aquí hay cultura de esfuerzo, sí, pero también hay solidaridad; hay competencia, pero también hay comunidad; hay ambición, pero también hay responsabilidad moral. Y en estos días de Pascua, esa dimensión moral cobra una relevancia aún mayor. Porque los valores que recordamos, la cercanía, la humildad, el servicio, el compromiso con los demás, no son ajenos a la economía: son su base más profunda. Una economía sin ética se vuelve frágil; una economía sin comunidad se vuelve insostenible; una economía sin sentido social pierde legitimidad.

Por eso la 4T Norteña no solo es compatible con el industrialismo de Nuevo León: es la forma de actualizarlo, de proyectarlo hacia el futuro, de construir su segundo piso. No se trata de romper con nuestra historia, sino de elevarla. No se trata de elegir entre crecimiento o bienestar, sino de construir un modelo donde ambos avancen juntos. Un modelo donde el empresario tenga certeza, donde la inversión encuentre condiciones, donde la industria crezca, y donde, al mismo tiempo, cada familia vea mejoras reales en su calidad de vida. Eso es lo que ya está demostrando la 4T Norteña: que sí es aliada del crecimiento, que sí genera prosperidad y que sí la comparte con justicia.

Nuevo León no necesita dividirse entre modelos. Necesita reconocerse en lo mejor de su historia. Y lo mejor de su historia siempre ha sido esto: trabajo, comunidad, valores y un profundo sentido de responsabilidad social. Ese es el camino, siempre lo ha sido y nunca debimos alejarnos de él.

* El autor es Alcalde del Municipio de General Escobedo en Nuevo León, México, y Presidente de la Mesa de Coordinación Metropolitana, Sociedad y Gobierno en la Zona Metropolitana de esa entidad de la República Mexicana.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *