
Un cambio sustancial marcará el desarrollo del fútbol femenino internacional. La FIFA exigirá que las selecciones nacionales y clubes femeninos cuenten con al menos dos mujeres en sus cuerpos técnicos a partir de este año. Con la nueva normativa, será obligatorio que cada equipo incluya a una de ellas en el puesto de entrenadora principal o asistente.
La medida, aprobada por el Consejo de la FIFA, se implementará por primera vez en el Mundial Sub-20 femenino de septiembre en Polonia. Desde entonces, regirá para todas las competiciones organizadas por la FIFA, incluidas la Copa Mundial Femenina Sub-17, la Copa de Campeones Femenina y el Mundial que tendrá lugar en Brasil en 2027. La reglamentación también alcanza a los torneos de clubes bajo la órbita de la entidad.
La decisión de la FIFA busca revertir la limitada presencia de mujeres en cargos técnicos dentro del fútbol femenino. En la Copa Mundial de 2023, sólo 10 de las 32 selecciones participantes tenían a una mujer como entrenadora principal. Entre ellas figuró Sarina Wiegman al frente de Inglaterra, que alcanzó la final. No obstante, datos recientes muestran que varias de esas selecciones hoy están dirigidas por hombres, mientras que algunos países incorporaron a mujeres como entrenadoras, caso de Estados Unidos con Emma Hayes.

En la última edición del torneo, países como Argentina, Colombia, Francia, Haití, Marruecos y Filipinas no contaron con ninguna mujer en los cargos de entrenadora principal o asistente. El nuevo reglamento apunta a modificar este panorama de manera estructural.
La UEFA, por su parte, implementó una política semejante a partir de la temporada 2020-21. En el Campeonato Europeo Femenino, solo siete de los 16 equipos tenían entrenadora principal mujer, pero la normativa ya exigía que, en caso de entrenador hombre, hubiera al menos una asistente mujer en el banco. La FIFA busca replicar y ampliar este modelo a escala global.
Jill Ellis, directora general de fútbol de la FIFA, sostuvo que “simplemente no hay suficientes mujeres en el entrenamiento de hoy” y subrayó la necesidad de “acelerar el cambio creando vías más claras, ampliando las oportunidades y aumentando la visibilidad de las mujeres en nuestros banquillos”. Remarcó que la combinación de regulaciones y programas de desarrollo representa “una inversión importante tanto en la generación actual como futura de entrenadoras”.

Por su parte, Gianni Infantino, presidente de la FIFA, se refirió en un congreso reciente a la importancia de promover la presencia femenina en posiciones de liderazgo en el fútbol. Señaló que el fútbol debe abrir oportunidades laborales para mujeres y que “necesitamos más entrenadoras en equipos femeninos”.
Desde 2021, la FIFA apoyó a 795 entrenadoras en 73 asociaciones a través de becas de educación y capacitación. La entidad considera estos programas complementarios a la nueva normativa, con el objetivo de fortalecer la base de entrenadoras calificadas internacionalmente.
La disposición del Consejo de la FIFA define esta política como un paso clave para garantizar que el crecimiento del fútbol femenino venga acompañado de mayor equidad y representación en los puestos técnicos y de liderazgo. La expectativa es que la medida marque un antes y un después en la integración de mujeres en los cuerpos técnicos de selecciones y clubes femeninos a nivel mundial.
Incluso la diferencia salarial entre los entrenadores de las selecciones nacionales de Estados Unidos es notoria: Mauricio Pochettino recibió más de USD 5 millones entre salario y bonificaciones en siete meses, mientras que Emma Hayes, al frente del equipo femenino, percibió poco menos de USD 1,5 millones en el mismo periodo, según la declaración de impuestos de la Federación de Fútbol del país norteamericano. Esta brecha refleja que la equidad de género en el fútbol aún enfrenta retos importantes no solo en representación, sino también en términos de remuneración.

