El secreto de una vida larga podría estar en los vínculos y los hábitos, no solo en la genética

El secreto de una vida larga podría estar en los vínculos y los hábitos, no solo en la genética

Estudios recientes sugieren que las relaciones sociales sólidas y un entorno saludable son determinantes en una vida más larga (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las interrogantes sobre longevidad y bienestar cerebral han cobrado relevancia en el debate público, impulsadas por discusiones en espacios como el podcast Tengo un Plan, donde el nutriólogo deportivo Francis Holway ha analizado los factores clave que inciden en la esperanza de vida.

Holway ha desmitificado la fama de las zonas azules y ha destacado el peso de los vínculos sociales, el entorno y los hábitos cotidianos frente a prácticas que privilegian soluciones simplistas.

Diversos estudios recientes señalan que, más allá de la genética, factores como relaciones sociales sólidas, un entorno saludable, la alimentación adecuada y la práctica regular de ejercicio físico poseen un mayor impacto en la longevidad y el mantenimiento de la función cerebral. De acuerdo con Holway, existen líneas de investigación sobre suplementos como la creatina, aunque los resultados actuales son preliminares y requieren mayor validación.

La calidad de los vínculos sociales, el entorno y los hábitos cotidianos tienen un peso decisivo en la prolongación de la vida, según la evidencia científica disponible y la experiencia de especialistas consultados. La revista médica The Lancet ha publicado revisiones que refuerzan el rol de estos factores, situándolos por encima de la influencia genética aislada.

La evidencia científica destaca el rol crucial de los vínculos sociales en la prolongación de la vida y la salud mental (Imagen Ilustrativa Infobae)

“La calidad de los vínculos, como un círculo de amigos que te hacen reír, donde tienes conexiones profundas, te puede ayudar a la longevidad”, sostuvo Francis Holway en la entrevista en Tengo un Plan. El especialista indicó que las investigaciones sobre zonas azules —regiones reconocidas por la alta esperanza de vida de sus habitantes— refuerzan la importancia del ambiente social para vivir más años.

Holway advirtió, no obstante, que la fiabilidad de algunos estudios sobre longevidad ha sido cuestionada por errores en la recolección de datos, lo que obliga a examinar estos casos con escepticismo.

La fiabilidad de los estudios sobre longevidad

El especialista detalló que, en ocasiones, ciertos lugares adquieren notoriedad por su alta esperanza de vida debido a fallas estadísticas. “Hace unos años, el secreto de longevidad era una zona de Bulgaria. Luego descubrieron que en esa zona todos habían mentido en la fecha de nacimiento para evitar el servicio militar”, relató Holway durante su intervención en Tengo un Plan.

Agregó que “tenían todos 20 años menos de lo que decía el documento”, ilustrando cómo estos episodios evidencian fallas en la obtención de datos confiables.

La influencia del entorno y la pertenencia a una comunidad está científicamente respaldada en relación con la salud y la longevidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

No obstante, Holway remarcó que la ciencia sí respalda la influencia positiva del entorno y la comunidad sobre la salud. “Tu grupo social y sistema de pertenencia, la comunidad, son determinantes”, afirmó el nutriólogo deportivo.

Las observaciones de Holway invitan a una postura crítica respecto a las zonas azules, reconociendo que la genética no es la única variable relevante para la longevidad.

Hábitos y ambiente: influencia en la salud cerebral

Según Holway, el ambiente y los hábitos saludables cotidianos impactan de forma decisiva en la salud, por encima de las intervenciones tecnológicas. “La base de la pirámide son estos aspectos de nutrición, ejercicio, ambiente social y calidad de vida, naturaleza, el lugar”, explicó.

El especialista insistió en que los entornos negativos, como la exposición al monóxido de carbono, gases tóxicos o radiación, pueden afectar gravemente la calidad de vida. “Si salir a la calle te estresa, si estás respirando monóxido de carbono, gases dañinos o en contacto con mucha radiación, todo eso, por supuesto, influye”, indicó Holway.

Durante la charla, el nutriólogo mencionó que la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) aprobó uno de los primeros estudios de intervención en humanos para rejuvenecer tejidos o células, un avance relevante para quienes buscan estrategias para prolongar la vida.

Avances científicos y creatina en función cerebral

La creatina gana relevancia en investigaciones actuales por sus posibles beneficios para la función cerebral (Imagen Ilustrativa Infobae)

Holway subrayó la aparición de evidencia sobre el papel de la creatina en la función cerebral. “Sigue saliendo evidencia de los beneficios de la creatina en función cerebral”, afirmó, aunque advirtió que los estudios actuales carecen de pruebas estandarizadas, lo que dificulta llegar a conclusiones firmes.

En la entrevista en Tengo un Plan, señaló que la creatina ha sido objeto de análisis para el tratamiento de contusiones cerebrales, especialmente en deportes de contacto. “Entrevisté a un doctor en la Universidad de Cincinnati que estudia este tema en fútbol americano. Se descubrió que el uso de creatina ayuda a recomponer o minimizar este daño”, explicó Holway.

Aunque las investigaciones continúan en etapas iniciales, este contexto ofrece un posible camino para la prevención y el tratamiento de lesiones cerebrales causadas por impactos.

Prevención de enfermedades neurodegenerativas y rol de los hábitos

Durante la conversación, Holway recalcó que la genética solo explica parte del riesgo de enfermedades neurodegenerativas, mientras que las decisiones diarias también desempeñan un papel central. “La genética tiene que ver, por supuesto, pero la epigenética, lo que hacemos también”, sostuvo.

Recomendó evitar fumar tabaco y marihuana, abstenerse de consumir drogas recreativas y no excederse con el alcohol ni con la comida ultraprocesada. Detalló además que no todos los ultraprocesados son nocivos, pero aquellos con alta densidad calórica y sabor estimulan el consumo excesivo y afectan la salud vascular cerebral. “Por cada gramo de comida ultraprocesada, ultrapalatable, tienes cuatro o cinco calorías; la combinación de grasa con azúcar o sal invita a comer mucho más”, expresó Holway en Tengo un Plan.

Combinar una alimentación de baja densidad calórica y ejercicio intenso fortalece la prevención contra problemas de salud en la adultez (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las arterias que riegan el cerebro pueden verse afectadas por un consumo excesivo de alimentos de alta densidad calórica y la falta de ejercicio, advirtió el especialista.

Alimentación, ejercicio y salud mental: claves para envejecer mejor

En cuanto a la alimentación, Holway indicó que existen grandes diferencias en la densidad calórica: “Un plátano tiene 0,9 calorías por gramo porque tiene mucha agua y fibra, pero la comida rápida, la bollería o el chicharrón pueden tener hasta cinco calorías por gramo”, explicó.

Sobre la actividad física, recomendó ejercitarse con intensidad elevada, destacando que los sprints y los esfuerzos vigorosos pueden ofrecer protección adicional: “El ejercicio físico de alta intensidad, como los sprints, eleva mucho las pulsaciones y puede tener un efecto preventivo”.

El entrenamiento de alta intensidad, que implica un aumento marcado de la frecuencia cardíaca, aparece como una herramienta prometedora para reducir el riesgo de enfermedades complejas en la adultez.

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