
La semana pasada, una importante operación policial activada por el núcleo de combate a los delitos cibernéticos del Ministerio Público de Río de Janeiro (Cybergaeco RJ) y bautizada Shadowgun llevó al arresto, dándole finalmente un rostro, de uno de los más famosos diseñadores de armas 3D del momento a nivel global. Conocido como Zé Carioca o Joseph the Parrot, en homenaje al dibujo animado de Disney, se trata en realidad de Lucas Alexandre Flaneto de Queiroz, de 26 años, nacido en Duque de Caxias, en el estado de Río de Janeiro, y residente en el de Espírito Santo.
El joven estudiante de ingeniería fue arrestado en Rio das Pedras, en el estado de San Pablo. Según la denuncia del Cybergaeco de Río de Janeiro a la que Infobae tuvo acceso, Zé Carioca está acusado de ser el líder de una red criminal que utilizaba internet para diseñar, promover y vender archivos digitales que contenían modelos de armas 3D, manuales de ensamblaje y componentes de armas 3D, permitiendo a cualquiera producir ilegalmente armamento difícilmente rastreable. La falta de números de serie y la accesibilidad de las tecnologías de impresión hacen que estas armas sean particularmente peligrosas para la seguridad pública. En particular, los magistrados lograron rastrear en el sitio de comercio electrónico Mercado Livre 46 ventas hacia muchos estados de Brasil de componentes de armas 3D, entre ellos cargadores de alta capacidad para pistolas Glock, es decir, muy letales porque están diseñados para contener un elevado número de proyectiles. Otros anuncios fueron encontrados por los investigadores en el sitio de Zé Carioca y en sitios internacionales y en la dark web.
Según las investigaciones de la justicia brasileña, alertada por la agencia federal estadounidense Homeland Security Investigations (HSI), que también se ocupa de delitos cibernéticos, Zé Carioca habría utilizado criptomonedas para financiar sus actividades e incluso habría recibido fondos para participar en eventos en el extranjero, donde habría presentado el proyecto del arma 3D por el que se hizo famoso, el Urutau, usando un pasamontañas para ocultar su identidad. En particular, su grupo utilizaba Monero (XMR), una moneda digital no rastreable que garantiza el anonimato.
“El arresto de Zé Carioca envía una onda de choque en la escena global de las armas impresas en 3D, actuando tanto como un revés como un catalizador ideológico”, explica a Infobae Zoltán Füredi, fundador y CEO de Deep Layer Lab, una empresa especializada en seguridad e inteligencia y uno de los mayores expertos en armas 3D. Según el experto, a corto plazo el impacto podría ser disruptivo porque se crea un vacío en el liderazgo técnico y en la distribución. “Además, el desenmascaramiento exitoso de un desarrollador que utilizaba medidas de seguridad operativa —VPN, mensajería cifrada y Monero— ha generado una ola de paranoia en el submundo digital. Sirve como un claro recordatorio de que incluso los ‘fantasmas’ digitales dejan huellas, obligando a muchos en la escena a reorganizarse o a bajar su perfil”, dice Füredi a Infobae.
Füredi también alerta sobre la posibilidad de que esta operación eleve al joven brasileño a ídolo político. “Como los diseñadores que lo precedieron, en particular JStark1809, Zé Carioca ya es presentado por sus seguidores como un mártir de los derechos naturales y una víctima del exceso de poder estatal”, dice Füredi. “Con la salida de escena de Zé Carioca, el entorno pierde su voz sudamericana más relevante. Sin embargo, el vacío ya está siendo llenado por una nueva generación de proyectos provenientes de Estados Unidos, como la Nutty 9, la Decker y la Not-a-Glock. En definitiva, la naturaleza del desarrollo open source garantiza que, aunque el diseñador termine tras las rejas, el diseño en sí permanece inmortal”, concluye Füredi.
Las investigaciones en Brasil también mostraron que algunos compradores de la organización dirigida por Zé Carioca tenían antecedentes penales y posibles conexiones con milicias y grupos de narcotráfico en Río de Janeiro, lo que demuestra el riesgo real de que estas tecnologías se infiltren en el crimen organizado. “También en Río de Janeiro se ha constatado el uso de armas impresas en 3D por parte de organizaciones y facciones criminales, con un número creciente de incautaciones de armas ficticias a individuos pertenecientes al Comando Vermelho. Armas con características similares al Urutau han sido incautadas recientemente, lo que demuestra que la criminalidad local ya utiliza esta práctica”, se lee en la denuncia, que también menciona el manual de más de 100 páginas escrito por Zé Carioca para enseñar a producir el Urutau, manual difundido también en canales yihadistas, según los fiscales.
En su texto también se cita el manifiesto político del brasileño, titulado “La nueva Segunda Enmienda”, que defiende el derecho absoluto a portar armas como garantía de la libertad individual. Según el Cybergaeco de Río de Janeiro, el grupo criminal “estructurado” liderado por Zé Carioca estaba compuesto también por otras cuatro personas, entre ellas Vinicius Soriano Hernandes, conocido internacionalmente como Sandmann. “La importancia de Sandmann, como miembro de la organización criminal, reside sobre todo en su papel como divulgador de conocimientos prácticos, siendo responsable de resaltar la claridad de los manuales, explicar las etapas de ensamblaje del Urutau y acercar el contenido técnico a la comunidad de entusiastas. Se consolidó así como un eslabón fundamental entre la creación del prototipo y su difusión pública”, sostiene el fiscal.

Según datos del Foro Brasileño de Seguridad Pública, Brasil registra cada año decenas de miles de muertes violentas intencionales, gran parte de ellas perpetradas con armas de fuego. Incluso el 47% de los feminicidios en 2024, según un reciente informe del Instituto Sou da Paz, fueron cometidos con armas de fuego. La proliferación de armas ilegales es, por tanto, un motor directo de esta escalada de violencia que afecta a la sociedad brasileña. “Los imputados, al producir y vender armas de fuego no registradas, utilizando la tecnología de impresión 3D para eludir los mecanismos de control estatal, contribuyen de manera directa y relevante al agravamiento de este escenario de inseguridad. Tales armas, completamente fuera de cualquier registro o trazabilidad, se convierten en instrumentos ideales para la comisión de graves delitos, haciendo imposible su identificación balística y obstaculizando notablemente el trabajo investigativo de las fuerzas del orden”, se lee en la denuncia de la fiscalía de Río de Janeiro.
Brasil se enfrenta a un fenómeno nuevo, que, sin embargo, no nació de manera homogénea. “Las armas producidas fuera de los canales legales y sin registro (privately made firearms – PMF en inglés) están creciendo en múltiples frentes y con perfiles distintos”, explica a Infobae Bruno Langeani, consultor sénior del Instituto Sou da Paz. Según el experto, si la categoría más tradicional, la de las armas artesanales más rudimentarias, siempre ha existido en Brasil, lo que cambia hoy es el nivel de sofisticación y la escala del fenómeno. “Por un lado, tenemos las armas impresas en polímero mediante manufactura aditiva, accesibles a cualquiera que disponga de una impresora doméstica de bajo costo y de modelos obtenidos en línea, como en el caso de la operación Shadowgun. Por otro lado, hay producciones más avanzadas hechas con máquinas CNC o control numérico computarizado. Estas máquinas trabajan el metal con mucha precisión y permiten una producción a medio nivel industrial, especialmente de fusiles, cuyo principal mercado ha sido desde el principio el crimen organizado”, dice Langeani a Infobae.
En 2023, la operación War Dogs descubrió en Belo Horizonte, en el estado de Minas Gerais, una fábrica clandestina con maquinaria CNC para la producción de armas, siguiendo instrucciones precisas generadas por un computador, luego vendidas a organizaciones criminales, incluidos narcotraficantes y milicias.
En cuanto a las armas 3D, según el monitoreo del Instituto Sou da Paz, entre 2020 y 2023 las incautaciones eran pocas y estaban concentradas en el sur de Brasil, asociadas a células neonazis. “A partir de 2024, sin embargo, el perfil cambió. Las fuerzas policiales reportan incautaciones ligadas a la criminalidad común y al tráfico de drogas, y la operación ShadowGun reveló incluso el suministro de componentes a milicias. Lo que comenzó como un fenómeno ideológico de extrema derecha se ha desplazado progresivamente hacia el mercado criminal más amplio”, dice Langeani a Infobae. Según el experto, por ahora las armas 3D en polímero no sustituyen a las convencionales en el arsenal del crimen organizado brasileño. “El tráfico sigue dependiendo de armas industriales, a menudo desviadas de propietarios legales como los CAC, es decir, coleccionistas, tiradores deportivos y cazadores, o contrabandeadas desde el extranjero. El verdadero riesgo de transición está en las máquinas CNC, que ya permiten la producción de fusiles en cantidad y con alta calidad, un umbral que el crimen organizado ya ha cruzado de hecho”.
En cuanto a las armas industriales, las principales fuentes del tráfico internacional siguen siendo las históricas, con Paraguay y Estados Unidos ocupando una posición predominante. “Incluso cuando se trata de armas europeas o provenientes de otras regiones, estas suelen hacer escala en uno de estos dos países antes de ser introducidas ilegalmente en Brasil. También existen muchos rumores sobre armas procedentes de Venezuela, pero hasta ahora las incautaciones efectivas son limitadas”, dice Langeani.
Algunas armas venezolanas han sido encontradas en Río de Janeiro. Precisamente para combatir mejor el tráfico de armas, el martes el gobierno brasileño instituyó oficialmente la Red Nacional para el Enfrentamiento al Tráfico de Armas, Municiones y Explosivos, la Renarme, coordinada por el Ministerio de Justicia y Seguridad Pública, con el objetivo de fortalecer la lucha contra la circulación ilegal de armamento. La nueva estructura prevé una mayor integración entre fuerzas de seguridad federales y estatales mediante el intercambio de datos, operaciones conjuntas y el refuerzo de las actividades de inteligencia. Entre los principales objetivos se encuentran la mejora de las investigaciones, la formación de los operadores y una mayor cooperación también con el sector privado. La red no modifica la autonomía de las instituciones participantes, sino que busca hacer más eficaz la lucha contra el tráfico de armas y el crimen organizado mediante la coordinación y el intercambio de información.

